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Jesús Ángel. English Esperanto

La Federacion, o La Almirante y yo.

El libro del año. 1 La Federación. 2 Umú.

Introducción.

Desde hace unos años ofrezco la lectura gratuita de mis novelas en tres idiomas, una después de otra y capítulo a capítulo, en esta misma página. Desde el principio de este año 2019 estamos leyendo La Federación, el penúltimo libro que he publicado. Pero al ser tan breve, terminé de traducirlo y pubicarlo en dos meses, por lo que ahora comienzo a la misma labor con el segundo volumen de mi Trilogía de la prostitución, que es una obra bastante más larga que la anterior.

  Como de costumbre, el procedimiento consiste en publicar un nuevo capítulo cada pocos días en español, inglés y Esperanto, y dejarlo a su disposición para lectura gratuita durate el resto del año. El libro anterior, La Federación, también lo estará hasta el 1 de enero de 2020, si bien la versión en Esperanto a su libre disposición sine die.

Si puede usted leer la bella Lengua Internacional, podrá leer gratuitamente toda mi obra, a medida que la vaya traduciendo. Si no lo sabe, pero quiere aprenderlo, puede pedir información a la Federación Española de Esperanto. Ellos le podrán indicar la forma de aprenderlo de forma rápida, barata y eficaz.

Hasta ahora hemos leído:    English Esperanto

  1. Un cuento infantil, o El soldado y la bruja (Julio 2016).
  2. El pecado del talibán, o La triste vida de Abdul Saleh. (Agosto 2016)
  3. Amén, o Desde el otro lado, o Lo que nunca os diré. (Septiembre 2016)
  4. La psicóloga (Octubre 2016).
  5. Abuelo y nieto (Noviembre 2016).
  6. El año que fui mujer (Diciembre 2016).
  7. La cronista, o Los amos del tiempo (2017).
  8. El libro de las crónicas angélicas y las anécdotas angélicas (2018).
  9. La Federación (2019, publicado el 25 de febrero).
  10. Umú, la hetaira de ébano (este libro). Versión completa en Amazon en español e inglés.


Umú,
la hetaira
de ébano
por Jesús Ángel

IIº volumen de la
Trilogía de la Prostitución


Este libro está dedicado a toda mujer que haya considerado, al   menos una vez en su vida, dedicarse al oficio de hetaira. En  las  páginas que siguen bien podría averiguar su
qué habría sido si…

También quede como tributo a Stephen Crane y Alejandro Dumas, cuyas Maggie, una chica de la calle y La Dama de las Camelias me dieron inspiración para escribir este libro.


© 2019 de Jesús Ángel. Prohibida la copia total o parcial de esta obra sin el permiso escrito previo del autor.

Este es el índice, que contiene el enlace a cada capítulo:

Sumario: Klaku por esperanta versio. Click for English version.

  1. Escape:
    1. Carne de patera.
    2. La llegada.
    3. Mediterráneo.
    4. Señora de su casa.
    5. El principio.
    6. Gustavo y las visitadoras.
    7. Contrastes.
    8. La visita.
    9. El contrato.
    10. Problemas.
    11. Las luces rojas.
    12. Viaje a la mente de Umú. (Se puede leer en inglés).
    13. La mecanógrafa.
  2. ¡Vuelta a casa!:
    1. El viaje.
    2. Bemba habla claro.
    3. La traición.
    4. Secuelas.
  3. Rosa y Senda:
    1. Charla con la abuela.
    2. Tormenta de ideas.
    3. La noticia.
    4. La crisálida se convierte en mariposa.
    5. La última cena.
    6. La jubilación.
    7. La buena leche.
  4. El bebé de Senda.
  5. La profesora de Lengua Española.
  6. El fin.
  7. Bibliografía.

1 Escape. Klaku por esperanta versio. Click for English version.

Este es Mali Umú nació en Malí. Había llegado en patera a la playa de Nares, en Puerto de Mazarrón, Murcia, España, y en cuanto puso el pie en su Tierra Prometida comenzó a caminar día y noche hasta que ya no pudo más, y se desplomó en un campo. Mientras caminaba se había alimentado de la fruta que encontraba por el camino, insectos, saltamontes, hierba, lo que encontraba en los contenedores de basura de casas aisladas y pequeños pueblos a los que se atrevía a acercarse durante la noche; pero a pesar de ello iba perdiendo peso de día en día. Hasta que cayó al suelo. Eran las diez de la mañana en un día soleado de verano.

2 Carne de patera. Klaku por esperanta versio. Click for English version.

¿Cómo Paterahabía llegado allí? ¿No estaría ella mejor en su pueblo, con su familia, sus amigos, en lugar de escapar sin rumbo de todo lo que tenía, sus parientes, hermanos y hermanas? El mundo está lleno de lobos, como su madre solía decirle, que estaban siempre preparados para comerse a las ovejitas como ella, una jovencita que no estaba preparada para vida y que nunca había visto más que a sus padres y hermanos, a veces a algunos vecinos. Siempre sus mayores. Y ellos cuidaban de ella.

Era la novia de Ramadán, el hombre más rico de la zona. Era mayor que ella, pues ya tenía treinta años, y ella sólo doce. Pero ella le tenía miedo. Pensaba que todo el pueblo le pertenecía, y que algún día le pertenecería a ella también, según su madre. Si podía controlar su carácter, claro.

Pero Umú sabía que el mundo era mucho mayor que su aldea. Y aunque no sabía qué quería, sí que sabía qué no quería. Y no quería estar con ese hombre, parirle hijos y cuidarlos toda su vida. Sería una vida miserable.

Sí, según su hermano era una ventaja ser mujer, aunque hubiese desventajas también. Pero ¿qué podían hacer? Eso es lo que había desde el principio de los tiempos, y ellos nada podrían hacer para cambiarlo.

Pero ella no estaba de acuerdo. Poco a poco fue urdiendo un plan de escape, aunque no sabía a dónde podía ir.

Hacia el sol, había oído decir a un amigo de su padre una vez, están los países del frío. No necesitan trabajar la tierra, y si lo hacen, usan máquinas para eso. Allí todo el mundo come todos los días, y el gobierno cuida de la gente.

Pues iré a La Tierra del Sol, se dijo a sí misma. Me iré a donde está el Sol, o moriré por el camino.

Seis meses después su mamá la llamó aparte para que sus hermanitas no las oyeran, y le dijo que se preparara, que todo estaba listo para El Gran Día. Porque al siguiente ya sería mujer, según los ritos de su tribu. Aquella tarde estuvo nerviosa y abstraída. Recordaba lo que Sira le había dicho.

Sira era un poco mayor que ella. Alrededor de un año antes la habían hecho mujer, también. Pero no había sido como ellas dos habían imaginado: la habían llevado al desierto, a un lugar donde no había nadie. Allí su madre la había sujetado mientras otra mujer, de otra tribu, le había levantado el vestido y le había hecho mucho daño entre las piernas. Había sangrado mucho. Se había desmayado. Mientras la traían de vuelta al pueblo, lloraba y sangraba mucho, y cuando se pudo tocar de nuevo notó que le faltaba algo allí. Lo tenía mucho más pequeño y le fue mucho más difícil orinar y tener la menstruación. Y ahora era su turno, el turno de Umú. Pero ella prefería morir antes que pasar por eso. Se sintió muy mal, muy desgraciada. Visitó a Sira, que le dijo que ya se sentía bien otra vez. Lo peor habían sido los tres primeros meses después de aquello, pero ahora ya estaba bien. Umú volvió a casa y le dijo a su mamá que estaba cansada, y se fue a dormir.

Al día siguiente, antes de levantarse el Sol, cuando nadie se había despertado todavía, se deslizó fuera de su casa. Abrió la puerta sin ruido y empezó a caminar. A mediodía ya estaba en un lugar que no conocía, siempre siguiendo al Sol. Al segundo día ya no comprendía lo que la gente decía, pero siguió caminando, siempre en pos de la estrella. Comía lo que podía.

Hasta que, después de muchos días, encontró el mar. Nunca lo había visto. Allí conoció mucha gente que quería ir también a La Tierra del Sol. La llamaban Europa, La Tierra Prometida. El sitio en que todo el mundo es feliz. Había allí una playa enorme donde se construían muchos barcos grandes de madera. Preguntó y le dijeron que aquellos barcos iban a ir a Europa. Pero tenía que pagar mucho dinero por el pasaje. No lo tenía, pero alguien le dijo que tenía un cuerpo muy bonito y era joven y fuerte. Seguramente podría conseguir un trabajo para ganar el dinero que necesitaba para su billete al Paraíso Europeo.

pastoresPero el trabajo no era lavar platos o cuidar niños, sino irse a la cama y permitir que aquellos hombres horribles, desdentados, viejos y asquerosos, le hicieran cosas. La primera vez no pudo comprender lo que él le decía, pero el hombre le dio unos cuantos billetes y le subió el vestido. No tenía nada de dinero, así que le dejó hacer. Se acordó de Sira cuando sintió el dolor entre las piernas. Gritó mucho porque le dolía, y cuando el hombre terminó había mucha sangre. Él se asustó mucho, también, y le dio más dinero. Ella dejó de llorar. Cuando el hombre ya se había ido, se tocó y descubrió que no era más pequeño, sino más grande, y el dolor ya no era tan grande, casi había desaparecido. Fue al wáter y orinó con facilidad. Vio que había una ducha, jabón y toallas, y se dio el primer baño en varios meses. Luego se fue a la cama y durmió hasta el medio día.

Durante los meses siguientes aprendió el idioma que se hablaba en aquel país, francés, y sus condiciones de trabajo mejoraron mucho: los hombres pagaban la habitación, y también le daban dinero, de modo que ella podía ducharse y dormir en el hotel todos los días.

3 La llegada. Klaku por esperanta versio. Click for English version.

El perro Brusco. A las dos de la tarde sintió algo húmedo en la cara. Abrió los ojos y vio un perro enorme que le saludaba con la lengua, en la manera en que los perros saludan a la gente. Antes de que pudiera entrar en pánico, oyó la voz de un hombre:

El dueño del perro y de la voz, un sujeto de cincuenta años casi calvo y con la mitad del pelo restante, detrás de las orejas, totalmente blanco, se acercó a la maliense asustada y desfallecida. Se dio cuenta inmediatamente que no se podía poner en pie, ni siquiera moverse. La evidente desgracia de la joven le tocó el corazón, y tomándola en brazos, la metió en su casa. Le sorprendió que pesase tan poco, apenas treinta kilos, a pesar de que medía más de un metro sesenta.

La esposa de Eufemio pensó en un accidente:

Quince días después ya había recuperado algo del peso que se había ido dejando por el camino, y también había aprendido algo de español, lo suficiente para que ellos supieran que se trataba de una inmigrante ilegal que no tenía papeles, sino un gran miedo a volver a su país. No les podía decir todavía, porque su dominio del idioma todavía no era suficiente, que había escapado de su tierra, de sus padres, de su novio, de su vida toda, porque querían mutilarla, querían hacerle la ablación, y para evitar el infierno había sufrido otro, quizá peor. Había cruzado un desierto y comprado un asiento en un navío con su cuerpo en Mauritania, y luego en una barquita en alta mar hasta la costa, y desde que puso el pie en tierra no había dejado de caminar hasta que había llegado allí, cerca de un pueblecito de Cáceres llamado Torrequemada.

Eufemio debería haberle dicho a la Guardia Civil que había dado cobijo a una inmigrante ilegal de África por error, para ahorrarse un problema serio, pero él era un hombre que le hacía honor a su nombre, y sus convicciones religiosas le impelían a ser un buen samaritano hasta el final con ella: le dio un trabajo a Umú. No era la primera en emplear: cerca de su casa había un barracón donde dormían otros diez inmigrantes de diversos países: seis hombres y cuatro mujeres. Umú sería la décimo primera. Durante el día, desde el amanecer hasta la puesta de sol, recogían fresas, vigilaban el campo, echaban a los pájaros del sembrado, y daban la voz de alarma para salir corriendo y ocultarse cada vez que veían movimiento en la carretera de Torrequemada, pues todos llevaban un silbato colgando del cuello para avisar.

Elvira no estaba de acuerdo con la forma en que su marido explotaba a los inmigrantes:

Elvira callaba. Estaba harta de que su marido siempre hallase la forma de darle la vuelta a lo que ella decía para salirse siempre con la suya. Y sí explotaba a aquellos desgraciados. Trabajaban todo el día a cambio de sólo un plato de comida a medio día y otro por la noche. Y al final del mes cada uno recibía sesenta euros. ¡Dos cochinos euros al día! Así habían devuelto aquella granja a la vida cuando ya estaba a punto de desaparecer, sólo hacía unos meses, cuando Dimitri y Tania aparecieron huyendo de la policía francesa, que casi los había pillado. Temían a la policía francesa y a todo lo que se le pareciera. Después habían llegado otros ocho inmigrantes, que por fin pudieron respirar tranquilos cuando vieron que tenían un trabajo en lugar de una denuncia a la policía.

Con todo, Eufemio era buena persona: los cuidaba de verdad, les hablaba mucho, y así, poco a poco, pudieron aprender español. Algunos de ellos se iban con el tiempo, e intentaban otros trabajos. A veces la policía los pillaba y los enviaban de vuelta a sus países, aunque algunos más afortunados conseguían los papeles de residencia y con el tiempo la nacionalidad española.

4 Mediterráneo. Klaku por esperanta versio. Click for English version.

Recogiendo fresas. Tras unos meses en la granja, también Umú aprendió hablar español con relativa corrección. Por eso pudo hablar con los demás, que tenían otros idiomas diferentes al suyo. Por eso una joven ucraniana un día le pudo hacer una extraña propuesta:

Recordaba las cosas terribles que tuvo que hacer para poder comer, dormir en un lugar sucio lleno de insectos, pero que por lo menos la protegía del viento y la lluvia, y conseguir el dinero que aquellos hijos de puta exigían para llevarla a Europa en barcos que nunca pasarían la inspección de autoridad competente alguna.

Umú no pudo evitar recordar sus experiencias traumáticas en Mauritania. Su primer cliente la había desflorado. Se había asustado y le dio mucho más dinero del que ella esperaba. Entonces había sonreído al pensamiento de que aquel dolor era mucho más ligero que el que su familia le quería hacer con la excisión. Mientras había estado en la granja de Eufemio, algunos hombres le habían propuesto sexo a ella, primero gratis, y luego le habían ofrecido dinero. Finalmente había aceptado a cambio de €50, el sueldo de 25 días. Cuando eres pobre, la dignidad, honestidad y vergüenza importan menos que comer todos los días. Cincuenta euros era su precio, y ella lo había hecho por lealtad a sí misma, para dejar el agujero en que se escondía, aunque se tratase del menos penoso de los había sufrido en toda su vida. Pensaba y comprendía, a su propia manera, que su cultura era el primero y peor agujero del que se había escapado. Para hacerlo había tenido que adaptarse a en otros agujeros cada vez mayores, que le habían dado más espacio cada vez: su gran escapada sin destino hacia el norte, siempre al norte, encontrándose nuevas culturas, irrumpiendo en otros idiomas hasta que llegó a Mauritania, donde estaban las mafias organizadas. Allí le habían hablado por primera vez de Europa, La Tierra Prometida, donde la gente era rica porque les pagaban mucho por sólo un poco de trabajo, y por eso quiso ir allí. Pero no tenía plan. Sólo ir hacia el norte, y una vez en el norte, escogería la mejor opción. La primera había sido caminar. Caminar mucho sin parar por ninguna razón. No quería volver al sur. No quería ver a su familia de nuevo. No volvería a su país porque la mutilarían, y podría morir. Estaba muy asustada. Escapó cuando aún era una niña, y ahora era una mujer, pero ese miedo irracional se había enraizado en lo más profundo de su cerebro.

¡Media España en un día!, se dijo con asombro. Había tardado mucho más en llegar a Cáceres, aunque había sido sin rumbo, a pie, yendo siempre hacia el norte… Pero cuando aprendió el idioma, comprendió lo que le dijo Eufemio, que lo que ella pensaba que era el norte, en realidad era el noroeste, y por eso no había muerto de frío en Soria o Aragón, al llegar en su lugar a Extremadura, donde el clima es más agradable. Parecía que un buen tótem la protegía.

Una vez al día, se repitió. En Mauritania tuvo más de diez clientes al día durante tres años. Casi once mil veces en total. Así pudo conseguir la fortuna que aquella gentuza le exigía por un asiento cochambroso en un barco atestado de piojos y ratas, y luego en una cáscara de nuez hecha a mano que servía sólo para un viaje de ida, y luego dejaban abandonado en la playa a merced de las olas, cuando todos saltaban a tierra tan pronto como podían, y ya nadie se preocupaba por ella.

Al silencio expectante de Umú, Alona continuó:

Como si fuéramos la familia, se repitió. Una familia de tres hermanas. Era como un sueño: lo que nunca había tenido, ya que lo que dejó en Malí no se podía considerar una familia… La gente que te quiere hacer daño en el nombre de una tradición estúpida no es tu familia.

5 Señora de su casa. Klaku por esperanta versio. Click for English version.

El plan no podía ser mejor. Tenían una amiga con los papeles en regla, que había pensado en todo con antelación. Lo malo era que no podía fiarse mucho de esa Merilú que no había conocido todavía. Y tampoco conocía mucho a Alona. Estaba en lo de Eufemio cuando ella llegó. La vojaĝo. Era una chica silenciosa, tranquila. Era una rubia de piel muy blanca que miraba a todos con desconfianza. Pero pronto notó una corriente de buenos sentimientos entre ellas dos. Quizá la rubia vio en ella a una chica aún más desvalida que ella misma. Al principio no podían hablar, porque Umú no comprendía el idioma, pero a medida que lo iba aprendiendo, la ucraniana comenzó a admirar a la negra, porque aprendía muy deprisa. Pronto supo más español que ella, y tras unas semanas ya lo hablaba con más destreza que todos los inmigrantes de la granja, que llevaban mucho más tiempo en el país. Umú era como una esponja, pues absorbía cada palabra nueva que oía.

Su mayor ventaja era que tenía muy poco que perder. Quizá la policía podría averiguar que ella no tenía papeles. En ese caso podrían echarla del país, pero volvería. O se iría a otro país. Cualquier cosa menos volver a Malí. Tenía miedo de África. Había decidido no volver allí en su vida.

Aquella noche Umú no pudo dormir. Se levantaron muy temprano y fueron a decir adiós a Eufemio y Elvira. Les dijeron que habían encontrado trabajo en Madrid, pero no les dieron detalles. Elvira se alegró mucho por ellas. Ya no las va a explotar nadie más, pensó. Iban a ser sirvientas. El marido, menos ingenuo, sospechó que iban a trabajar de putas; pero no había nada que él pudiera hacer para impedirlo, y tampoco lo intentaría, aunque pudiera:

Así que a las diez de la mañana, Merilú llegó a la granja en su SEAT Ibiza blanco. Las recogió con su pequeño equipaje: apenas una maleta pequeña para las dos. Un par de piezas de ropa interior y un vestido cada una, además del que llevaban puesto. No vestían harapos, pero sí modestamente. Y un abrigo grueso cada una. De ese modo, sin mirar hacia atrás ni una vez, las tres partieron hacia el Levante Español, la parte de España donde se levanta el Sol antes que en el resto. Umú nunca miró hacia atrás. Siempre atenta, observaba lo que se le ofrecía enfrente, dispuesta a evitar todo peligro.

Cuando rodeaban una ciudad de la provincia de Toledo, Quintanar de la Orden, un guardia civil de tráfico las detuvo. Umú se puso muy nerviosa, pero no dijo nada. Ni siquiera se movió. Iba en el asiento de atrás. Por lo visto Merilú había sobrepasado el límite de velocidad, porque iba a 90 donde debería ir a 60 kilómetros por hora. El guardia, muy joven, le pidió la documentación con mucha cortesía, y Merilú le dio su licencia de conducir con una sonrisa. El joven la riñó de una manera paternal por ir tan rápido, y ella le dijo, con una sonrisa de desvalimiento, que no se había dado cuenta, pero que no lo haría más. Al guardia le hizo gracia su cara de niña pequeña pillada en falta por una travesura, y le sonrió al devolverle el permiso de conducir, diciéndole que no la iba a multar esta vez, pero que tenía que tener cuidado porque tenía otras dos vidas en la punta de sus dedos. Y entonces las dejó ir. Las chicas no se lo creían. Nunca un policía había sido tan humano con ellas, tan comprensivo, tan agradable.

Tras un viaje de doce horas con tres paradas por el camino, por fin llegaron a Alicante. Tras consultar el mapa un par de veces, finalmente llegaron al apartamento que habían alquilado en la calle Maisonnave, muy cerca de El Corte Inglés, los famosos grandes almacenes. Estaban en pleno centro comercial de la ciudad, justo al lado del centro histórico.

El apartamento era realmente un ático de doscientos metros cuadrados, con cinco habitaciones, de las que usarían sólo tres. Umú nunca había tenido todo un dormitorio para ella sola, y eso la hizo muy feliz. Era todo un lujo, de verdad, para ella. No lo podía creer. Para las dos ucranianas aquello era como volver a su modo de vida antiguo, cuando las cosas estaban bien en su país. Habían tenido una habitación privada antes, en casa de sus padres, aunque con menos lujo que ahora, aunque nunca habían tenido cuarto de aseo en el dormitorio, como en este apartamento tan fantástico. Pero para Umú, que había crecido en una familia numerosa, aquello era un sueño que nunca había visto. Allí, en su casa de Malí, había tenido que ir a hacer sus necesidades en pleno campo, al aire libre, y la higiene personal se hacía en el río, de la mejor manera que se te ocurría, porque nadie hablaba de eso y por lo tanto nadie enseñaba a nadie a hacerlo, y el resultado era que nadie lo hacía bien. Por eso había tanta mortalidad infantil. Por eso le invadió un grato sentimiento de sentirse persona por primera vez en su vida; sentía que ahora ella era importante. Más que ser la esposa del hombre más rico del pueblo. Y seguía completa, no mutilada. Aquel apartamento era como el Castillo de Blancanieves para ella, La Belleza de Ébano. En aquel momento se quiso mucho, se sintió orgullosa de haberse ido del infierno.

Aquí estaba ella, en el Sur del país más occidental y sureño de Europa, dispuesta a ganarse el pan de cada día. Con la ayuda de su buen tótem, que debía estar cerca de ella, ayudándola por fin. Umú lo sentía despierto de su largo letargo, y por fin decidido a echarle una mano. Y se sintió muy fácil, muy cómoda con él. Tanto, que le puso nombre: Abenat, el que da buen ejemplo.

Pero las cosas no le habían ido tan mal, si lo pensaba mejor: se había escapado de su familia, que la quería mutilar. Había sufrido situaciones muy duras, cierto, y su estancia en España todavía estaba en el aire, con la posibilidad de ser descubierta por la policía y ser devuelta a África, ahora con mucha mayor probabilidad que mientras estaba oculta en lo de Eufemio. Por otra parte, se sentía muy cómoda con estas dos chicas, aunque no las conocía lo suficiente para estar segura de que no se querían aprovechar de ella. En el mundo del hombre blanco, ser una negrita guapa podría ser novedad para los machos mediterráneos… Pero ahora estas dos blancas eran toda su familia. No se fiaba de ellas al cien por cien, pero se fiaba de ellas más, mucho más, que de su familia real, la que lo era sólo desde un punto de vista biológico, pero a la que importaba tan poco. Sí, querían que se casara con alguien importante de la tribu, alguien que les garantizase a ella y a sus hijos tener siempre algo que comer, y por eso ellos quisieron mutilarla, para que no pudiese engañar a su marido y por ello darle la opción a repudiarla, devolviéndosela a sus padres cuando ya fueran viejos y no la pudieran alimentar.

Entre ambas opciones, mutilada en su país y casada con el rico del pueblo, o soltera y puta en un país extranjero de otro continente, pero completa, prefería lo segundo. Antes puta en el primer mundo que un ama de casa comme il faut1 en el tercero.

Al día siguiente, mientras aún organizaban sus cosas, Umú se fue a dar un paseo por el puerto. Después se le unieron las otras dos para ir de compras. Allí vio vestidos elegantes y sencillos por primera vez en su vida. En su país la gente usa vestidos con muchos colorines y bordados complicados para mostrar el alto nivel de la familia, pero aquí los vestidos caros eran más sencillos y cómodos de llevar.

Umú no entendía nada de lo que estaba sucediendo. Merilú era experta en comprar con tarjeta de crédito porque cuando trabajaba en aquel club de carretera, tenía un salario fijo y compraba y pagaba al mes siguiente.

Umú seguía sin entenderlo, porque sólo lo que ella había comprado, y Merilú pagado, costaba más de mil euros.

Umú nunca había tenido ropa interior de seda, ni combinaciones semi transparentes. ¿Para qué era todo aquello?

Tras adquirir su extenso guardarropa, se ducharon, se vistieron y se fueron a un restaurante gallego que está cerca de su apartamento, de hecho casi en la puerta de al lado. Comieron hasta que se hartaron, y Merilú pagó de nuevo con su tarjeta de crédito.

Alona soltó una risotada estruendosa y le puso el brazo sobre los hombros protectoramente mientras la tranquilizaba:

Umú habría llorado, si fuera capaz de hacerlo. Por primera vez en su vida no estaba sola. Tenía amigas. Dos.

Después de cenar se fueron a dar un paseo cogidas del brazo, mientras hablaban de lo que habían pasado en sus países de origen, confiando sus secretos las unas a las otras, sobre cómo habían acabado allí, frente al Mar Mediterráneo, y también sobre sus planes para el futuro. Las ucranianas querían volver a su país en cuanto les fuera posible, pero Umú no contemplaba esa posibilidad, en absoluto.

Cuando llegaron a casa, bastante tarde, y Umú ya se había duchado de nuevo y estaba con su pijama de seda y en zapatillas, tumbada por fin en su mullida cama, se sintió la señora de su casa por primera vez en su vida.

La casa de Umú.

6 El principio. Klaku por esperanta versio. Click for English version.

Pero todo no era un jardín de rosas: Umú había sido prostituta antes, pero a ello la había forzado el instinto de supervivencia. No la había esclavizado un proxeneta, sino el terror que le producía la idea de volver a casa, o morir por el camino. Quería vivir mejor, y vivir en su tribu con algo de menos en su cuerpo y en su alma no era vivir. No quería la vida de su madre, o de su abuela. Ella quería algo más, incluso sin saber con claridad qué era lo que quería. Le habían dicho que en el norte, en La Tierra del Sol, la gente era feliz. Y ella quería ser feliz. Quería vivir sin sufrir.

El problema apareció seis meses después de Discote adel hotel empezar a trabajar. Habían descartado anunciarse en el periódico. En lugar de eso invitaban a los clientes en bares de putas y en los hoteles del centro de la ciudad, los más finos, puesto que para entonces habían progresado ya tanto que cada una de ellas ya podía comprar todo un guardarropa y le pudieron pagar a Merilú lo que le debían. Ahora pagaban el alquiler con facilidad, e incluso estaban considerando comprar el apartamento. Aquel día, pues, estaban en el Hotel Palma, en la playa de San Juan, en su lujosa sala de baile. Los porteros no las molestaban porque tenían pinta de clientas del hotel y porque en esos lugares hay normalmente más hombres que mujeres.

En cuanto llegaron se pusieron a bailar con alegría, primero las tres juntas, y al poco rato tres cuarentones se acercaron a ellas en plan de intimar. Cuando les dijeron su precio, uno de ellos se fue airado, pero otro, algo más joven, las había oído y les dijo que estaba dispuesto a pagar los trescientos euros que Alona pedía por sus favores. Subieron a sus habitaciones porque eran los tres clientes del hotel.

Una hora más tarde Merilú bajó contenta, con su dinero en el bolso…, pero no vio ni a Umú ni a Alona allí. Las telefoneó y le dijeron que estaban en casa.

Cuando las vio, les contaron la historia: el cliente de Alona se había vuelto loco y había comenzado a chillar y a pegarle. Los clientes de las habitaciones cercanas llamaron al servicio de seguridad del hotel, y los empleados tuvieron que sujetar a la bestia antes de que pudiesen rescatar a la chica. Le pidieron que se quedase para firmar una declaración para la policía, pero pretextó que estaba muy nerviosa y se fue a casa. Llamó a Umú y las dos se fueron. Había sido un servicio malo. El cliente de Umú le había pagado, pero el de Alona no. Aquel día comprendieron que podían tener problemas con clientes trastornados que podían tener pinta de buenas personas al principio. Por eso dejaron de buscar nuevos clientes y decidieron trabajar sólo con los fijos, aunque no consiguieran tanto dinero, y apenas les diese para pagar la renta y unas pocas cosas más.

Al día siguiente publicaron un anuncio en los periódicos de la ciudad:

Necesitamos guardia de seguridad.

Y el número de móvil de Merilú.

A las siete de la mañana siguiente las despertó el teléfono:

—Buenos días. Me llamo Gustavo. Es por el anuncio.

7 Gustavo y las visitadoras. Klaku por esperanta versio. Click for English version.

Aunque a lo largo de aquel día llamaron más Entrevista candidatos, a los que entrevistaron sin excepción, Gustavo las impresionó más que los demás por su personalidad y fuerza física. Parecía un gorila de verdad, muy ancho de hombros, y porque era muy alto y su expresión era muy seria. Su voz era profunda, y pensaron por eso que le daba un aspecto impresionante que haría desistir a los violentos, en caso de que se les colara alguno, de hacer alguna tontería. Pronto se pusieron de acuerdo en el dinero, ya que los €2000 eran mucho más de lo que un guardia de seguridad gana normalmente, y el trabajo no era demasiado complicado. Tendría que abrir la puerta a los clientes y contestar al teléfono desde la mesita de la entrada, sin perder de vista un panel pequeño donde había tres luces verdes. Si una de ellas se volvía roja, o se apagaba, Gustavo tendría que entrar en esa habitación para sacar al problemático.

Tuvo que actuar sólo dos veces en el año y medio que trabajó allí, pero se acostumbró demasiado, y comenzó a discutir cuando las chicas tenían que hacer una salida de trabajo. Ellas comprendieron que en realidad sí era su tiempo de trabajo extra para él, sobre todo si era fin de semana, y por lo tanto aceptaron pagarle €500 por cada salida de hasta un día. Aquello lo tranquilizó, y ahora ya deseaba él que alguna hiciera un fin de semana completo, pues le supondría mil euros más, la mitad de su salario mensual.

Cuando las escoltaba lo hacía de incógnito, y nunca tuvo que actuar, en realidad, pero les daba mucha seguridad a ellas, se sentían mucho más seguras. Cuando estaban solas fuera de la ciudad, en una casa aislada, Gustavo las acompañaba hasta la puerta y las recogía en el mismo lugar cuando terminaban. Normalmente hablaba con un miembro del servicio y a menudo le invitaban a pasar a la parte de la casa reservada a la servidumbre; pero en cualquier caso, el enlace telefónico con su protegida siempre estaba asegurado.

Sí, Gustavo era muy bueno convenciendo a cualquiera, sobre todo a las mujeres. Su error fue pensar que iba a funcionarle con sus jefas. Sí, eran mujeres, pero eran sus jefas, y también extranjeras que habían sufrido mucho porque estaban en una tierra extraña cuyas costumbres, tradiciones y leyes no conocían bien, y por lo tanto tuvieron que aprender por las malas. Y Gustavo era su hombre bueno, el que las protegía. Pero ¿quién las protegería de él? Eso es lo que se empezaron a preguntar cuando él intentó de abusar de su estatus para conseguir ventajas laborales.

A Umú le cayó peor que a las demás desde el principio, porque le recordaba a su padre en algunos gestos que hacía…, puede que porque le recordase la figura de autoridad. Todavía recordaba la paliza que le había dado y la charla posterior en que la quería convencer que había sido por hacerle un favor, y lo mejor para ella, según él, era que dejase que le amputaran los genitales para que su marido nunca pudiera repudiarla por traicionarlo: sin aquel apéndice pecaminoso nunca podría tener ningún placer o gusto por otro hombre más que el suyo. Y él, su padre, quería que ella, su hija, fuese feliz. Por una complicada cadena de pensamientos Gustavo le recordaba a su padre. Quizá porque ambos le daban protección en dos momentos diferentes de su vida. Quizá porque ella se sentía físicamente inferior a él. Era buena cosa que él fuera grande y fuerte, para cumplir sus deberes con ellas tres. Pero aquello podía con Umú.

Por eso cuando él pidió aumento de sueldo, fue muy clara:

Después de una discusión de dos horas, no hubo acuerdo. Entonces Gustavo les dio las llaves y se fue a casa, furioso. Pero era puro cuento. Sabía que se lo darían tarde o temprano. No podían estar sin seguridad mucho tiempo. Y sería difícil encontrar otro guardia de seguridad que no quisiese aprovecharse de ellas.

Sí, Gustavo estaba convencido de que su plan iba a resultar bien a la larga. Pero se confió tanto, que perdió la partida...

8 Contrastes. Klaku por esperanta versio. Click for English version.

Al mes de irse Gustavo tan enfadado aún no le habían llamado. Ciertamente no era lo mismo, y tenían que tener mucho más cuidado que antes, pero querían alguien en quien pudieran confiar, no un Musculitos sin cerebro que quisiera aprovecharse de ellas, tres inmigrantes extranjeras.

En uno de sus habituales paseos matutinos, Umú se encontró con unos activistas de una ONG cuya misión era ayudar a la gente de, entre otros países, el suyo, Malí. Umú ya había copiado el acento local, por lo que la gente que la oía hablar pensaba que había pasado toda su vida en Alicante capital, ya que no sólo hablaba español perfectamente, sino que además hablaba valenciano mucho mejor que los nativos de allí.

Si tienes que escapar, pensó Umú, razones políticas o étnicas, y ayuda con una pequeña cantidad. Aquellas palabras se le clavaron en la cabeza mientras le sonreía a aquella extraña muchacha.

Diseñar, pensó Umú. Se imagino una enorme autopista desde su pueblo hasta Alicante y Merilú trayéndola en su Ibiza blanco todo aquel camino.

¡Qué lástima, pensó Umú. Con las máquinas y otras personas esta chica podría haber construido las carreteras por el camino que yo anduve con mis pies desnudos. Y, sin embargo, parece desgraciada porque no se puede vestir como yo. Entonces Umú hizo algo inesperado: se quitó su chaqueta Versace y la puso sobre los hombros de Rosa.

Una atónita Rosa vio cómo Umú entraba en aquel edificio mientras ella se quedaba allí, mirando a la puerta de entrada mientras sentía el tacto de aquella chaqueta tan cara, preguntándose qué acababa de ocurrir.

Quince minutos más tarde Rosa todavía estaba intentando vender paz interior a los viandantes cuando vio salir a Umú vistiendo otro traje distinto, pero igual de caro. En la mano había una bolsa de ante, y en la otra una percha con el resto del traje cuya chaqueta le había dado antes, así como una blusa de seda blanca.

Le dio un beso y se fue antes de que Rosa pudiera decir o hacer nada.

Patidifusa, vio desaparecer a Umú, y disolverse en la gente que caminaba por el centro de la ciudad. ¿Lo había soñado todo?, se preguntaba… Pero allí, pendiente de su mano estaba todavía el caro traje Versace, de esos que ella nunca había visto y que nunca compraría con su salario actual.

Rosa buscó a su jefe, le dio los cuestionarios, y se fue a casa.

9 La visita. Klaku por esperanta versio. Click for English version.


... Continuará.

Si quiere usted apoyar la presentación de obras como esta, puede comprar este libro en formato digital en Amazon en versión española o inglesa. O ambas, si desea practicar alguno de los tres idiomas...
NOTAS.-
  1. Eufemio significa “el del buen nombre”. Seguir leyendo.

Bibliografía.

Se encontrará siempre la lista actualizada de mis obras en mi página web, Obra completa. No obstante, a continuación figuran las narraciones que ya hemos compartido en esta página en su totalidad:
  1. Un cuento infantil, o El soldado y la bruja : tiene dos partes, una para niños y la segunda para adultos. Escribí el cuento para celebrar el Día Internacional del Niño, el 2 de abril de 2012. También creé las versiones esperanta e inglesa de mi narración más corta
  2. El pecado del talibán: un creyente ferviente propicia una lapidación y luego lo lamenta el resto de su vida. No obstante, Dios es compasivo y puede corregir eso..., pero no sin costo.
  3. Amén: Fantasía sobre lo que ocurre después de la muerte.
  4. La psicóloga : el protagonista conoce a una mujer que nadie más puede ver, junto a un árbol en el parque. Cree que se ha vuelto loco, y por eso visita a la psicóloga mejor de de su ciudad, que le soprende de varias maneras. Escribí este cuento en febrero de 2015 en inglés, y luego lo traduje al español y al Esperanto. Si lo prefieres leer en alguno de esos idiomas puedes pulsar los enlaces correspondientes.
  5. Abuelo y nieto : Se me ocurrió la idea central de este libro cuando nació mi nieto, y por eso se lo dico a él. No obstante, no hay nada biográfico en este relato. Es un libro muy breve, de apenas cuarenta páginas en tamaño A5, y el argumento trata de la literatura como puente que une al abuelo y al nieto. En opinión de los lectores el cuento es divertido, y nadie se ha quejado del tiempo que le han dedicado a leerlo. Como mis otros relatos, se puede leer gratuitamente y sin resumir en su versión esperanta.La publiqué en esta web el 15 de agosto de 2016.
  6. El año que fui mujer . Un anciano se convierte en mujer joven. Es mi primera novela escrita originalmente en inglés Ahora se puede leer en Esperanto. Publicada en versión digital en Amazon en inglés, y luego en español. Pero aquí se puede leer en Esperanto.
  7. La Cronista, o Los amos del tiempo: un maestro nacional jubilado decide dar la vuelta al mundo. En Chennai (también llamada Madrás), India, encuentra a una muchacha extraña: una viajera del tiempo que le explica su mundo. Durante más de 400 páginas compartimos las aventuras de Indalecio y Vanessa en el pasado y el futuro. hasta que finalmente asistimos a la transgresión de la materia, que da lugar a la trilogía: Transgresión, de la que este libro es el primer volumen, al que siguen Tricronía y Los desterrados, en que los protagonistas adoptan papeles menos importantes, y aparecen nuevos protagonistas, para nuestra diversión.
  8. El libro de las crónicas angélicas y las anécdotas diabólicas. Veintiún cuentos en que ángeles o demonios adoptan papeles de diversa imporancia. Tres de los cuentos son de mis compañeros Ann Lake, Gema Gimeno y Jack Crane. Este libro fue El Libro del año hasta el 31 de diciembre de 2018.
  9. La Federación: Es el primero de los Libros del año 2019, que se puede leer aquí sin ningún tipo de restricción o pago alguno hasta el 31 de diciembre.




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