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Jesús Ángel. English Esperanto

La Federacion, o La Almirante y yo.

El libro del año: 1 La Federación. 2 Umú.

Introducción.

Desde hace unos años ofrezco la lectura gratuita de mis novelas en tres idiomas, una después de otra y capítulo a capítulo, en esta misma página. A lo largo de este año 2019 estamos leyendo La Federación y Umú, la hetaira de ébano hasta el 31 de diciembre de 2019..

Este libro se puede leer también en inglés y Esperanto. El próximo 1 de enero de 2020 comenzaré a subir, capítulo a capítulo, otro libro de mi creación, eliminando las versiones en inglés y español, pero dejando Esperanto a su libre disposición sine die.

Por eso, si puede usted leer la bella Lengua Internacional, podrá leer gratuitamente toda mi obra, a medida que la vaya traduciendo. Si no lo sabe, pero quiere aprenderlo, puede pedir información a la Federación Española de Esperanto. Ellos le podrán indicar la forma de aprenderlo de forma rápida, barata y eficaz.

Hasta ahora hemos leído:    English Esperanto

  1. Un cuento infantil, o El soldado y la bruja (Julio 2016).
  2. El pecado del talibán, o La triste vida de Abdul Saleh. (Agosto 2016)
  3. Amén, o Desde el otro lado, o Lo que nunca os diré. (Septiembre 2016)
  4. La psicóloga (Octubre 2016).
  5. Abuelo y nieto (Noviembre 2016).
  6. El año que fui mujer (Diciembre 2016).
  7. La cronista, o Los amos del tiempo (2017).
  8. El libro de las crónicas angélicas y las anécdotas angélicas (2018).
  9. La Federación (2019, publicado el 25 de febrero).
  10. Umú, la hetaira de ébano (2019, publicado el 6 de julio).


La Federación,
o La Almirante y yo
por Jesús Ángel

Dedicado a aquellos
que saben que el espacio
es la única realidad que hay.
MMXVII-MMXVIII.

Copyright

Este es el índice, que contiene el enlace a cada capítulo:

Sumario: Klaku por esperanta versio. Click for English version.

  1. El suceso.
  2. Contacto.
  3. Polholo.
  4. La nave de hierro.
  5. Mi capitana.
  6. Los aulladores y Aúllo.
  7. La Flota de Hierro.
  8. La fuerza federal.
  9. ¿Tiempo perdido?
  10. Él, robot.
  11. La extraña nave Fnkrich.
  12. Nueva vida, vieja cultura.
  13. Notas.
    ¿Fin?
    Bibliografía.


1 El suceso. Klaku por esperanta versio. Click for English version.

Donde Polholo Estoy tranquilo. Así nací, y así permanecí toda mi vida hasta ahora. Pienso seguir así el resto de mi vida.

Bueno, o al menos tenía esa intención hasta el momento en que vinieron unos extraños seres a vivir con nosotros. Nunca les invité, pero tuve que aceptarlos, quisiera o no, hasta que decidieran marcharse, debido a que nosotros, los holos, odiamos imponer nuestra voluntad a los demás. Nos gusta la soledad y la individualidad, y justo por eso respetamos mucho el medio ambiente y a todo ser viviente.

Era un día soleado con pocas nubes cuando aquel objeto bajó del cielo y se posó junto a mí. Acababa de disfrutar yo de una densa lluvia y estaba aprovechando la belleza de un arco iris intenso cuando lo vi descolgarse del arco, y después caer al suelo con mucha lentitud justo al lado de donde yo yacía secándome de la humedad con que el cielo me acababa de bendecir.

Nosotros, los holos, tenemos mucho tiempo, y una larga memoria. Por eso recuerdo todo lo que dijeron, y cuando por fin pude comprender su idioma, lo recordé y comprendí todo. Por desgracia eso fue demasiado tarde para que nuestro contacto inicial fuese cordial.

De aquella cosa tan pequeña, que después comprendí que ellos llamaban lanzadera o ascensor, salieron dos seres. Se movían por medio de dos ramas, igual que los simios a veces, pero tenían una cabeza enorme con un solo ojo, y no tenían cuello, al revés que ellos. Comenzaron a parlotear y hacer movimientos extraños. Creí que me iban a saludar, pero ni siquiera se dieron cuenta de que yo estaba allí. Extraño, porque yo era entonces el único ser inteligente en un radio de varios kilómetros. Mis sensores detectaron que estaban muy nerviosos.

Después pude reconstruir el diálogo que tuvieron en aquel momento:

—Comandante, el aire es respirable.

Entonces hicieron algo muy extraño: se quitaron parte de la cabeza, la que tenía aquel ojo tan raro. Vi que dentro tenían una cabeza más pequeña seguida de un cuello, pero eran muy bajitos.

Podría haber contestado, pero en aquel momento yo no sabía de qué hablaban, quiénes era, ni qué querían. Por eso seguí observándolos atentamente.

Tomaron una piedra y la aproximaron a una maquinita que pendía de su cinturón. —Hierro, —dijo el más alto. —Parece que el hierro abunda en el suelo.

Entonces intentaron romperme un hombro, como si yo fuese un objeto, y no pude evitar defenderme:

El pobre Comandante acababa de recibir mi golpe eléctrico, que le había tumbado. No tuve la intención de atacarle, pero mi reacción fue instintiva. No me hizo daño, pero noté su tirón y me defendí automáticamente. Y entonces detecté lo de Pol.

2 Contacto. Klaku por esperanta versio. Click for English version.

Comprendí que por medio de los sentimientos podría comunicarme con ella. De pronto les envié a los dos un rayo de bienestar. Ella miró hacia mí, más allá de mí, por encima de mí, alrededor de mí. El planeta Hierro

Pol se rio. Me gustó esa risa. Fresca, elegante, melodiosa...

No comprendo que el nombre de Pol sea tan corto, y el del otro sea cuatro veces más largo, Co-man-dan-te. Pero entonces comprendí que ellos vienen de un lugar del que nunca oí hablar. De su charla deduje que mi mundo no era el universo, sino que en él había otros mundos. Por lo menos el mío y el de ellos, que tenía otro nombre, Tierra. Pero después comprendí que el planeta de Pol no era tampoco la Tierra, y por lo tanto había tres mundos. Al menos el mío y el de cada uno de ellos: la Tierra, Klato y el mío, que aún no tenía nombre. Quizá Comandante y Pol le diesen un nombre, y entonces dejaría de ser El Mundo para mí. También comprendí que los terrestres y los klatanos tenían dos sexos, y que Pol era hembra y Comandante era macho. Después aprendí que el macho y la hembra pueden juntarse con pasión y después nacería una persona pequeña que los dos deberían cuidar durante un tiempo, hasta que pudiese funcionar con eficacia por sí mismo. Pero Comandante y Pol no se juntaban así porque venían de planetas diferentes, y temían que sus especies no fuesen compatibles. Comandante tenía el pelo del color del oro, y el de Pol era negro intenso, corto y denso. Los ojos de Pol eran muy negros y los de Comandante era azules como el cielo.

Durante todo un año estuvieron conmigo, y cuando cambió la estación cinco veces decidieron marcharse. Durante ese año subían y bajaban con su ascensor y cortaban trozos de hierro del suelo e hicieron un vehículo, que llamaron transporte de carga, en que metieron diversas cosas que cogían de mi planeta, entre ellos algunos ejemplares de animales y vegetales. Intenté decirles que los animales morirían si se alejaban del planeta, pero en aquella época todavía no podía hablar con ellos, porque su lengua era totalmente ajena a mí. Poco a poco, sin embargo, fui descodificándola, pero cuando lo conseguí del todo descubrí que no podía hablarles.

Pol no venía con mucha frecuencia, pero vinieron muchos otros individuos de ambos sexos a realizar diversas funciones en mi terreno. Incluso consiguieron cortarme un brazo; pero se sorprendieron mucho mucho de que casi inmediatamente lo substituyese por otro nuevo. Sí, se dieron cuenta por fin de que yo estaba allí desde el principio, pero no comprendían aún que yo era inteligente.

3 Polholo. Klaku por esperanta versio. Click for English version.

Pol y yo Tres días después de de mi mutilación apareció Pol de nuevo. Se diría que deseaba despedirse del planeta. Para entonces ya comenzaba yo a comprender de qué iba todo esto. Y conseguí contactar con ella mientras dormía a la sombra de mi tronco.

Vi que la mujer tomó algo de su cinturón y habló:

Vi que la mujer desapareció de pronto. Estaba allí, y de pronto ya no estaba.

Tras una hora vi aparecer a diez personas, y también a veinte animales diversos, que salieron corriendo por la llanura hasta que ya no pude verlos.

El hombre se me acercó y me observó durante bastante tiempo. Me tocó, se colgó de una de mis ramas, y finalmente me dijo:

Pero no pude hacerme comprender por él. Por eso tras unos segundos Pol dijo:

El comandante Ferris y sus compañeros se fueron en la pequeña nave en que Pol había venido, y ella se escondió entre mis ramas. La ayudé a llegar a la más alta. Desde allí ella podía ver todos los alrededores.

El simio Granj llegó dos horas más tarde. Con él venían su hijo y veinte guerreros.

El simio miró hacia todos lados, pero noté que le invadía un gran terror.

Él y sus acompañantes se fueron. Tras una hora vinieron dos simias.

Ella también tenía miedo, pero también sentía curiosidad. Por eso dije a Pol que podía bajar.

Ruznio se asustó cuando vio bajar a una hembra vestida de un modo tan extraño.

Telepatié a las dos de una forma tan rápida que les parecía que hablaban directamente entre ellas. De hecho Pol comenzó a hablar como si conversara directamente con Ruznio, que hizo lo mismo.

El diálogo duró varias horas, y debí advertir a Pol dos veces de que yo no sólo traducía, sino que tenía que interpretar lo que ellas decían, porque el vocabulario y las ideas de los simios eran muy limitados. Finalmente conseguí hacer comprender a Ruznio que el jefe de Pol, un macho, deseaba hablar con el jefe de la tribu P'kol. Se fueron, y uno de mis conciudadanos me hizo saber que Granj estaba de acuerdo, si el cielano era macho. Tras una hora Ferris y Granj se encontraban ante mí.

Después de las presentaciones formales, los dos machos hablaron libremente a través de mi interpretación y de la de Pol. Su conversación fue mucho más sencilla que entre las hembras, y finalmente llegaron a un acuerdo: los hombres podrían tomar todo del planeta, incluso venirse a vivir sobre él, con la condición de que no molestasen a los simios, y tampoco ocuparan el territorio donde estoy yo, en un radio de cincuenta kilómetros cuadrados. Pero se podían instalar más allá del mar, siempre que no molestaran a los simios que se pudieran encontrar. Los simios no saben lo que hay más allá del mar, pero yo y los de mi raza sabemos hay muchos continentes y océanos, por lo que de hecho los simios les acababan de regalar casi todo el planeta a los terrestres. Yo añadí una condición sin que los simios se dieran cuenta: los hombres no podían cambiar el medio ambiente, y si tenían alguna duda, deberían consultar a los holos.

4 La nave de Hierro. Klaku por esperanta versio. Click for English version.

Finalmente llegó el momento del adiós. Ferris y Pol vinieron a despedirse, pero prometieron que volverían pronto.

Ferris la miró detenidamente, luego a mí.

Veía en la mente de Ferris que aunque el oficial de mayor rango, el capitán ayudante de la nave Azulado, era el teniente de más antigüedad, Santos Oliveira, Pol y Ferris siempre estaban juntos porque él valoraba sus puntos de vista y opiniones desde el primer momento en que llegó a bordo, ya que explicar todo a una alienígena le obligaba a volver a considerar las cosas que hacía de modo automático, y así detectaba pequeños fallos y procedimientos absurdos a bordo, y eso le forzaba a mejorar las cosas. Pero él comprendía también que a ella se le presentaba ahora una oportunidad de oro en lo personal y profesional, así como a sus dos planetas para familiarizarse con nuevas especies y formas de ver la vida. Sí, el poder de observación de Pol era excelente, y un tiempo con los holos les podría dar una gran información a los terráqueos y a los klatanos.

—Bueno, Pol, vale. Sólo hace falta que convenzas a algunos de nuestros dos mil tripulantes para que te ayuden...

Pero Pol no convenció a diez, sino a cien. De hecho muchos más querían quedarse con ella. Me di cuenta de que la tripulación sentía mucho afecto por la observadora klatana, pues había conectado muy bien con todos los que la habían conocido. Vi que muchos más de diez la seguirían hasta la muerte, y que ellos la veían con tanta ilusión en ayudar a construir una nueva flota espacial que querían estar con ella. Por eso Pol me convenció para admitir a los cien, de modo que el trabajo a realizar se hiciese con mayor rapidez. Ella respondía de ello.

Ferris volvió solo a su nave, y después dejó nuestro planeta para siempre.

Los terrestres se sorprendieron al ver cómo se levantaban varias capas de hierro del suelo y formaban paredes que a su vez formaban la nave. Dentro de lo que se estaba construyendo vieron formarse escaleras y habitaciones, y además muebles, todo ello de hierro.

Construimos un gran hogar para ellos pero también un gran espacio para que pudiesen reposar y distraerse. Después organizamos el trabajo. Me sorprendía que no supieran hacer motores gravitatorios y otros ingenios necesarios para la exploración interestelar, disponiendo ya del conocimiento teórico. No nos fue tan complicado a los holos sumar y mezclar esfuerzos y descubrimientos de campos diversos de investigación humanos y klatos para sacar un provecho óptimo. Nosotros contábamos con una clara ventaja sobre ellos: no éramos tan individualista, y lo de uno era de todos, y viceversa, sobre todo a nivel intelectual.

La Simio. El trabajo les cundió, y aunque al principio lo dudaban, después de sólo dos semanas terminamos de hacer una gran nave de forma esférica. En ella estaba incluida la construcción que hicimos para que ellos durmieran, y también la zona de recreo y otros espacios que ellos ya habían estado usando desde el primer día. La tarea más delicada fue construir los sensores, el sistema de dirección, el sistema de mantenimiento vital y el de transporte. Ciento una personas trabajaron conmigo muy duramente, pero a las dos semanas de trabajo habíamos terminado la mayor nave espacial que ellos habían visto, la primera que yo veía. La construimos alrededor del lugar donde yo vivía, por lo que yo en realidad estaba en casa dentro de la nave. Mi medio ambiente era el centro de la nave. Después añadimos cubierta tras cubierta alrededor de mí, hasta que completamos cuatro kilómetros cúbicos de nave. Eso maravilló a Pol y a todos los tripulantes.

Durante los siguientes tres días los humanos comprobaron que los sensores y los demás sistemas de nuestra nave estelar funcionaban bien, y tuve la oportunidad de enseñar a Pol cómo funcionaban los motores y los demás sistemas, así como sus ventajas y límites. Después descansé, consulté a mis amigos y recogí memorias que podría echar de menos cuando ya ellos estuviesen lejos.

Y veinte días después de la marcha del Azulado, la nave espacial terrestre, llegó el momento de despedirme de mi planeta por primera vez en mi vida. Los motores arrancaron y nuestro enorme navío espacial comenzó a moverse lentamente hacia arriba. Poco a poco nos alejamos de Hierro mientras que nuestros tripulantes miraban por los ventanales maravillándose de que el todo se moviese. Dudaban, desde luego, que este artefacto enorme pudiese dejar el suelo. Ya intentaron convencerme al principio de hacer la nave de acero, pero no hay estaño en nuestro planeta, y además les dije que el hierro tiene la suficiente fuerza y aunque pesase más, los motores que diseñamos no tendrían problemas para moverlo.

En realidad eran tres: para las distancias cortas teníamos un motor de gravedad inversa que aprovechaba la fuerza de los cuerpos celestes cercanos para planear entre ellos a velocidades desconocidas por los terráqueos y klatanos, o sea, para mis tripulantes. Para las distancias largas habíamos construido un GAG, o sea, un Generador de Agujeros de Gusano, que nos permitía salirnos del continuo espacio-tiempo en un punto determinado y aparecer en otro previamente elegido, de forma casi inmediata. Nuestro sistema nos permitía memorizar ambos puntos, de modo que pudiésemos volver a ellos de modo instantáneo, si bien la parte más complicada era calcular el punto de vuelta al continuo espacio-tiempo de modo que no colisionásemos con otro cuerpo presente allí. Pero eso lo hacíamos enviando una sonda virtual por delante, de modo que si retornaba sin errores era seguro, y si no retornaba era que había encontrado un cuerpo sólido, en cuyo caso desaparecía sin que el segundo cuerpo se percatase de ello. Y el tercer motor era un controlador de la inercia, que fue la contribución de los de mi especie, dado que las velocidades interplanetarias (o sea, dentro de un sistema estelar) necesarias necesitarían una aceleración y desaceleración que serían incómodas para mí, y mortales para la tripulación simiesca que necesitábamos, y que de momento era humana.

En nuestro viaje inaugural nuestra velocidad aumentó de modo progresivo, de modo que en sólo dos días vimos el navío terrestre.

Nos detuvimos a unos pocos centímetros de la nave humana, que parecía enana a nuestro lado, como una lenteja junto a una sandía.

Ferris quiso venir a nuestra nave, y así fue el primer hombre que probó nuestra máquina de teleportación. Entonces comprendió por qué nuestra nave no tiene puertas.

Mis tripulantes volvieron al Azulado mientras hablábamos. Cuando se vinieron conmigo pensaban que se iban a la guerra, pero lo que tuvieron fue solo un paseo interestelar y un poco de videojuegos.

Tras una breve pausa, añadí:

5 Mi capitana. Klaku por esperanta versio. Click for English version.

El propio Ferris fue el que resolvió el problema. Sí, quizá vio nuestra tecnología en manos de nuestrosMi capitana vencedores, y eso no podría ser bueno para la Tierra. Por eso propuso que Pol viniese a mi guerra como comandante, y el teniente Nihau y la alférez Karin viniesen como observadores bajo el mando directo de Pol.

No podían ser mas diferentes: nativa de Olomuc, una ciudad del centro de Europa, la antigua República Checa, Karin era una pelirroja bajita, delgada y muy seria y responsable de sus deberes; mientras que Nihau había nacido en Sudamérica de padres chinos que se habían conocido en Buenos Aires. Cantaba muy bien los tangos y siempre estaba de buen humor. Sus chistes eran famosos en todo el navío espacial. Muy alto, moreno, algo entrado en carnes, pero muy buen exolingüista y piloto. No era extraño que Pol le pidiese ese tripulante a Ferris. En cuanto a Karin, Pol sabía que sería una buena capitana en el futuro, pues ya anticipaba que el Simio no iba a ser el único navío espacial de la Flota Espacial Férrica durante mucho tiempo...

Ferris pensó durante unos instantes... Él mismo iría a realizar esa tarea, pero su nave no podía volver a la Tierra sin su comandante. Además, si la tecnología fallase, Pol siempre podría contactarme por medio de la telepatía, y él no.

Pol ya comenzó a hablar como capitana, al hacer la siguiente observación:

Mientras los dos oficiales mencionados elegían a los veinte soldados más duros entre los quinientos que se presentaron voluntarios para ir a la guerra, yo conferencié con Pol por medios telepáticos:

La vuelta al Planeta Hierro fue instantánea, merced a nuestro motor GAG. Ferris todavía necesitaría viajar casi un año para llegar a su planeta, pero yo tenía verdadera urgencia porque temía por la seguridad, e incluso por la propia existencia de mi planeta, mis amigos, y mi universo todo.

Antes de iniciar ninguna acción, Pol y yo resolvimos el gobierno interno de la nave y la vida a bordo. Como convinimos, la última palabra siempre la tendría Pol, pero yo podía pedir las tareas necesarias y también la ayuda de Nihau y Karin antes de la decisión final de la capitana.

Durante la última hora de viaje, Pol y sus dos oficiales se reunieron a solas, y luego me llamaron:

Mientras hablábamos, Karin y Nihau habían probado nuestras armas en una gran sala con maniquíes. A sus reglamentarias pistolas láser añadimos bombas que no necesitaban aire u oxígeno para explotar porque en realidad no causaban explosión, sino colapso de los átomos que estuvieran en un radio de diez metros. Claro que eran armas muy peligrosas, y por eso iban firmadas~, es decir, que sólo un individuo podía hacerlas funcionar, de modo que otra persona nunca podría hacerlo. La propia nave tenía veinte cañones de rayos que podía destruir todo en un radio de un año luz. Pero nuestra mayor fortaleza estaba en un escudo virtual que podía evitar que todo objeto, rayo u onda alcanzase nuestro casco (es decir, el cuerpo de nuestra nave). Consecuencia de ello era que podíamos escondernos de la luz normal y también de otros tipos de radiaciones que podrían, al menos en teoría, capacitar a nuestra nave alojarse en el interior de una estrella. Pol y los terrestres no sabían que ya tenían la tecnología para fabricar esas armas. Hacía falta que viniese alguien de otro planeta lejano, como yo, a armonizar hechos y hallazgos humanos en un solo objetivo.

Conferenciamos por telepatía largo rato, y le mostré cómo manipular todas las armas y los recursos militares de que disponíamos.

Sí, mi relación con Pol era de amor, en realidad. Sus ideas sobre estrategia eran muy acertadas, y ella propuso que yo les mostrase a mis congéneres cómo encarcelar a los invasores por medio de paneles de hierro, que deberían levantar a su alrededor mientras durmiesen. Lo hicieron, y cuando los atacantes consiguieron hacer un agujero en una de las paredes, los holos reaccionaron añadiendo otra capa más gruesa sobre la primera, de modo que cuando llegamos ellos ya estaban todos encarcelados en tres grandes celdas de hierro, que a su vez estaba dentro de otra mayor.

Así pues, nuestra guerra fue rápida y sin sangre. Sólo nos quedaba remolcar esa enorme celda de hierro y dejarla en otro planeta.

Llevamos a los 600 aulladores a la cubierta más exterior de nuestra nave, desde cuyos ventanales pudieron observar cómo sus tres grandes naves y sus cien pequeñas desaparecían una después de la otra como si fuera una demostración de fuegos artificiales en una cadena lenta de explosiones brillantes. Después se dieron cuenta de que no quedaban restos, sino que las naves se disolvieron en un polvo brillante que también desapareció poco a poco, como si fuera una niebla que se aclara.

El aullador disparó y todos se asombraron de ver cómo el rayo láser atravesaba el cuerpo de Pol y carbonizaba una cortina y parte de la mampara de hierro mientras Pol seguía sonriendo. Tras unos segundos, ella dijo:

Y entonces Pol desapareció de la vista de pronto. Miraron una y otra vez el lugar en el que había estado hasta entonces su fantasma holográfico para hablar con ellos.

Pol notó un ruidito detrás de ella y se volvió automáticamente. ¡Vio al Comandante Ferris!

El Comandante hizo un gesto a su alrededor y Pol vio a veinte copias del Comandante Ferris. Uno de ellos tomó una silla y la tiró contra el suelo, y se oyó un ruido: la silla rebotó dos veces hasta que se paró, rota.

Junto con otras especies no inteligentes, allí viven mil millones de aulladores muy similares al ser humano, pero tienen un cuello largo, tres ojos, brazos cortos y manos con seis dedos.

Cuando nuestros aulladores vieron su planeta buscaron una salida, pero no la encontraron porque no existía. Uno de ellos encontró un agujero hacia la cubierta inferior, pero inmediatamente fue arrestado por dos policías holográficos y se informó a Rask, que aseguró que eso no ocurriría de nuevo. Inmediatamente después nuestros dos policías se evaporaron ante sus ojos temerosos.

Cuando Rask y sus 600 compañeros fueron teleportados al Palacio de la Conquista, en el centro de la capital, de nuevo le dispararon a Pol. De nuevo ella sonrió, se llevó la mano al vientre y le dio seis balas a Rask, diciendo: —Toma, creo que esto es tuyo. Todavía no vamos a destruir Aúllo. No antes de hablar con tus gobernantes. La suerte de un planeta no la decide un idiota.

Temblando de miedo, Rask llevó a Pol ante su jefe, el General Boj.

Le tocó el brazo al General Entebbe, y súbitamente se vio en la sala de conferencias del Simio. Allí le esperaba la verdadera Pol, con Nihau, Karin y diez tripulantes armados.

Diez minutos después llegaron los otros dirigentes del planeta. Diez personas en total.

Miraron a los férricos con admiración. ¿Por qué tenían sólo dos ojos? Esos ojoschicos eran algo diferentes: el ojos azules tiene largo pelo color de oro, mientras que el otro tiene dos ojos negros y pelo muy largo.

Todos lo negaron, pero le dije a Pol que sólo el General Entebbe mentía. Por lo tanto Pol se volvió hacia él y le dijo con severidad:

Los aulladores se miraron, y finalmente el presidente de Aksa pidió:

Lo leyó con atención. Era claro y corto:

Por este pacto el pueblo de Aksa y el Planeta Hierro tendrán una relación de paz, o ninguna.

Pidió la pluma y firmó. Después fue trasladado de nuevo a su palacio junto con una copia del tratado firmado también por Pol. Poco a poco los demás gobernantes desaparecieron con su copia del pacto hasta que quedó sólo el General Entebbe.

Mi aclaración a Pol fue tan rápida, que ella dijo inmediatamente:

El pobre aullador tuvo que aceptar porque sabía que podíamos borrar su continente de la superficie de Aúllo.

Los tripulantes pasaron la semana de vacaciones en Aúllo. Los habitantes no eran como sus gobernantes. Vimos que no había libertad de pensamiento o política en ese continente, pero Pol decidió que no habíamos ido allí a arreglar los problemas sociales de aquellos individuos semi civilizados. Recogieron toda la literatura y música del planeta y así nuestros biblioteca y museo comenzaron a coleccionar los tesoros culturales que encontrásemos, iniciando así nuestra misión principal desde entonces.

Dorina se convirtió en toda una tripulante nuestra, y Pol la nombró alférez. Tenía sólo dieciocho años, pero como prueba de confianza, la comandante le encargó el timón de la nave. Eso significaba tener que hacer cálculos sobre nuestro curso y guiar ella misma los motores y la dirección por medio del timón. De hecho ese timón me daba el rumbo deseado y yo realizaba las funciones necesarias para arribar allí. También existía la posibilidad de que el timón gobernase los motores directamente, aunque yo podría siempre anular eso, si fuese necesario. Pero tanto Pol como yo decidimos fiarle ese papel tan importante y Pol nombró a Dorina timonel y navegante de nuestra nave. Sólo Pol sabía la verdad, y por consiguiente ni Nihau ni Karin, ni por supuesto Dorina ni los otros veinte tripulantes sabían nada de mí. Se referían a mí como el ordenador central, por lo que cuando necesitaban que el ordenador hiciera algo, creían que ellos lo ordenaban, pero Pol y yo sabíamos que se trataba siempre de una petición. También sabían que había un consejero holo a bordo, Polholo, pero nadie lo había visto todavía.

La veintena de tripulantes sin tareas específicas eran soldados, y por eso tenían que practicar en el uso de sus armas personales. Karin, como teniente, era el jefe directo de Pench y Filip, que eran los alféreces que respondían de nueve soldados cada uno. Pero su tarea principal era controlar las copias holosólidas de sí mismos, de forma que si hiciese falta todos pudieran utilizarlas del modo más eficaz y sin miedo a morir sus propias vidas. Eso no eso gustaba nada, pero por suerte Karin era muy estricta y autoritaria, por lo que todo funcionaba como un reloj. Nuestra fuerza militar podría ser de diez mil inmortales, si hiciera falta. Dorina se convirtió en una de los nuestros desde el principio.

7 La flota de Hierro. Klaku por esperanta versio. Click for English version.

Cuando todo estaba en orden en Aúllo, al menos en lo relativo a las relaciones interestelares, tuvimos que volver a donde el comandante Ferris. El Azulado no había llegado a La Tierra todavía, pues le faltaba casi un año de viaje. En realidad había recorrido apenas la centésima parte del mismo. PorŜ eso le propuse a Ferris compartir con ellos nuestra tecnología, a cambio de colaboración y política de favores mutuos.

Hizo una pequeña pausa, pues tenia que tomar una grave decisión, la más importante de su vida, y luego miró al Comandante Ferris directamente a los ojos mientras decía:

Ambos oficiales vieron ahí una buena oportunidad personal y para su carrera militar, y aceptaron inmediatamente:

Los transporté de súbito a la sala de conferencias de nuestra nave, donde Pol los esperaba. Los aceptó como coronel y teniente coronel, y después analizaron las características y necesidades de un navío tan grande como el nuestro, y tras algo de discusión decidieron pedir doscientos tripulantes al Comandante Ferris.

Y él fue muy afable. Él mismo participó en una comisión conjunta con los tres oficiales férricos para filtrar las peticiones de casi la mitad de la tripulación del Azulado. Les advirtieron que la comisión sería sólo para un año, y después deberían volver a la flota terrestre bajo el mando directo de Ferris, o bien podrían quedarse en el ejército espacial de Hierro en caso de seguir queriendo hacerlo y sus superiores los confirmasen en modo definitivo. Pero Ferris no permitió que le dejaran más oficiales. Por eso Karin tuvo que proponer cinco capitanes y diez tenientes nuevos de entre los tripulantes. Tras una larga discusión de los pros y los contras con sus dos oficiales, finalmente Pol los aceptó provisionalmente, claro, con la condición de superar un un curso sobre estudios militares y ciencia del mando, que yo mismo les impartiría por medios aún por definir.

Yo sabía que era muy frío que mi relación con los humanos fuese sólo a través de un altavoz, por lo que diseñé un híbrido holográfico con cuerpo de simio, cara humana y pelo aullador, y de esa manera me presenté a Ferris en su sala de conferencias, cuando estaba solo.

—Buenos días, Comandante. ¿Me da su permiso para entrar?, —le dije desde el dintel de la puerta.

Sí, ser holmano (holo y humano a la vez) fue bueno para mí. Discutí con Pol el tema y decidimos que ella me presentase como un civil que estaba en la nave en calidad de observador holo que podría dar consejos sólo si se me pedía. Pol incluso me adjudicó un camarote privado junto al suyo, para que los demás viesen lo importante que era tener consejo de un holo cerca de ella. Pero yo no me dejaba ver demasiado por la tripulación. En realidad sólo cuando debía hablar con alguien en concreto.

La fiesta de despedida fue muy cálida, y se dijeron discursos cordiales y sentidos. Algunas horas más tarde cada tripulante se fue a su nave y nos separamos.

Luego sabríamos que se sorprendieron mucho en la Tierra cuando vieron regresar a su nave espacial con tanta rapidez y con tantas novedades. Se hicieron veintiuna naves según los descubrimientos de Ferris, y se prepararon más. Nosotros teníamos una tarea más importante: debíamos organizar una Flota Espacial desde cero, y teníamos poco tiempo. Unos días después de nuevo estábamos orbitando alrededor de nuestro planeta, y me teleporté al suelo en el lugar que me vi nacer y que mis raíces de nuevo perforan. Conferencié con mis amigos de mi especie y sólo diez decidieron hacer lo que yo, así que aceptamos ser sólo los ordenadores de nuestras naves respectivas, porque de esa manera controlaríamos todo. Sí que había un ordenador de verdad en cada nave, que podía realizar las mismas tareas que nosotros, pero el ordenador no podía decidir y nosotros éramos la voz de nuestro planeta, y si bien respetábamos las decisiones de nuestros capitanes, podíamos supervisar todo en la nave, si era necesario y rebasar todos los controles, porque nosotros éramos el control. Pero convinimos fingir que era el capitán el que lo decidía todo. Protegíamos su independencia y autoridad, y le servíamos como civiles.

Desde mi suelo natal ayudaba a Pol y a sus terráqueos a hacer otras diez naves, y después los coroneles Nihau y Karin (recién ascendida) practicaron con sus nuevas naves espaciales, llamadas Tierra I y Tierra II, que pronto conocimos como Uno y Dos. Pero el rango oficial para poder mandar una nave sería el de capitán, y por lo tanto los siete capitanes que habíamos nombrado entre los tripulantes del Azulado ya tenía cada uno su navío, que se conocerían en adelante como Nube, Holo, Apoyo, Sirena, Fuego, Estrella y Aúllo. Cada de ellos tenía su propio ordenador de a bordo, además de otro ordenador real, por supuesto, y también un civil holográfico que vivía cerca del capitán. Sólo Pol, Nihau y Karin sabían de nosotros, y tras una larga discusión decidimos que ningún otro capitán sabría eso, pues si no tienen la tranquilidad de saber que un holo podría supervisar y revisar todo, se sienten más asertivos al creer que tienen toda la autoridad y responsabilidad. Eso sería un secreto importante que nunca sabría ningún oficial de rango inferior al de coronel, según acordamos. Y por eso si se pierde el capitán nunca perderemos la nave. Uno y Dos estaban comandadas por Nihau y Karin, apoyados por un capitán ayudante, más dos tenientes, cuatro alféreces y ocho sargentos, que mandarían a un total de doscientos tripulantes de diversas especialidades. Eso daba un total de 224 tripulantes, si contábamos a los cuatro hidrargos, cuatro nubos y al propio holo. En cada nave de la Flota Férrica había sólo cinco naturales de Hierro, pero nosotros considerábamos que tanto nuestras naves como las del resto de los planetas integrados en la Federación Interplanetaria de Civilizaciones no pertenecían a quienes las habían hecho, sino a la Federación en sí. Los demás planetas fueron adquiriendo esa noción, y poco a poco se fue cimentando nuestra identidad interestelar.

Pol y yo diseñamos un plan para tener una flota espacial fuerte sin más de cien naves bajo el Mando del Almirante General Pol, ante la que responderían cinco Almirantes que a su vez tendrían a su cargo a diez coroneles que mandarían diez naves cada uno. Por supuesto, la promoción daría preferencia a los mejores entre los más experimentados. Nihau y Karin ya eran coroneles en sus naves correspondientes, junto con sus capitanes ayudantes, a los que irían formando como futuros coroneles cuando ellos mismos ascendieran a Almirantes. Cada coronel tenía su base en su nave capitana, que controlaría a su vez a las otras nueve bajo su mando, ya que la flota Férrica no tendría base en en el planeta, a pesar de que siempre habría dos naves orbitando el planeta en trayectorias perpendiculares y nunca coincidentes. Nunca serían las dos mismas, pues se irían turnando para no perder nunca el contacto con el planeta madre. En la tripulación de cada uno habría cuatro hidrargos y cuatro nubos, y por lo menos un holo, de acuerdo a la incorporación progresiva de los naturales de Hierro. El resto de la tripulación de cada navío espacial lo completaban doscientos tripulantes sin rango, en diversas especialidades, y al menos ocho sargentos, cuatro alféreces y dos tenientes, a juicio del capitán, que otorgaría el rango a cada individuo a su arbitrio, según las necesidades del servicio.

Esa era la jerarquía de nuestra flota en todos los planetas de origen de las naves, fuera Hierro, Klato, Aúllo o Tierra, o cualquier otro planeta que se adhiriera posteriormente, si bien cada planeta podría tener tantas naves como deseara y pudiera mantener, si bien las de los demás planetas estaban obligadas a prestarle ayuda, en caso necesario, por el tratado generatriz de la Federación misma. En realidad la única limitación estaba en el número de holos que estuviesen dispuestos a enrolarse en la fuerza espacial, pues había una gran diferencia entre los navíos en que los capitanes contaban con el asesoramiento y apoyo de los holos y los que no. Los que no disponían de ninguno de nosotros recibían esporádicamente nuestra visita de inspección, durante la cual actualizábamos las capacidades de su ordenador central por orden del Almirante de ese regimiento, a invitación del coronel correspondiente, que trataría a nuestra contrapartida solográfica (holografía sólida) como a un antiguo compañero de academia o amistad similar. Pero no sólo había holos en cada navío federal, sino que también había hidrargos, cuya misión principal era garantizar la estanqueidad de las cubiertas, y de nubos, que servían como ingenieros y oficiales de comunicación dentro de la nave y también con los que estuvieran en su cercanía. Tras varios siglos, quizá sólo décadas, teníamos previsto que los simios también participaran en la tripulación de nuestras naves, aunque sabíamos que esa sería la parte más complicada.

Pero todo esto sabíamos que no era más que un paso intermedio hasta conseguir lo que nos había hecho vislumbrar Heriberto: un futuro en que las naves espaciales quedaran obsoletas, porque todos los seres inteligentes aprendiesen a vivir sin ellas de modo que fueran capaces de transitar a cualquier punto del espacio y del tiempo para hacer el bien de todos, y no el de su propio individualismo.

Sí, una nueva época empezaba para un planeta pacífico y tranquilo al que una fuerza externa ya había amenazado y que podría ser amenazado de nuevo en el futuro. Nos sentimos muy poderosos al saber que el diez por ciento del pueblo holo vigilaba en la flota espacial. El otro noventa por ciento tenía otras tareas, mucho más eficaces que sólo nacer, reproducirse y morir. Desde el momento en que los terrestres nos visitaron por primera vez ya estábamos en una era nueva, la espacial, pues constatamos que es una bella misión en descubrir y aprender de otras especies repartidas por el universo.

Pero entonces descubrí que no debemos descuidar a nuestros soldados, y periódicamente visitábamos la Tierra para cambiar la provisión de nuestra fuerza humana, que servía un año y descansaba en casa al siguiente, en el planeta de su elección. Al principio era la Tierra, pero poco a poco fueron eligiendo otros, y de hecho cuando estaban de vacaciones sabáticas también conocían otras razas, exploraban otros mundos, y tenían otras experiencias de mucho valor para ellos y sobre todo para la flota a la que pertenecían.

Cuando la Simio visitó de nuevo la Tierra tuvimos el honor de firmar el Pacto de Defensa Mutua con la Tierra, que nos llevó a la formación de la Federación Interestelar de Civiliza­ciones, junto con Klato, el planeta de Pol. Después se incorporaron Aúllo y otros cinco planetas más. Eso complicó el asunto, y los sucesos y problemas aparecieron entre nosotros, pero eso nos obligó a ser más tolerantes y a buscar soluciones pacíficas, que desde siempre fue el rasgo dominante en nuestra federación.

Era paradójico que el una vez Comandante Ferris tomase parte en operaciones bajo el mando de Pol, su otrora ayudante, siempre consejera suya. Pero eso no duró mucho, porque tras varios años también él fue Almirante en la Flota Espacial Terrestre. Los klatanos no veían bien que la Flota Férrica estuviese llena de humanos, y por eso pidieron formar parte de nuestra tropa, cosa que lograron en una proporción justa, el 50%. Más tarde tuvimos tripulantes de cada uno de los planetas de nuestra federación. La mezcla y la cooperación de todos en cada uno de nuestros navíos espaciales cementaba el nuevo pacto. Eso, convinimos, haría a nuestra federación mucho más sólida. Se sorprendían de que nosotros los holos, los motores de la federación y de la construcción de naves espaciales, nos contentásemos con emplazar sólo a un civil en cada nave fuese nuestra o no, auxiliados por cuatro nubos y otros tantos hidrargos, pero la realidad era que considerábamos que toda nave era de la Federación, y no del planeta que la había construido o la mandaba. Pero así éramos nosotros: observadores pacíficos y consejeros de corazón. Mis paisanos elegían solidificarse como hembras en lugar de varones, excepto Izholo, que servía en Tiera II, quizá porque allí el comandante era mujer, la coronel Karin. Tenía la convicción de que dos varones tenderían a confrontarse, al menos en la mente del capitán, mientras que un civil de el otro sexo podría facilitar una relación más amable. Yo no podía quejarme de mi relación con Pol, y según mi experiencia era cierto lo que defendía Izholo. De hecho cuando el capitán Sebastián tuvo que dejar el mando por acceder al Alto Mando de la Tierra como coronel, la capitana Petra Schneider se encontró en su navío al consejero Pablo Holesko dispuesto a ayudarle en lugar de la antigua consejera Inmino Kalda, que tuvo que irse a Hierro para hacerse cargo de su nuevo destino… Pero en realidad se trataba de Inmino, la misma computadora, había cambiado su holografía sólida para relacionarse mejor con la nueva capitana.

8 La fuerza federal. Klaku por esperanta versio. Click for English version.

La Tierra, nuestro hogar. Tras sólo unos pocos años de vida la Federación de Planetas se reveló como fuerte alianza cuando se detectaron alienígenas en la Tierra misma.

Eso ocurrió en el último día de nuestra visita. Los terrestres tenían un firma especial en sus genes, pero nuestros sensores detectaron otras firmas en algunas ciudades. Nos despertó la curiosidad y a nuestras preguntas, los terráqueos respondieron que no había otras especies en el planeta, excepto las de los klatanos y nosotros. Retrasamos nuestra partida y enviamos cien soldados solográficos con sensores para analizar varias ciudades. Captaron esas firmas extrañas e identificaron a los individuos, capturando algunos y trayéndolos a nuestra nave. Se les interrogó y finalmente cedió su control mental, y pudimos comprender que pertenecían a una especie cuyo planeta moriría en unos pocos años y por eso estaban preparando la invasión de la Tierra. Los cautivos eran tan parecidos a los terráqueos que podrían hacerse pasar por ellos, y finalmente nos dijeron que eran olvanos, del planeta Olvo. Controlamos todo el genoma de los cautivos y gracias a eso pudimos localizar a toda la expedición olvana, en total diez mil soldados, y nos los llevamos a su planeta. Dejamos en la Tierra las herramientas necesarias para descubrir a los posibles alienígenas que se nos hubiesen podido escapar a nosotros, y fuimos a Olvo a dejar a los invasores allí. Pero al hacer los cálculos para llegar a ese planeta, detectamos una variación de su firma genética en el planeta deshabitado Elbol, en la constelación Alfa Centauro, y tras hacer las pruebas necesarias, nos dimos cuenta de que los olvanos podrían vivir allí en condiciones muy similares a las de su planeta de origen. Al llegar a Olvo les dimos la nueva noticia. El Canciller Pessnen se alegró mucho de nuestras averiguaciones. En cualquier caso, la civilización olvana sobreviviría gracias a nuestra acción. Pedimos a los ya elbolanos que se adhirieran al pacto de entrada en nuestra Federación, y aunque aún no tenían fuerza espacial sino sólo algunos transportes interplanetarios, aceptaron encantados estar entre nosotros. Una de nuestras líneas maestras es ayudar a las civilizaciones menos desarrolladas,

Vivir clavado al suelo tiene la ventaja, entre otras, de que uno no se mueve sin necesidad, y la por lo tanto uno no se pone en peligro a sí mismo o a sus amigos. Pero otros individuos, como Pol y Karin, tienen de meterse en aventuras indeseadas exactamente porque se pueden mover y además sienten curiosidad por muchas cosas que no siempre les convienen... Pero prestemos atención a la relación de la propia Pol:

9 ¿Tiempo perdido? Klaku por esperanta versio. Click for English version.

El tiempo fluye... Todo ocurrió en mi periodo de vigilancia de Hierro. Entonces tu planeta, Polholo, ya tenía sus diez naves espaciales, la Tierra doce y Klato 200, pues aunque la mayoría no se podía comparar a las terrestres o a las vuestras, al revés que los terrestres, decidieron no destruir las que ya tenían por motivos sentimentales, supongo. El diseño esferoidal de las nuestras nos permite añadir nuevas cubiertas sin límite, y ahora nuestros navíos son tan grandes como satélites naturales pequeños, de forma que pueden mantener a decenas de miles de personas junto con, si es necesario, toda la población de Hierro, incluyendo a las cuatro especies completas. Si hubiese una catástrofe natural y tuviésemos que cambiar de planeta, ya podríamos hacerlo con facilidad.

Se llamaba Heriberto. Decía que era terrestre, pero que no nacería hasta dentro de tres mil años en el futuro. Evidentemente, como verdadera klatana, no le creí en absoluto. No obstante, me permití imaginarme la teoría y ver a dónde nos podía llevar, y qué quería en realidad de mí.

Y desapareció de pronto. Quizá tenía una máquina de teleportación igual que la nuestra. Yo creía que éramos los únicos que teníamos esa tecnología, pero parece que estaba equivocada.

Pero el asunto me martilleó la mente durante varios días. No podía olvidar al viajero del tiempo. ¿Estaba yo renunciando por prejuicios a una experiencia extraordinaria? En realidad no había mucho que hacer aquí, en la órbita de Hierro. Ya habíamos estudiado toda su geografía, buscando alguna pequeña variación...

Por eso discutí el asunto con el primer oficial que encontré.

Heriberto sabía, al parecer, cuándo estaría preparada, porque en ese momento apareció como si se tratase de un diablo que colecciona almas.

Hice venir al teniente Gonzo Duforest a la sala de reuniones y le pedí que se hiciese cargo de la Flota Férrica hasta que yo volviera, pues Senda y yo teníamos una misión que realizar con nuestro visitante. Él miró largamente a Heriberto y se hizo cargo de la situación, fuera la que fuera, y me aseguró que procuraría tomar decisiones sabias, como las que yo tomaba en momentos delicados.

Cuando Gonzo ya se había ido, le dije a nuestro visitante:

No nos dijo a qué planeta nos había llevado. Era por la mañana temprano y estábamos en un pueblecito en medio de una llanura amplia. Parecía que todos dormían, hasta los animales, pues no se oía ningún sonido. Los tres caminamos tranquilamente por las calles hasta que llegamos a una plaza grande. Ellos dos llevaban sombreros que les ocultaban las orejas, que eran demasiado redondas en comparación con las mías y las de, como vimos después, de los aldeanos. ¿Se trataba de mis antepasados? El pensamiento me me excitó de pronto.

Vimos a un vagabundo durmiendo en un banco. Se despertó al llegar nosotros, y nos preguntó:

Su cara de jugador de póker nos dijo que no tenía idea de dónde demonios estaba Romeno, y después Heriberto me diría a mí que él tampoco lo sabía.

Poco a poco los aldeanos fueron apareciendo y marchándose a sus asuntos, a veces echándonos una mirada a nosotros, extranjeros que hablan con un vagabundo. Pero una persona vino a nosotros para preguntarnos si éramos los enviados de los dioses para ayudarles contra los leones. Se trataba del alcalde.

Según nos contó, los leones no eran como los de la Tierra o Klato, porque no tenían melena, como en la Tierra, y eran de mucho mayor tamaño que los que conocíamos. Leí directamente en su mente que los leones eran enormes y de color amarillo, pero sin pelo. El pobre alcalde había visto una vez cómo un león tomaba a un niño y se lo llevaba para comérselo a gusto.

Zenzum... Me suena.

Pero se equivocaba, como veremos a continuación.

En aquel momento vimos descender una nave espacial bajar del cielo y aterrizar lentamente. Fuimos a saludarlos, pero los leones fueron más rápidos que nosotros. Cuando estaban llegando al suelo cuatro leones ya rodeaban a dos personas embutidas en trajes espaciales. Una de ellas sacó una pistola y disparó al león que tenía más cerca, pero a pesar de acertarle, no le hizo mella alguna. El animal dio un rugido terrible, pero en ese momento Senda fue la que disparó y lo mató inmediatamente. Yo saqué mi arma y maté al segundo, mientras mi compañera mataba al tercer león. El cuarto se fue corriendo para salvar la vida.

El sujeto hizo un gesto similar y dijo algo que no comprendí. No obstante, yo vi agradecimiento en su mente. También supe que no habían esperado encontrar ninguna especie más avanzada que la suya, de lo que en realidad no se quejaban porque les habíamos salvado la vida. Tras un rato de semi diálogo de sordos (pues de hecho yo sí los comprendía por mi facultad telepática, pero no conseguía comprender sus palabras, sino sólo sus imágenes mentales), decidieron volver al cielo, a su nave nodriza, para decirle a sus superiores que este planeta no les servía, porque había una especie más avanzada. Y tendrían que seguir buscando un planeta en el que vivir.

En ese momento Heriberto nos mostró una pequeña esfera roja y dijo:

Puso las manos sobre los hombros de Senda y los míos y de pronto nos encontramos en la sala de reuniones de la Simio, nuestra nave.

Nos besó en la mejilla, nos abrazó a las dos a la vez, y luego desapareció.

Y ahora lo sabes tú también, Polholo. Vivimos la mañana más extraña de nuestras vidas.

10 Él, robot Klaku por esperanta versio. Click for English version.
En memoria de Isaac Asimov.

Robot

Mientras estábamos fuera, el teniente Gonzo Duforest fue el Almirante de hecho, sin saber que yo lo controlaba todo a pesar de no encontrarme en el Simio, sino en el querido suelo que me vio nacer.

Sí, fue un enorme placer para mí perforar de nuevo el hierro suave de mi suelo y solidificarlo por medio de mi proceso vital por el que me solidifico en mi tronco y en mis ramas, derramando los gases que me sobran en el aire para que los nubos los aprovechen. Pero estas vacaciones mías en mi planeta nativo no me impiden seguir en contacto con mi nave todos los días y recibir información sobre lo que sucede allí. Mientras no estoy a bordo, el ordenador y el personal de mantenimiento se ocupan de todo, pues muchas reparaciones deben hacerse a mano, y los trabajadores no pueden siempre llegar al lugar necesario a tiempo. Yo, por el contrario, estoy en todas partes al mismo tiempo por medio de mis sensores y relés. Desgraciadamente tuve que seccionar algunos para volver a casa, y disfruté de mi estancia en mi planeta durante algunos meses.

A pesar de que no todo lo relativo a mi supervisión remota de mi nave era evidente para Duforest ni para el resto de los terrestres y klatanos mientras trabajan en la nave, yo les hablaba todo el día, aunque estuviese en la superficie, por medio de la radio.

Ya había pasado un año en mi planeta, y echaba en falta el movimiento y la aventura. Descubrí que se me había desarrollado una sed de contacto con otras especies a las que podía ayudar contra enemigos como los aulladores, o ayudarles, como a estos mismos aulladores, a evolucionar y ser útiles a los demás. Sí, este invento de Tierra y Klato, la Federación Interestelar, era una idea muy buena para impedir que desapareciera del universo especie inteligente alguna. Nuestro modo de vida de integrar, no competir, con otras especies inteligentes era muy útil y enriquecedor, como demostramos al integrarnos en una única civilización multicultural nosotros, los holos, simios, hidrargos y nubos, como la Cultura Férrea.

Cuando Pol y Senda volvieron de su extraño viaje (después Pol me informaría que en realidad se trató de una misión y aventura en el pasado), tuvimos que patrullar nuestro espacio, que incluía nuestro sistema solar y el resto de la galaxia, mientras la nave de guerra Uno nos substituyó en la órbita de nuestro planeta.

Activé un rayo tractor y pronto lo tuvimos en nuestra cubierta de carga 14ª. Tanto Urikami como yo acertamos y nos equivocamos a la vez: tenía forma y cuerpo humanos, pero el interior era mecánico. Se trataba de un objeto mecánico que parecía persona: era un robot que estaba a la deriva.

Lo metimos en una sala grande. Los ingenieros estudiaron sus mecanismos y descubrieron que estaban más allá de toda posible reparación con nuestra tecnología. El cerebro, a pesar de venir de una tecnología desconocida para nosotros, parecía estar completo. Quizá porque no tenía partes móviles, si bien estaba claro que no funcionaba.

Ulca Misinski era una belleza rubia y alta, delgada hasta casi la exageración, del Mar del Norte europeo, experta en exobiología, que estaba en ese momento en su turno en la sala de mando de nuestra nave.

La muchacha miró a su jefe directo, Rolstov, al que Pol le dijo, al darse cuenta:

Aquella se revelaría luego como orden sabia, porque dos meses después Pol tenía un informe completo de Ulca:

El ordenador, o sea yo, estaba callado. No se espera que el ordenador charle con los tripulantes, aunque nosotros siempre debemos estar dispuestos a dar información.

Pol respondió con una sonrisa sutil.

La tripulante invirtió muchos días probando las contraseñas que le fui proporcionando. De hecho le di miles, pero la dejé sola con el robot. Sólo cuando me daba cuenta de que estaba cansada o baja de ánimo la visitaba en forma de holografía sólida para charlar sobre nuestro proyecto. Elegí para eso fin el aspecto de un cincuentón paternal delgado, con poco pelo en la cabeza y una sonrisa comprensiva. La escuché mucho, aunque supiera ya todo lo que ella había descubierto sobre el robot. Eso me vino bien para saber qué consideraba importante. La visité pcoo tiempo varios días a la semana, hasta que la oí decir por fin:

Sí, la cara del robot tenía rasgos nuevos: su boca se abría, y de ella salía ruido mientras se movía, y oímos una voz profunda y fuerte, que dijo:

Me sorprendió lo que no había visto yo antes, pero que estaba claro: debe haber un nivel nuevo en la base de datos del robot, algo que yo no había visto, o posiblemente no apareció hasta que se dijo la palabra de seguridad en su relación… Lo sondeé y me encontré una nueva cultura sobre la anterior, y la copié en la base de datos de nuestro navío. Así comencé una copia de la historia y cultura roxas, y otros rasgos de su civilización. Pero no por eso Roberto dejó de informarnos.

Eso me recordó que también nosotros viajamos en un navío espacial, y mis compañeros podrían morir y yo quedarme solo… No, el pensamiento me incomodó mucho.

La encontré en el banco de datos del Simio: esa estrella estaba a tres años luz de nosotros. Sostrent fue destruido en una guerra entre dos imperios que ya no existían. Después de destruir sus planetas respectivos, los supervivientes se exterminaron el uno al otro hasta que finalmente fueron absorbidos por otras culturas totalmente ajenas a los dos. No obstante quedan apenas unos 200 individuos, de más de seis billones de personas.

Hizo un movimiento automático hacia su arma. Después sonrió y se puso colorada. Le di un golpecito en el hombro y le sonreí mientras le decía:

No saber por qué el robot no se podía mover nos llevó a trasladarlo al taller y llamar a un ingeniero y mostrarle los planos y esquemas que el propio robot nos había dado antes de que Ulca lo mandara a dormir de nuevo. Los estudió y tanteó el sistema de relés y sus motores; luego nos dijo que podría repararlo, pero tardaría días, quizá semanas, porque había que fabricar piezas nuevas.

Pero el ingeniero Telmo se equivocaba: tras sólo tres días vimos que Roberto16 ya se movía por sí mismo. Todavía no podía hacer trabajo pesado, pero sí que podía andar y hacer cosas delicadas con las manos, aunque me di cuenta de que no había mucha coherencia en los actos y las palabras de ese individuo mecánico. Dijo que podía repararse a sí mismo más tarde, mientras dormíamos, pero Ulca insistió en desconectarlo siempre que no estuviésemos con él. Sí, yo seguía constatando lo paranoicos que son los terráqueos…

Durante varias horas hablamos con Roberto, hasta que Ulca dijo que estaba cansada y nos fuimos a dormir.

Pero cuando ella ya dormía, yo volví a ver al robot.

Pero había algo extraño que yo ya sabía, pero que ahora me excitó la curiosidad: ¡podía leer el pensamiento del robot Roberto16! ¿Se trataba de una persona? Bueno, confieso que no consideré ese pensamiento ni siquiera un minuto. Sólo consideré que era algo útil. Le dije al robot que tenía que hacer cosas, y me fui. Al salir de la habitación mi cuerpo holográfico se disolvió en el aire. El robot pensó que estaba solo, pero yo lo observé con atención. Roberto estaba en pie en medio de la habitación e intentó moverse, quizá para repararse, pero algo se lo dificultaba: de pronto se acordó de las cien obras principales de la literatura sostrenta. De hecho yo le hice pensar detalladamente sobre eso, y registré todo en los bancos de memoria del Simio. Esa era una manera de salvar la cultura: capturé su espíritu por medio de sus obras. También registré su música y la pintura, o por lo menos sus imágenes. La cultura sostrenta la salvé aquella noche para la historia universal. Desde nuestro ordenador la envié al central federal en la Tierra y también en Klato, por lo que ya había cuatro copias de aquella civilización y cultura, incluyendo la que había en el cerebro del robot. Eso sigue la regla de la Federación Interestelar: compartir toda la información sobre la cultura de todos.

Cuando acabé la copia, visité de nuevo a Roberto y lo desconecté con la palabra Kafka. Pero no pude dejar de preguntarme sobre qué clase de cerebro tiene ese robot. La telepatía funciona con los cerebros humanos o similares, pero no con los ordenadores. Con estos necesito conectarme por medio de un instrumento, pero con los tripulantes el instrumento es su mente misma: si un ser es capaz de pensar por sí mismo, puedo conectar con él telepáticamente. Y ese robot puede pensar por sí mismo, pues por la telepatía yo puedo saber todo lo que hay en su cerebro, y qué piensa. Por eso me pregunté: ¿Roberto es una persona? ¿La mente produce el alma? ¿El alma posibilita el pensamiento? ¿El pensamiento es sólo una función del cerebro y nada más?

Al día siguiente de nuevo me encontré con el robot por medio de otra forma solográfica sólida, esta vez de mujer:

En realidad en mi planeta de nacimiento, Hierro, las cuatro especies dominantes se toleran entre sí, quizá no habíamos necesitado trabajar con el mismo objetivo hasta que fuimos atacados por un enemigo común. Ahora hay hidrargos y nubos trabajando juntos con los terráqueos y klatanos, y también con los holos, en nuestras naves...

En ese momento Ulca llegó y se unió a nuestra conversación.

Ulca me miró, divertida. Era una muchacha de 24 años, demasiado joven para tener un hijo tan grande.

Quedó en silencio un largo momento, mirando el suelo. Su cara se puso muy seria, incluso triste, y finalmente dijo algo muy despacio:

El robot hizo una pausa, como si pescase algo en su memoria. Pero yo encontré la fecha que él no quería confesar. Finalmente dijo:

Si los robots pudiesen llorar, diría que él lloró en ese momento.

Ulca y yo nos miramos.

Durante mucho tiempo esta historia de nuestro robot me hizo pensar obsesivamente. ¿De verdad era persona, al menos de nacimiento? Ulpio en su origen, y después roxo y sostrenta. Quizá con el tiempo se haría terráqueo, klato, o más probablemente federal. Pero el sufrimiento interno le causaba desear la muerte, o por lo menos la desconexión. Desgraciadamente Roberto Nkala, también llamado Roberto U. Sostrenta, el último ulpio, no consideró que si se iba, tres culturas morirían con él. Sí, no podía dejar de pensar en eso… Sí, una vida de setecientos años merece descansar. Nosotros mismos, los holos, no vivimos más, pero Roberto no consideraba que al marcharse se irían esas tres culturas. Desgraciadamente yo no sé nada de los ulpios. ¿Todavía existen?

11 La extraña nave Fnkrich. Klaku por esperanta versio. Click for English version.

Pasaron cinco años. Pol y yo tuvimos largas conversaciones sobre robots y sobre nuestro robot; y finalmente llegamos a un pacto doble: lo conservaríamos en nuestra nave en un lugar que sólo conoceríamos los dos, y nunca le hablaríamos a nadie de Roberto. Esto sería algo privado, un asunto secreto para Pol, Ulca y yo mismo. El Fnkrich Durante ese tiempo sucedieron muchas cosas, entre ellas la promoción de Ulca, que al no querer abandonar el Simio, fue nombrada finalmente capitana adjunta del navío. De hecho era la que lo mandaba, pues Pol tenía que lidiar con muchos problemas de toda la flota, y se ocupaba de nuestra nave sólo en su tiempo libre…

Poco tiempo después de la desaparición de nuestro robot tuvimos que viajar fuera de nuestro sistema para patrullar parte de la galaxia, buscando nuevas culturas inteligentes, dejando la nave klata Áurea vigilando nuestro hogar, junto con la terrestre Ruskin.

La flota espacial de la Federación ya tenía más de mil naves, y por eso los primeros tenientes y alféreces ya eran capitanes que mandaban sus propias naves.

Pol tiene mucho trabajo unificando las tareas de toda la flota porque es la Almirante en Jefe y la mejor experta de toda la flota en estrategia espacial militar, aunque nunca renunciaría al mando de la Simio. El asunto era algo complicado para ella, porque nuestras naves eran mucho más rápidas que antes, y por lo tanto ya podían patrullar un espacio más vasto que en toda la historia de la Federación.

Nuestras misiones ya son mucho más aburridas que antes, en nuestros comienzos. Pero hace dos semanas algo rompió nuestra monotonía, cuando encontramos una nave extraña en la mitad del espacio entre nuestra galaxia y la de Andrómeda. Le enviamos un mensaje, pero no no recibimos ninguna respuesta. Por eso varios exploradores fueron enviados para contactarlos en persona, y consiguieron entrar en la nave. Pero no encontraron a nadie vivo…, hasta que llegaron a una habitación en que había diez máquinas en forma de ataúd. Acompañé a la propia Pol a esa cámara y lo vimos con nuestros propios ojos...

Ulca tuvo, por lo tanto, una nueva misión en la cámara secreta. Fue  uno de los mayores comedores, y frente a un pequeño armario empotrado dijo con voz fuerte: ¡Roncubierta!, y como por arte de magia desapareció la puerta de dicho armario y apareció Roberto.

Cuando los dos aparecieron en nuestro supuesto navío sostrento, no necesitamos decirle a Roberto de qué se trataba. Fue al mayor de los muebles, que miraba a la pared, y abrió una puertecita. Después oprimió una tecla, y una pantalla comenzó a mostrar mucho texto en un alfabeto que no conocíamos. Balbució algo en voz baja, como si rezase. Después de diez minutos sus manos y dedos cobraron vida, como si fueran animales independientes de su cuerpo, porque casi no los veíamos. Pero mucho texto de aquella clase comenzó a florecer en otras pantallas, y en los ataúdes comenzaron a iluminarse luces de diferentes colores. El propio navío comenzó a iluminase, y oímos que los sistemas del mismo comenzaban a funcionar de nuevo.

El robot pulsó distintas teclas en otro mueble, y los extraños comenzaron a respirar despacio, y el color de su piel comenzó a tomar color, un color marrón.

Ella asintió a sus tripulantes, y se quitó el casco espacial que la mantenía viva fuera de la nave. Sus tripulantes la imitaron.

Roberto continuó el trabajo con los ordenadores de esa cámara, y poco a poco los sistemas volvieron a sus funciones. El navío espacial de nuevo se iluminó y había un leve zumbido en todas partes. Por lo visto no sólo las personas habían estado durmiendo.

Después de dos horas, los ataúdes dejaron de zumbar, y los individuos bajitos abrieron los ojos y se sentaron. Hablaron en una lengua extraña, pero gracias al pensamiento de Roberto, yo lo comprendí todo:

¡Esta vez el amo era el propio Roberto!

Le dijo a la mujer:

Se levantó y se acercó a él, y Roberto lo revivió en primer lugar. Mientras recobraba la conciencia, el robot revivió a los otros siete.

Vimos que la nave tenía ya un escudo eficaz, motores y sistemas vitales, aunque la tecnología que usaban no tenía nada que ver con la nuestra. Yo diría que era mucho más antigua.

Pol y varios terráqueos le ayudaron a levantar a los individuos, y finalmente recobraron la conciencia.

Evidentemente no entendíamos su lenguaje, ni él el nuestro, pero Roberto proporcionó la traducción simultánea:

Sin esperar más órdenes sobre el asunto, Roberto le inyectó algo en el brazo al capitán, y este cayó dormido mientras nuestro robot decía; —Descanse un poco, capitán Dmtruck. Después le informaré a usted de todo.

Pero el informe de Roberto tuvo que esperar, porque en ese momento se nos informó que se acababan de encontrar más cámaras con veinte ataúdes en cada una. Roberto les enseñó a los doctores de a bordo a revivirlos de modo que la mitad de la tripulación original se salvó. Y entonces Roberto buscó a la Almirante y le contó lo que había descubierto en los ordenadores de la nave ulpia.

El informe de Roberto fue largo y completo: el Fnkrich es una nave de exploración científica que dejó su planeta hacía 50235 años, y encontraron diversas civilizaciones, pero fueron atacados por depredadores que los capturaron, y se llevaron todo lo que encontraron con valor que se pudieron llevar, hasta los alimentos. Por eso la única posibilidad de no morir era reposar en ataúdes especiales que detuvieron sus procesos vitales hasta que un procedimiento especial se los devolvieran, o perecerían. Fue providencial que Roberto pudiese aprender dicho procedimiento de la máquina por medio de la lengua antigua usada por los ulpios. El navío se llamaba Fnkrich, que significa roble.

El ordenador de nuestra nave actualizó sus conocimientos por medio de la base de datos del Fnkrich. Los atacantes eran de una raza de un planeta extinguido, Krintsuj, que querían crear un imperio en aquella época. Por desgracia la información del ordenador del navío ulpio no era completa, porque dejó de registrar cuando el sistema mismo se desactivó cinco años después del último acto del personal de a bordo. Gracias a eso tuvo suficiente energía para mantener a los tripulantes vivos tanto tiempo, y además proporcionar a Roberto la información necesaria para reparar todo. Después supimos sobre las tareas importantes que el robot hizo en tan poco tiempo. Nuestro súper ordenador había registrado una fábula dentro de una novela de ciencia ficción sostrenta, sobre los Kritsuj. Aunque en ese relato los kritsujos eran los héroes y tenían buen corazón, dedujimos que aquella raza y sistema planetario dejaron de existir hacía más de diez mil años. Por eso las novedades más frescas y exactas eran las del ordenador de la Fnkrich y en la memoria de sus tripulantes. Ironías del espacio y del tiempo, ¿verdad?

Durante el resto del viaje, el capitán Dmtruck se despertó e hizo amistad con Pol y los demás oficiales. Contó que durante más de ocho años habían visitado diversos sistemas y estudiaron sus razas y planetas, y todos fueron amistosos, excepto los kritsujos, que casi los mataron. Roberto recibió un nombramiento de Pol, que le dio la ciudadanía federal, y le dio el trabajo de capitán médico del Simio. De hecho sabía más de medicina que los demás médicos, y dominaba varias especialidades médicas de cada especie viva en nuestra nave. Ya no deseaba suicidarse, porque de nuevo había encontrado un futuro para su propia raza, aunque todavía no tenían planeta. Pero aceptaron el de Pol provisionalmente, dijo. Aunque no sabía todavía qué haría con su vida, estaba claro que sería junto a los de su cultura, los ulpios.

Roberto aclaró al capitán y a sus compañeros que mientras ellos dormían, ocurrieron muchas cosas en casa, y que los roxos oprimieron a todo el planeta, e incluso lo bautizaron como ellos, Roxo. Los ulpios y otras razas del planeta fueron exterminados por los roxos, excepto los que utilizaron para mejorar a sus robots, que finalmente trabajaron para ellos durante miles de años, de modo que los últimos roxos no recordaban que otras razas vivieron una vez en paz en el mismo planeta, Unskr, en que en su lengua significaba Unidad.

Teníamos las coordenadas del último lugar registrado de ese sistema, y después de calcular las variaciones durante los últimos cincuenta mil años, apuntamos directamente al lugar hallado.

12 Nueva vida, vieja cultura. Klaku por esperanta versio. Click for English version.

Nos equivocamos en el lugar de Unskr en unos tres mil años luz, pero cuando lo localizamos dudamos si sería el de los ulpios y roxos porque no había ninguna huella de los wondos allí. Los buscamos por todo el planeta sin encontrar a ninguno, ni restos de que hubieran estado allí. Unskro Quizá cambiaron de idea, y se fueron. Pero ¿por qué?

Fue un momento emotivo cuando llegamos a la órbita del viejo planeta Unskr. Enviamos una sonda, y los informes eran muy esperanzadores la atmósfera ya no era wonda, sino casi respirable por los ulpios.

Enviamos holografías sólidas de diferentes soldados y científicos nuestros y ulpios, y poco a poco restauramos la atmósfera original.

El Simio se quedó con los ulpios durante dos largos años. Antaro, el navío más nuevo de nuestra flota interestelar, vino a ayudarnos desde su planeta madre, Aúllo. Trajo dos mil tripulantes y cinco mil trabajadores de diversas especialidades, que ayudaron a revivir el planeta.

Después de varios meses el aire de nuevo era respirable para nuestros amigos, e incluso nosotros. Los terráqueos y los klatanos debíamos utilizar trajes espaciales porque el oxígeno en aquella atmósfera era del 30%, y los otros gases no importaban. Pero si no usasen trajes espaciales podrían emborracharse con la alta concentración de oxígeno, como sabemos.

Sí, Roberto era un buen médico y oficial científico. Nos era muy útil. Sí, le echaremos de menos. Principalmente su mamá, Ulca.

No creí a Dorina, pero no obstante la acompañé la siguiente personificando a un simio férrico. Estuve atento a lo que ocurría todo el día, y vi que ya no éramos diez, sino trece. Me acerqué a todos, y a todos les dije algo. Pero descubrí a tres personas que no conocía: un hombre y dos mujeres.

Una de las mujeres estaba más cerca de nosotros, recogiendo leña.

Aquello me asombró.

La mujer se dio cuenta demasiado tarde que se había traicionado.

Algunos días después fui invitado con Pol a aclarar lo que le había resumido a Zorkaz. También vino Dmtruck como funcionario de mayor rango en la renaciente sociedad ulpia.

Sin embargo la aclaración vino de propio Roberto, que llegó cuando ya nos habíamos presentado. Asistió atento hasta que explicamos nuestra invitación. Dijeron que discutirían el asunto entre ellos más tarde…, pero entonces nuestro robot pidió la palabra y dijo algo que nos sorprendió a todos, sobre todo a los wondos:

Después de que quedara Roberto en silencio, Dmtruck tomó la palabra y dijo:

Discutieron los pros y los contras de los argumentos, y al final decidieron quedarse en Unskr. Después de varios años el planeta estuvo totalmente restaurado, y los unskros compren­dieron que la sociedad robótica ya no era adecuada, porque los robots pueden hacer sólo lo que se les dice, pero no están diseñados para la guerra, sino para servir. Roberto no quiso ninguna función en el gobierno o en el estado, sino que se quedó como profesor, y consiguió enseñar su arte a muchas promociones de médicos y enfermeros.

Unskr desarrolló su propia flota espacial. Finalmente se unieron a la Federación, cuando demostraron que en su planeta había sólo una aspiración y sociedad, a pesar de existir diferentes razas y culturas. Los wondos fueron bienvenidos como federales, porque ya eran unskros.

Dorina se hizo capitana de la nave espacial Kanster, y tuvo una vida muy aventurera y venturosa, pero quizá contaré eso en otra ocasión. La Flota Estelar creció mucho, y cada nuevo miembro contribuyó con sus propias naves, que ahora suman doscientas mil. El hecho de que somos muchos es nuestra mejor nexo de  unión.

Os podría contar muchos otros sucesos que presencié, o que me contaron mis camaradas, pero por lo que os he contado hasta ahora ya tenéis una idea de lo que la Federación Interestelar de Civilizaciones puede hacer por las personas. Uno de muchos. He ahí nuestra divisa.

¿Fin?

Si quiere usted apoyar la presentación de obras como esta, puede comprar este libro en formato digital en Amazon en versión española o inglesa. O ambas, si desea practicar alguno de los tres idiomas...
NOTAS.-
  1. Alusión y homenaje al estupendo libro I, Robot (Yo, robot), de Isaac Asimov, que tanto me enseñó cuando estaba aprendiendo inglés, hace ya algunos años... Seguir leyendo.
  2. En realidad la nave se llamaba Tierra Uno. Seguir leyendo.
  3. Miguel Pruvski era la personalidad que yo adopté. Sólo Pol sabía mi verdadera identidad, cuando algún tripulante tenía que descansar y no había sustituto disponible, yo personificaba a otro de ellos hasta que llegaba el personal de refresco, pues había tareas que no admitían retraso. Seguir leyendo.
  4. Isaac era el nombre de pila de Asimov, por lo que no andaba yo tan descaminado sobre el tema. Seguir leyendo.
  5. Π, o sea el número PI, era el nombre de la residencia universitaria de Ulca, y ese otro número tan extraño era la fecha de su nacimiento, el 14 de octubre del año 3239, a las seis y treinta y tres minutos de la tarde. Volver a la lectura.
  6. Claro que esto es traducción a nuestra manera de contar el tiempo. Volver a la lectura.
  7. De Anthony Burgess, 1966. Volver a la lectura.
  8. En realidad dijo muchas palabras malsonantes, pero constatando de pronto que la podía oír alguien, se recortó un poco y exclamó ¡Rayos y centellas!
    Volver a la lectura.

Bibliografía.

Se encontrará siempre la lista actualizada de mis obras en mi página web, Obra completa. No obstante, os recuerdo las narraciones que hemos compartido en esta página:
  1. Un cuento infantil, o El soldado y la bruja : tiene dos partes, una para niños y la segunda para adultos. Escribí el cuento para celebrar el Día Internacional del Niño, el 2 de abril de 2012. También creé las versiones esperanta e inglesa de mi narración más corta
  2. El pecado del talibán: un creyente ferviente propicia una lapidación y luego lo lamenta el resto de su vida. No obstante, Dios es compasivo y puede corregir eso..., pero no sin costo.
  3. Amén: Fantasía sobre lo que ocurre después de la muerte.
  4. La psicóloga : el protagonista conoce a una mujer que nadie más puede ver, junto a un árbol en el parque. Cree que se ha vuelto loco, y por eso visita a la psicóloga mejor de de su ciudad, que le soprende de varias maneras. Escribí este cuento en febrero de 2015 en inglés, y luego lo traduje al español y al Esperanto. Si lo prefieres leer en alguno de esos idiomas puedes pulsar los enlaces correspondientes.
  5. Abuelo y nieto : Se me ocurrió la idea central de este libro cuando nació mi nieto, y por eso se lo dico a él. No obstante, no hay nada biográfico en este relato. Es un libro muy breve, de apenas cuarenta páginas en tamaño A5, y el argumento trata de la literatura como puente que une al abuelo y al nieto. En opinión de los lectores el cuento es divertido, y nadie se ha quejado del tiempo que le han dedicado a leerlo. Como mis otros relatos, se puede leer gratuitamente y sin resumir en su versión esperanta.La publiqué en esta web el 15 de agosto de 2016.
  6. El año que fui mujer . Un anciano se convierte en mujer joven. Es mi primera novela escrita originalmente en inglés Ahora se puede leer en Esperanto. Publicada en versión digital en Amazon en inglés, y luego en español. Pero aquí se puede leer en Esperanto.
  7. La Cronista, o Los amos del tiempo: un maestro nacional jubilado decide dar la vuelta al mundo. En Chennai (también llamada Madrás), India, encuentra a una muchacha extraña: una viajera del tiempo que le explica su mundo. Durante más de 400 páginas compartimos las aventuras de Indalecio y Vanessa en el pasado y el futuro. hasta que finalmente asistimos a la transgresión de la materia, que da lugar a la trilogía: Transgresión, de la que este libro es el primer volumen, al que siguen Tricronía y Los desterrados, en que los protagonistas adoptan papeles menos importantes, y aparecen nuevos protagonistas, para nuestra diversión.
  8. El libro de las crónicas angélicas y las anécdotas diabólicas. Veintiún cuentos en que ángeles o demonios adoptan papeles de diversa imporancia. Tres de los cuentos son de mis compañeros Ann Lake, Gema Gimeno y Jack Crane. Este libro fue El Libro del año hasta el 31 de diciembre de 2018.




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