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Jesús Ángel. English Esperanto


El libro del año.

Desde 2016 publico en este sitio uno de mis libros en mis tres idiomas, español, inglés y Esperanto.

Aunque al principio publicaba uno cada mes, y por lo tanto lo llamé El libro del mes, al cabo de varios meses comprobé que el trabajo de traducción era más duro y largo de lo que había anticipado, y con objeto de no hacer esperar a mis lectores innecesariamente para leer el capítulo siguiente, decidí compartir sólo uno al año, aunque en 2019 compartí dos, porque el primero de ellos, La Federación, es muy corto y ya en febrero lo había publicado, y así en el mes de agosto ya tuve terminado el segundo, Umú, la hetaira de ébano, segundo volumen de la trilogía El oficio viejo que, al igual que La Federación, mantuve aquí para lectura gratuita hasta el fin del año 2019.

Todos mis Libros del año se podrán leer de modo gratuito, si bien durante las primeras semanas, puede que meses, de cada año el lector tendrá que ser paciente para ir leyendo a medida que yo lo vaya subiendo. Al acabarse el año ese libro vendrá substituido por otro, pero quedará en Amazon en español e inglés, si bien seguirá estando disponible en su totalidad en Esperanto en esta misma web.

Hasta ahora hemos leído juntos once de mis libros, contando este. Espero que lo disfruten ustedes.

Se puede acceder de una versión a la otra pinchando en las banderas que acompañan a cada uno de los epígrafes mayores del texto.

Cuando los marcianos conquistaron La Tierra.

Ahora, durante 2020, estamos leyendo Cuando los marcianos conquistaron La Tierra, que publiqué en Amazon en español en 2014, y en inglés recientemente.

Iré publicando capítulo a capítulo la novela en mis tres idiomas: español, inglés y Esperanto, y a su terminación la dejaré para lectura gratuita en esta web hasta el 31 de diciembre de 2020, fecha en que dejará de estar disponible en los dos primeros de estos tres idiomas, aunque siempre estará disponible en Amazon.

Este libro me lo sugirió la lectura de La guerra de los mundos, de H. G. Wells. Al terminar de leer esta obra maestra, me pregunté: ¿qué habría pasado si los marcianos hubieran ganado aquella guerra? ¿Habríamos desaparecido? Quizá no. Este libro responde a esa pregunta de tres maneras diferentes. Espero que disfruten leyendo, a pesar del matiz algo pesimista...
Cuando los marcianos conquistaron La Tierra,
por Jesús Ángel

El índice es como sigue: English Esperanto

    Presentación.
    Primera parte.
    1. La captura.
    2. Corazón de ternera.
    3. Eros y Tánatos.
    4. Alimento exquisito.
    5. ¿Semental?
    6. Rendición incondicional.
    7. La guerra que acabó con todas las guerras.
    8. El banquete.
    9. Una nueva vida para la humanidad.
    10. Espectáculos.
    11. Una marciana aprovechada.
    12. El precio de la esclavitud.
    13. La rubia de ojos tristes.
    14. Epílogo (fin número 1).

    Segunda parte.
    1. Libertad condicional.
    2. Una visita particular.
    3. La muerte de Shask.
    4. Fin número 2.
    5. Suave amanecer.
    6. Fin número 3.
    Bibliografía.
© 2015 Jesús Ángel. Prohibida la reproducción total o parcial de este texto sin la autorización previa y escrita del autor.
Depósito legal V-88-2015


Presentación. EnglishEsperanto

El libro que tienes en tus manos, lector, es una fantasía, puede que una fábula, sobre la humanidad como especie animal, ni más ni menos. Las escenas descritas te pueden ser desagradables, o al menos impactantes. Por eso recomiendo esta lectura para mayores de treinta años con una formación moral y científica sólidas, pues es muy posible que no comprendan el sentido alegórico de esta narración, y se sientan ofendidos por los eventos descritos en las páginas que siguen a continuación.

A igual que en el otro libro en el que participé, La redención de Ecolgenia, este libro plantea que el ser humano ya no es el Rey de la Creación, pues aquí no se contempla ni la creación ni la monarquía celeste, sino que partimos de un planteamiento totalmente darwiniano, y tampoco sabemos, como en aquella obra, quiénes son los buenos y quiénes los malos en la confronta­ción de la humanidad con una especie superior. Al revés que allí, si embargo, no es este un canto optimista sobre nuestro futuro, pero sí sigue siendo un motivo para plantearnos y replantearnos qué estamos haciendo con nuestro planeta, y qué nos puede hacer nuestro planeta a nosotros..., o quienes se hagan cargo de ambos.

Este libro tiene tres finales, para que el lector elija el que más le guste. Uno acaba en el capítulo Epílogo. El otro ha de leerse desde el capítulo siguiente, 15, pero saltándose el 14, y el tercero en el capítulo 20, al que llegaremos sin saltarnos el segundo, pues son compatibles ambos..

Dicho todo esto, amable lector o lectora, te deseo una feliz lectura.

1 La captura. English Esperanto

El hombre miró, atónito, lo que ocurría ante él. Un hombrecillo verde le rompía el coche desde arriba. Usó un objeto de metal para romper del todo el parabrisas sin que él pudiera hacer nada, sólo estar allí mirando como un imbécil. El hombrecillo verde tiró de una palanca y él cayó hacia arriba, de golpe sobre el techo del coche. No entendía nada. El hombrecillo verde lo sacó a tirones de su coche y lo tumbó en el suelo. Allí lo cogieron otros dos hombrecillos blancos y lo encerraron en una enorme caja blanca. Enseguida empezaron a mover la caja y a hacer un ruido infernal, mientras él oía a aquellos extraterrestres aullando en un idioma que él no reconocía. Estaba tan atónito que no podia hacer nada, pues estaba aterrado. ¿Lo estaban cocinando en aquella especie de microondas gigante? ¿Iba a volver a ver a su familia? ¿Dónde estaba su esposa? ¿La habían cogido también aquellos antropófagos? Nunca, nunca, había pasado tanto miedo.

De repente se abrió la caja aulladora y dos enmascarados lo sacaron de ella y lo ataron a una cama con ruedas y se lo llevaron corriendo hasta un sitio frío, obscuro, donde había más hombrecillos verdes enmascarados y con gafas, o puede que escafandras. Le pincharon con cosas y le hicieron unas extrañas maniobras mientras le decían palabras que él no comprendía. Le empezó a doler mucho la cabeza y perdió el conocimiento mientras pensaba: “Me están matando..., me muero”.

Cuando volvió en sí tenía un tubo metido en la nariz, y le estaban metiendo un líquido en un brazo que le dolía mucho. Estaba acostado en un sitio duro, desnudo, junto a personas que no conocía y que hablaban una jerga que él no podía comprender. Intentó hablar, pero una rubia guapa con cara de estar muy asustada le tomó una mano y le hizo un ademán de que se callara. ¿Quién era aquella mujer triste? ¿Se la iban a comer antes que a él? No le habló pero había estado llorando.

Cuando cerró los ojos se sintió algo mejor. ¿Qué estaban haciendo aquellos cabrones? ¿Lo estaban engordando como a los cerdos o a los patos para hacer paté con su hígado o jamón con sus muslos? ¿Quién se comería sus criadillas?

2 Corazón de ternera. English Esperanto

Se sorprendió al sentirse excitado por el pensamiento de que se le comiesen las criadillas. ¿Quién las tendría en su boca? ¿Sería un marciano o una marciana? ¿Las cocinarían primero, o se las comerían crudas? ¿Se las cortarían en vivo o lo matarían primero? ¿O se las comerían a bocados, sin cortárselas antes siquiera? No entendía nada, pero el pensamiento le excitaba. Que se comieran todo su cuerpo a mordiscos también le excitaba. Ahora comprendía, por fin, lo que sentirían los terneros y las vacas que había visto en aquella visita que había hecho, muchos años atrás, a una granja de carne. Aquellos seres cornúpetas le miraron con indiferencia, sin dar importancia a lo que a él le había impresionado tanto: la vista de una de las patas de cada uno de aquellos animales clavada al suelo. Se las desclavarían, le había dicho el guía, para llevarlos al matadero. Pobrecitos. ¿Qué delito cometieron naciendo para que tras una vida anodina, sin ver jamás la luz del sol, los condenasen a muerte y en lugar de un entierro digno se los comieran gente de otra especie y no dejasen ni los huesos, que en el mejor de los casos acabarían en el cubo de la basura, y en el peor transformados en mierda de perro? El perro, ese ser inferior que quizá los marcianos no se comieran porque era más parecido a ellos.

Pero él, representante de la especie superior del planeta, había sido desnudado y agujereado por un lugar a través del cual le inyectaban algo día y noche.

Periódicamente perdía la noción del tiempo..., suponía que lo dejaban inconsciente para que no se rebelase o hiciese algo que contrariase los designios de aquella raza de hombrecillos verdes y blancos enmascarados que ocultaban su rostro tras escafandras o gafas enormes y gorros ridículos. Pero no tenían nada que temer de él: un hombre desnudo y agujereado no representaba peligro alguno para aquellos alienígenas. Muy distinto sería si no estuviese drogado y tuviera una metralleta en sus manos. Una como la que usaba en el ejército en su juventud, cuando había hecho el Servicio Militar Obligatorio.

3 Eros y Tánatos. English Esperanto

¿Por qué le metían aquellos líquidos en su cuerpo? ¿Sería para dar mejor sabor a su carne? El pensamiento de que otro ser vivo se lo iba a comer le produjo una erección. Ahora recordaba el dicho de que estaba para comérsela cuando se refería a una mujer guapa o atractiva. A besos, claro, pero la boca que besa también come. Él se sentía bien. Nunca lo había pensado antes, y de haberlo hecho le habría invadido una sensación de disgusto y de asco, pero cayó en la cuenta de que todos los días moría mucha gente en el planeta, o bien por guerras, o por algún otro tipo de violencia, de hambre, y también por accidentes, enfermedad o edad. Y todos esos cuerpos se quemaban o se dejaban pudrir bajo tierra, según las costumbres locales, lo que era un gran desperdicio de alimento en un mundo donde se pasaba tanta hambre. Salvo los muertos por enfermedad, los demás podrían contribuir con su material a la alimentación de otros seres vivos, aunque fuesen de otra especie. Ese pensamiento era horrible hasta entonces, porque el ser humano era el que estaba al final de la cadena alimenticia: él se comía otros animales, pero a él no se lo comía nadie, y por eso era la especie más inútil de todas, pues después de terminar su vida, su organismo se perdía en polvo o ceniza. Lo curioso es que estos pensamientos ahora ya no le producían asco o disgusto, sino una especie de complacencia y excitación sexual. ¿Masoquismo? Es posible. Pero desde que no se sabía libre e independiente su concepto de la vida había cambiado mucho. Desde que tenía al fantasma de la muerte presente en su vida parecía que la libido se había adueñado de su alma: Eros y Tánatos, los dioses de la sexualidad y la muerte, se habían enseñoreado de su interior a partes iguales, como si el primero le aconsejase hacer algo para vencer al segundo por medio de su descendencia, aunque en aquel habitáculo no había nadie más que él y una marciana que periódicamente le visitaba. Pensaba que era del sexo femenino porque su voz era aún más aflautada que la de otros marcianos que habían ido por allí, porque era más bajita y porque parecía que le sonreía de vez en cuando.

Estaba en estas disquisiciones cuando una alienígena pequeña y blanca, entró en el habitáculo donde lo tenían prisionero y le quitó el paño con que lo cubrían para que no se enfriara y comenzó a lavarlo. Él creía que era la que ya conocía, aunque no estaba seguro porque no distinguía bien todavía a una de otra marciana. Cuando ella vio su erección miró a todas partes, y al sentirse sola, le friccionó su miembro con una herramienta especial hasta que le extrajo una muestra suficientemente abundante de semen. De hecho captó toda la eyaculación que produjo, y luego continuó oprimiendo y frotando hasta que él volvió a perder el conocimiento.

4 Alimento exquisito. English Esperanto

Cuando lo volvió a recuperar estaba limpio y seco. Se sintió a gusto, pleno. Había merecido la pena perder el seso. Quizá aquella marciana, o lo que fuera, lo encontraría interesante para quedárselo como mascota. ¿Qué tendría que hacer para ello? ¿Tendría que comprárselo a su captor, aquel hombrecillo verde que lo había sacado de su coche rompiéndolo de aquella forma tan poco ceremoniosa?

Comprobó que la marciana antes de irse le había metido un tubo de plástico por el centro de su hombría, y otro más grueso por el extremo inferior de su tubo digestivo. Ahora estaba perforado por cuatro lugares: el ano, el pene, un brazo y la nariz, pues por cada uno de esos lugares le entraba un tubo en su cuerpo. No, los alienígenas ansiaban su carne, y la estaban preparando para que fuera de primera calidad. En el fondo se sentía halagado. Quizá también consumieran su sangre. ¿Además harían con él lo que el hombre había hecho siempre con los cocodrilos? ¿Las marcianas lucirían un bolso realizado con su piel? ¿O zapatos? Se imaginaba su cuerpo sobreviviéndole a él en forma de flautas de hueso, perlas fabricadas con el marfil de sus dientes tallados y engarzados en adornos para las alienígenas, su sangre frita degustada por paladares exquisitos de la nueva especie dominante en el planeta, salchichas hechas con sus partes menos consistentes, sus cartílagos fritos y sus uñas quizá convertidas en púas para rascar diversos instrumentos musicales, o para rascar la piel alienígena, o quizá para fabricar consoladores para aquellas marcianas que ya hubiesen probado su erección; o aún seguiría caminando como piel de zapatos alienígenas, y guardaría los secretos de las marcianas convertido en bolso. Él recordaba cuánto le había gustado la carne de ave, en modo especial la molleja, o sea la zona del ano, pues eran unos músculos mucho más fuertes de lo normal, y era un reto para sus dientes. Ahora se preguntaba si los marcianos devorarían los suyos. Se los imaginaba comiéndose su ano, o el resto de sus tripas debidamente limpias y desinfectadas, como hacían ellos con los callos madrileños que tanto le habían gustado desde siempre.

5 ¿Semental? English Esperanto

Pero quizá aquella alienígena había informado a sus superiores de que el prisionero era apto para la fecundación y lo destinaran a fecundar a las hembras de su especie en una granja de carne. Sí, siempre había sido muy prolífico en la producción de semen. En una ocasión le habían hecho un análisis del mismo y le dijeron que era mucho más fértil que la mayoría de los machos de su especie. Con una gota podía fecundar a varias mujeres. Él esperaba que no le sacaran el semen mediante aparatos mecánicos y se lo inyectaran a las hembras diluido en agua, sino que le hicieran cubrirlas por medios naturales. Así serían más fértiles. Pero como especie domesticada de ellos que era, harían con él lo que ellos quisieran, y no lo que a él le gustaría.

6 Rendición incondicional. English Esperanto

Descubrió que ese pensamiento le excitaba. Toda su vida había sido competitivo, siempre trabajando, buscando la forma de ganar dinero para dar de comer a su familia y a los hijos que vinieran, bloqueado por el miedo al paro, a no cubrir las necesidades alimenticias de los suyos, siempre estresado y haciendo cosas que repugnaban a su conciencia, como estar agresivo con otras personas, engañar, mentir, chantajear, forzar a otros a hacer cosas que no querían, porque todo valía para no perder su trabajo Ahora sentía que aquellos seres venidos de otro planeta, de otra galaxia quizá, iban a cuidar de él. Lo estaban alimentando, le extraían lo que ya no le hacía falta, lo estaban engordando, y no lo vestían porque a los animales no se les viste. Quizá le indultaran para que sirviera de diversión o de compañía a algunos de aquellos seres superiores que estuviesen solitarios, como tantos humanos se habían sentido cuando eran ellos la especie dominante en el planeta. Los humanos a veces adoptaban un pavo o un conejo como animal de compañía, y en ese caso no se lo comían en Navidad o en una paella.

7 La guerra que acabó con todas las guerras . English Esperanto

Navidad… Ahora que el hombre no era la especie dominante ya no habría más navidades. Ya se habían acabado la Navidad, los Reyes Magos, Papá Noel, la educación obligatoria, los países y las culturas, y también las guerras. Estaba bien, le gustaba la idea: el ser humano es tan destructivo que para acabar con la guerra se tuvo que acabar con la humanidad, al menos como especie dominante en el planeta. Ahora este pertenecía a unos seres que les habían dado a los hombres tantas explicaciones como ellos le habían dado antes a las gallinas o a los gusanos de seda. No se había fijado mucho en cómo eran estos seres alienígenas, pues la verdad es que lo habían sedado, engordado por días, suponía que sin hacerle mucho caso. El mismo que él había hecho a sus gusanos de seda cuando, siendo un niño, sus padres le permitieron tenerlos en una caja de cartón. Él les traía hojas de morera todos los días para que comieran. Hasta que un día no encontró hojas de morera y las trajo de ficus. Las metió en la caja de los gusanos de seda y se sentó a contemplarlos. Pero no les gustaban las de ficus y no se las comieron, sino que se murieron de hambre.

¿Se moriría él también porque su dueño o su dueña no supiera cuidarlo? Ese pensamiento le atormentó durante horas. Pero luego se encogió de hombros: ya no era dueño de su destino. Ahora lo era el alienígena que se hiciera cargo de él. Especuló con la idea de que nada le garantizaba que los alienígenas procedieran como los humanos: ¿existía el dinero alienígena? Bien, si existía, ¿lo comprarían a él, o lo subastarían?

Pensando esto, y entre sueños, vio cómo entraban en su habitáculo varios de aquellos seres embozados de ambos colores, blancos y verdes. Le descubrieron de nuevo, alzando la tela que lo tapaba, y lo tocaron por todas partes. Una de aquellas criaturas le quitó las sonda del pene, lo que le hizo sentir una sensación cosquilleante que le provocó una nueva erección. Pensaba que le iban a tocar su erección de nuevo, pero no ocurrió eso. Mientras le tocaban el pecho con una ventosa eyaculó espontáneamente. Aquellos seres hicieron un ruido intenso y encerraron su órgano en una especie de probeta larga y curva con la que recogieron toda la cantidad que pudieron. Luego pusieron el recipiente a contraluz y se vio que había llenado la cuarta parte de un vaso. Llamaron a su marciana para que le limpiara bien y le cambiase la tela sobre la que yacía y entonces le volvieron a introducir la sonda con mucha dificultad, porque no perdía la erección. Después le volvieron a poner por encima aquella tela tan áspera y se fueron. Le debían haber inyectado algo porque cayó de nuevo en un sueño profundo.

Cuando despertó estaba junto a él de nuevo aquella mujer rubia de ojos tristes. Él se alegró de que no se la hubieran comido todavía. Quizá la habían elegido para reproducirse. ¿Cómo llamarían aquellas criaturas a la cría de humanos destinadas a su mesa, a sus restaurantes o a sus frigoríficos particulares, microondas u hornos de otros tipos? Suponiendo que no se los comieran crudos, como los humanos se comen, o se comían, las ostras… ¿Ganado? ¿Los nuevos amos tendrían ganados o rebaños de humanos, o bien los cultivarían en granjas como la de vacas que había visto él hacía años?

8 El banquete. English Esperanto

Se volvió a imaginar a sí mismo desnudo sobre una mesa rodeado por cuatro o seis de aquellas criaturas, que le mordían por todas partes, dando así cuenta de su plato favorito, el ser humano. Seguramente serían tan civilizados para darle algún medicamento que no le permitiera sentir dolor, aunque quizá los gritos que esto le hicieran dar les daría mayor placer gastronómico, o bien si no era así, quizá las medicinas que le evitarían el dolor estropearían el sabor de su carne… ¿Serían sádicos sus captores? Quizá. O quizá no. Lo tenían sedado, pero eso podría ser porque no querían que escapase o porque no quisiera que sufriera. Así, pues, ¿ellos dejarían crecer a todos los humanos hasta su edad de madurez como se había hecho hasta entonces con las vacas, o seleccionarían a un grupo pequeño de niños para comérselos antes, como habían hecho los humanos con las terneras y los lechones?

Él tenía muy claro que lo estaban engordando, y eso no tenía más que una explicación: lo estaban reservando para su San Martín, o como ellos lo llamaran, la fecha en que se mataba el cerdo y se lo comían entre todos los vecinos, amigos o familiares, que se reunían a ese efecto. Ya había abandonado la esperanza de que lo destinaran a semental, pues le habían sacado ya dos muestras abundantes de semen con las que podrían preñar a veinte hembras humanas si se usaban las dosis adecuadas rebajadas con agua.

En ese momento sintió envidia de las mujeres. ¿Por qué no había sido él mujer? Ahora la preñarían con un fragmento del semen de un desconocido como él era en ese momento y hasta que no pariera no la sacrificarían. Con un poco de suerte les podría dar gemelos y la usarían hasta el final de su vida fértil, que podría ser hasta los cincuenta años de edad. Él tenía 25 ahora. Eso le garantizaría de 15 a 25 años más de vida. En ese tiempo podían ocurrir muchas cosas, hasta que los humanos recuperasen el control del planeta. Quizá los alienígenas se morirían ellos solos, como habían ocurrido en la famosa novela de aquel inglés, Wells. Pero no, él no era hembra, sino macho. Por eso lo matarían para comérselo, o se lo comerían vivo con o sin anestesia. Y aquello le dio mucho miedo, y se echó a llorar. Recordó que en su cultura los hombres no lloraban. Eso era de niños y de mujeres. Pero él ahora quería ser mujer. Y que la preñaran. Cuantas más veces, mejor. No sería ya una maternidad como hasta ahora, pues sería consciente de que estaba fabricando carne para la mesa de los nuevos amos del planeta. Pero garantizaba su supervivencia hasta que perdiera a capacidad de procrear. Sería como una vaca o una cerda. ¿Cómo las agruparían? ¿O no lo harían?

También se preguntaba si a los alienígenas les gustaría la leche de humana, como a estos les gustaba la de vaca. ¿La encontrarían nutritiva, equilibrada, vitaminada? Ojalá. Así se asegurarían las hembras de su especie la supervivencia unos años más, aunque no recordaba si las hembras podían seguir dando leche una vez alcanzado el climaterio… En cualquier caso, ¿cuántos litros de leche podría dar una hembra humana al día? Había vacas que eran capaces de dar hasta sesenta litros de leche diaria, pero una vaca pesa por término medio quinientos kilos. Si una mujer pesa entre cincuenta y 80 kilos y la producción está en relación, eso daría siete u ocho litros diarios. Quizá les diesen una dieta especial para que no dejasen de dar leche durante toda su vida, desde su primera preñez, y quizá llegasen a los quince o veinte litros diarios. ¿Las ordeñarían con aparatos, a mano, directamente beberían de sus tetas, o les permitirían a ellas mismas que se ordeñaran? Pobrecitas. Eso haría que les doliese mucho el pecho. Quizá se les deformasen y se convirtiesen en ubres propiamente dichas, como las de las vacas, o algo intermedio. Eso las haría menos atractivas, pero ya no tendrían que competir para ser preñadas, pues los nuevos amos las harían quedarse preñadas o bien con un semental, o bien por medios mecánicos, como se hacía con las vacas en las granjas más modernas de que dispuso el ser humano, sin que nadie tuviese que elegirlas, ni ellas promocionarse, ya que son los amos los que deciden quién se preña y de quién.

Sí, el porvenir no era muy halagüeño para las hembras. Pero mejor eso que la muerte, ¿no?

9 Una nueva vida para la humanidad. English Esperanto

Y sin embargo…, ¿qué clase de vida era esa? ¿Estarían al aire libre, en el campo, o en granjas cubiertas como las vacas?

No se podía imaginar a doscientas mujeres juntas en un espacio cerrado, aunque teniendo en cuenta la diferencia de tamaño con las vacas, seguramente en esos establos cabrían más de mil con un pie clavado al suelo para que no se pudieran marchar, con una cinta transportadora delante de ellas en movimiento que continuamente les trajese comida y otra por detrás que se llevase sus excrementos. Bueno, las sentarían sobre sillas con un agujero en medio y le pondrían alimentos a la vista a la altura suficiente para que los pudieran coger con las manos y llevárselos a la boca. Si no las consideraban seres inteligentes no les pondrían cubiertos. Además, se podrían hacer daño entre ellas. Fantaseó un rato el hombre con el menú que les pondrían. ¿Sería apetitoso? Bueno, eso a los alienígenas les importaría lo mismo que a él le importaba si a su perro le gustaba el pienso aquel que le daba, el que compraba por sacos porque era más barato y que una vez probó y encontró horrible. Es que el gusto de los perros es diferente, le dijeron. Pero cuando le daba los huesos que sobraban de la comida, el perro se olvidaba del pienso, por lo que dedujo no debería estar tan bueno.

Tampoco creía que el pienso que le daban a las vacas fuese muy apetitoso, y sin embargo se lo daban. No era el bienestar y la felicidad de las vacas lo que les interesaba a los humanos, así que ¿por qué les iba a preocupar a los marcianos el bienestar o felicidad de las hembras humanas? De todas formas, con gusto se cambiaría él por cualquiera de ellas que pudiera parir, y así servir para algo más que para dar alimento a los nuevos dueños del planeta. Sí, una mujer a los trece años ya podría, en teoría, dar a luz, y podría hacerlo hasta los cincuenta. Eso supondría poder tener, teóricamente, cuarenta y siete hijos. Podría morir de parto, cierto, y en ese caso los alienígenas se la podrían comer entera, pero no viva. Dependía de cuántos marcianos hubiera en la tierra, y cuántos humanos se quisieran comer. Podían ser un bocatto di cardinale, una exquisitez para sólo algunos afortunados, o un alimento básico, como lo había sido el pollo para el hombre. Eran muchos interrogantes los que se planteaba nuestro héroe, pero allí, en su cubículo, sin que le permitiesen moverse, no podía hacer otra cosa que elucubrar, pensar, imaginar, y a ratos disfrutar de algo de sexo. Había aprendido a llegar al orgasmo con la fuerza de su mero pensamiento, lo cual durante su vida previa había pensado que era una hazaña irrealizable. Pero dicen que la necesidad es la madre de la posibilidad.

10 Espectáculos. English Esperanto

Los antiguos romanos disfrutaban de pan y espectáculos gratis. El hombre ahora, sobre todo del sexo macho, podía ser ahora el protagonista tanto de la despensa como de la diversión de los nuevos amos... Sí, pensó de pronto que si los alienígenas tenían instintos competitivos o les gustaba apostar, los machos sí que tendrían una oportunidad de vivir algo más: la competitividad, el deporte, o la lucha. Seguramente les daría igual quién corriera más rápido o más lejos, pues eso no les había evitado que los capturaran. Pero podían ponerlos a boxear o a pelear. Esa idea también lo excitó de pronto, sin saber por qué. Él había sido pacífico durante toda su vida, pero la posibilidad de luchar por su vida le excitaba incluso sexualmente. ¿Lucharía contra un hombre, o contra una mujer? Lo que le disparaba las endorfinas ahora no era nada de tipo sexual en sí mismo, tocar carne de hembra, sino la cercanía de la muerte y la posibilidad de esquivarla aunque fuera momentáneamente era lo que le disparaba la libido: Eros y Tánatos otra vez, siempre iban unidos: el sexo y la muerte. Matar para no morir, y que el público se comiese al perdedor o que se lo subastase allí mismo, como en la lonja se subastaba el pescado. Los luchadores no sabrían tan bien como el ganado humano criado para la cazuela, al igual que el toro bravo no sabía tan bien como la ternera, pero los alienígenas aficionados a la lucha se lo comerían a gusto, saboreando los nervios, músculos tendones de la bestia que alguna vez mató a alguno de su congéneres, o al menos lo intentó, para vivir un poco más con permiso de sus amos.

Se imaginó a su vecina Rosa. Seguramente no valdría para la buena mesa, pues era muy delgada, aunque puede que con ella pudieran hacer una buena sopa o un cocido con sus huesos. Sin embargo ella había tenido ya un hijo antes de la invasión, por lo que podría encontrarse con una prórroga que él no tendría si a ella la elegían para parir más carne.

11 Una marciana aprovechada. English Esperanto

Seguía excitado por este tren de pensamientos cuando la marciana que lo limpiaba y lo cuidaba apareció de nuevo. Esta vez lo lavó con agua tibia. Eso le excitó aún más, y ella lo notó a simple vista. Miró a su alrededor buscando un recipiente en el que recoger el esperma, pero al no encontrarlo y comprobar que estaba sola, le tomó el miembro y lo introdujo por debajo de su mascarilla. Fue un acto reflejo, un impulso, sin pensarlo antes. Lo acababa de lavar y cambiarle las telas, y no estaba dispuesta a tener que volver a hacerlo de nuevo. Por eso le sorbió el sexo con aquella boca tan suave, pero con una fuerza que sorprendió al hombre, y no paró de hacerlo hasta que absorbió toda la descarga, y no fiándose del todo, aún siguió chupando hasta que él, agotado por el esfuerzo, perdió de nuevo el conocimiento, o se quedó dormido.

Cuando volvió en sí, ella ya no estaba, él estaba limpio y su miembro estaba totalmente flácido, aunque le dolía en un punto de la derecha del glande. Un punto minúsculo. ¿Le había puesto una inyección allí? Era posible.. Pensó en luchas, en la muerte, en hembras humanas desnudas, pero su miembro seguía flácido. Se imaginó que para la marciana habría sido como un sorbete de limón, algo agradable de esta pieza que habían cobrado y que pronto deleitaría el sentido del gusto de algún congénere suyo, y por eso quizá ella quisiera probar el manjar que cuidaba con tanto esmero.

¿Quién sería esa marciana? ¿Sería ya su dueña, o era una empleada de la casa o institución desde le engordaban para semejante San Martin?

Se concentró en su dolor y comprobó que no le dolía en un punto determinado, como había creído al principio, pues la supuesta medicación no le había hecho mucho efecto porque se le estaba hinchando el miembro, y el dolor ya no se concentraba en un punto, sino en una zona que se iba haciendo algo mayor a medida que se excitaba y se hacía mayor de tamaño. ¡Aquella perra marciana le había mordido! ¿Se habría llevado entre los dientes un pedazo de su hombría? Bueno, de su machez... Quiso tocarse para comprobarlo, pero sus manos, sus brazos, sus piernas, sus pies, no le obedecían. Estaba demasiado bien atado para eso, o bien le habían dado algún fármaco para quitarle el dominio de sus extremidades. O bien, pensó con horror, le habían roto alguna vértebra para evitarlo. Recordaba que en determinados accidentes uno se quedaba tetrapléjico si se rompía la columna vertebral. Pero él hizo un esfuerzo sensorial y sintió que estaba entero: no, su columna no se había roto. Sentía su pecho subir y bajar, acorde con su respiración. Notó que la podía controlar respirando más rápido o más lento, incluso retuvo la respiración too lo que pudo, varios minutos sin respirar en absoluto, hasta que notó los impacientes latidos de su corazón, otro músculo que podía controlar también, aunque indirectamente.. Finalmente volvió a respirar, pero estrepitosamente, y enseguida oyó por un altavoz la de aquella marciana que le había mordido cuando dormía. Intentó decir algo, pero no pudo por causa de aquellos tubos que tenía enchufados a su nariz y a su boca. Poco tiempo después entró ella en su cubículo y lo observó. Le dijo algo y lo descubrió un poco. Le tocó la entrepierna y le puso algo en su herida, algo que escocía. Luego le tocó el resto de su aparato genital y a pesar de que lo hacía a través del tejido plástico con que ella cubría sus extremidades, se notó más excitado. Ella lo acarició y lo miró. A pesar del dolor, o quizá precisamente debido al mismo, su excitación aumentó. Entonces aquella marciana, quizá movida por la piedad, o quizá por la gula, le aplicó su órgano succionador de nuevo y chupó con una fuerza tremenda, tanto que le dolió mucho más que antes, aunque esta vez no llegó a perder el conocimiento. Notó que toda su fuerza le salía por su hombría, y cuando ya no le quedaba nada más, sintió que ella lo lamía con suavidad. Y le pareció que le daba un beso suave y largo. Le recorrió la herida con la punta de lo que sería su lengua y comprendió, para su tranquilidad, que era sólo un rasguño. Luego lo miró de una forma en que a él le pareció que le sonreía y le reconoció el cuerpo con aquella extremidad enguantada desde lo que había succionado hasta el cuello, haciéndole una caricia que él disfrutó y que le hizo ronronear como si fuese su gato, el gato de la alienígena. Entonces ella lo cubrió con aquella tela tan basta y le dijo algo en aquella lengua tan silbante que usaban los alienígenas, pero con mucha suavidad. Luego le dio un golpecito en el vientre como el que se le da a un perrito al que se quiere, y se fue.

Ahora el hombre comenzó a acariciar la esperanza de que la marciana se lo pudiera quedar como mascota, ya que parecía que sí que le gustaba. En ese caso ¿por qué lo seguía engordando? Aunque en realidad lo estaba cuidando..., bueno, él no sabía con seguridad. Lo que estuvieran haciendo con él sus dueños estaría bien.

12 El precio de la esclavitud. English Esperanto

Sus dueños. Hacía tan solo unos días se habría odiado por decir esas palabras, e incluso habría despreciado a quienes se las dijeran. ¿Tiene amo quien había luchado toda su vida por ser libre, independiente, el que había discutido con todos sus jefes e incluso se había ido de más de un trabajo porque no le gustaba que le mandaran?

Y sin embargo la vida era tan bonita, era tan bello vivir que habría hecho lo que fuera por vivir más tiempo. Sí, haría todo lo que sus dueños le insinuaran para seguir vivo. Se imaginó luchando a muerte con quien fuera para tener la posibilidad de vivir un poco más. Haría los actos más repugnantes con tal de prolongar su vida algo más. Sí, asumiría que el planeta Tierra ya no les pertenecía a los de su raza, la humana, seguramente sus nuevos dueños la llamarían de otra manera. Toda la vida había oído lo del precio de la libertad, el famoso grito de ¡Libertad o muerte! Pero cuando lo único que te ofrecen es la muerte, quizá puedas comprar tu vida con tu libertad. Renunciando a lo que quieres hacer, porque lo que más quieres es seguir vivo. Y si para eso tienes que dejar de cuestionar todo y someterte, ese es el precio que pagas para ser esclavo, el precio de tu esclavitud. Otra cosa es que alguien la quisiera para algo. De momento no sabía qué hacía allí, en aquel habitáculo. A los caballos a veces se les domesticaba manteniéndoles encerrados en un recinto muy pequeño y dosificándoles luego el grado de libertad, siempre con un jinete encima. Quizá el método de los alienígenas fuese algo parecido. O quizá lo estuviesen engordando, sin más, para sacrificarlo y comérselo, como él se había temido desde el primer momento.

No le habían puesto ropa, y eso le daba mayor certeza de cómo lo consideraban los alienígenas, porque a los animales no se les viste, nunca se les había vestido y por eso le parecía lógico. Quizá aquella marciana a la que tanto le gustaba le pondría un peto de lana como aquellos que la gente les ponía a sus perritos en invierno.

Pero él no podría ser el perrito de esa marciana porque ella era más pequeña que él. Podría ser su caballo. La llevaría en su grupa, o a hombros, a donde ella le dijera.

Se rio de pronto: el ya había elegido a su dueña, pero eran los dueños los que elegían, no sus mascotas. Si usaban dinero, el marciano que lo poseyera tendría que comprarlo o pujar por él. Si no usaban dinero, tendría que pedirlo o hacer que los demás le reconocieran su propiedad sobre él. Ella no lo había capturado: había sido aquel otro marciano verde que había visto cuando lo sacó de su coche a tirones. Se lo tendría que pedir o comprar. O puede que se lo hubiese regalado...

¿Lo habría hecho? No le constaba. Los perros, los loros, los gatos..,. No saben que cambian de dueño cuando su amo los vende o los regala: dejan de verlo y comienzan a ver al nuevo dueño o dueña. Este les puede conservar su nombre o ponerles otro nuevo. ¿Le pondría su dueño un collar con su nombre? ¿O sería un cascabel?

Por otra parte, a los caballos y sobre todo a las reses se les marca el nombre o el símbolo de su dueño a fuego en una parte de su cuerpo. ¿Le harían eso a él? ¿Sería eso lo que su dueña le había hecho y por eso le dolía?

Pero no..., no podía comprender por qué no se podía mover en absoluto y sin embargo lo podía sentir todo. Si no podia mover sus extremidades ni su cuello, ¿por qué podía sentir el tacto de la marciana, su caricia (aunque para ella fuera una bebida golosa), sobre todo cuando le acarició el vientre y el pecho? ¿Por qué se excitaba tanto?

Y así, elucubrando con estas disquisiciones, se quedó dormido como un niño.

13 La rubia de ojos tristes. English Esperanto

Poco después se despertó de nuevo y vio ante él a la mujer rubia de ojos tristes y grises. Le pareció que estaba embarazada. Ella tenía puesto un vestido sin cinturón y se acarició el vientre, cuyo abultamiento no le dejó ninguna duda. Sí, ella viviría, al menos hasta que pariera, y es muy probable que sus dueños la preñaran otra vez, quizá con otro macho, buscando un manjar más exquisito para el paladar alienígena. ¡Dios! ¿Por qué había tenido él que nacer macho? Si fuese hembra podría vivir más…

Él se alegró por ella y le sonrió. Ella le sonrió también, se le acercó y le dijo algo en una lengua que él desconocía, quizá sueco o ruso…, él nunca había sido muy bueno en idiomas, y todos los que no eran el suyo le sonaban igual. Ahora, con el dominio alienígena, todo eso cambiaría: ya no habría idiomas diferentes, y en realidad nadie tendría nada que decir. Es posible que el resto de la historia de la humanidad fuera la Posthistoria, el período de la vida del hombre en que no habría ya más documentos escritos, al igual que la Prehistoria había terminado cuando apareció el primero de ellos. Porque los únicos que escribirían algo, pensaba, serían los dueños del planeta, que eran los que pintaban algo ahora. Al ser humano le quedaría sólo el papel de segundón, en caso de que los nuevos amos valorasen la inteligencia, puesto que si ponen a los humanos a competir con cualquier otra especie, lo más probable es que el otro se coma al humano.

La rubia se acercó a él y le acarició la cara. Le gustó el tacto de ella. Le acarició el cuello y, acercándose aún más, lo besó. Le dio un beso con lengua. Le levantó la tela con la que lo cubrían y vio que estaba excitado. Se subió a la cama y puso una de sus piernas a cada lado de él, se ladeó el tanga y lo tomó como lo más natural del mundo. Durante ese movimiento él se dio cuenta de que era posible que no estuviera embarazada, sino que fuese un poquito gorda, nada más. Le alegró pensar que la estaba preñando. Quizá su dueño la hubiera traído para eso. Le agradaba pensar que cuando él ya no estuviera, quedaría alguien en su puesto durante algunos años, quizá hasta la edad en que a su vez pudiera preñar o ser preñada.

Cuando por fin terminó, ella se levantó y volvió a su sitio, no sin antes rodearle la cabeza con sus brazos y darle otro beso apasionado. Él ignoraba por qué ella tenía tanta libertad de movimientos y él no tenía ninguna. Además, ella estaba vestida: tenía un vestido e incluso ropa interior, al menos un tanga, mientras que él estaba totalmente desnudo. Quizá el dueño de ella se preocupaba por su bienestar, o fuera hiciera frío y ella tuviera que salir. De hecho había venido de fuera. Lo que no sabía era por qué había venido a verle, como no fuera para ayuntarse con él.

Al poco rato ella le comenzó a hablar. Tenía una voz dulce y melodiosa, pero le parecía que le estaba hablando en chino. Dios, ¿es que esos alienígenas no podían haberle traído a una que hablase algo comprensible? Ella se excitó un poco, ahora parecía enfadada y se puso a llorar. Por fin se levantó y se fue del cubículo. Tardaría mucho en volver a verla.

¿Cuánto tiempo llevaba allí? Muchos días, quizá un mes, y no veía ningún progreso. ¿Cuándo le dejarían levantarse? Un poco defraudado, se quedó dormido.

Entre sueños volvió a ver a su marciana. Le golpeaba el pecho, y de vez en cuando lo besaba. Pulsó un botón y el cubículo se llenó de marcianos blancos.

14 Epílogo. English Esperanto

NOTA IMPORTANTE.- En este capítulo termina la historia. No obstante, hay otra versión que continúa en el siguiente capítulo, pero saltándose este.

Amparo llegó al hospital en taxi a las tres de la madrugada. La había llamado una de las enfermeras de guardia con el recado de que el doctor quería hablar con ella urgentemente.

Murcia, a 19 de noviembre
de 2014, a las 02:04 horas.

Segunda parte. English Esperanto

NOTAS IMPORTANTES.-
  1. Lo que sigue es el desarrollo de esta historia desde antes del epílogo, del cual el lector tendrá que olvidarse antes de leer lo que sigue.
  2. Lo que figura a continuación puede herir la susceptibilidad del lector, si bien todo lo anterior (excepto Epílogo) lo ha venido preparando para lo que sigue. Considere si desea leerlo realmente, y si lo hace usted, lector, sepa que lo hace bajo su única y exclusiva responsabilidad.

15 Libertad condicional. English Esperanto

Finalmente su marciana le despertó con un suave cachete, lo lavó lentamente, lo afeitó, le soltó sus ligaduras y lo levantó de la cama. Se mareó un poco, y le dio la impresión de que la cama era mucho más baja de lo que había creído. Ahora comprendía por qué no entendía las palabras de los que entraban en su cubículo: no iban dirigidas a él. Pero ahora ella sí que le habló a él, y con gestos precisos y sonidos cortos le hizo arrodillarse y le puso en el cuello un collar de una especie de cuero que él no conocía. A ese collar enganchó dos correas, una a cada lado, y tirando de ambas lo sacó de allí. No se molestó en vestirlo, ni siquiera en ponerle una bata por encima, pero notó que estaba perfectamente aseado y depilado, sin más pelo que el de la cabeza y las cejas. Recorrieron todo aquel edificio, que era enorme, y al hacerlo se encontraban con otros marcianos y humanos, todos vestidos, aunque estos estaban atados a argollas que había en la pared, o iban guiados por sus dueños. Veía mujeres guiadas por marcianos de uno u otro sexo, pero todos los hombres iban guiados por marcianas. Los humanos parecían en muy buen estado de salud, aunque muy tristes y como acobardados. Entre las hembras de su propia especie el hombre no vio a la rubia de ojos grises. Le extrañó, ahora, que entonces ella tuviera tanta libertad de movimientos. Pero ninguno de los humanos que se encontró estaba desnudo, sólo él, aunque en lugar de sentir vergüenza, notó que se excitaba, lo cual hizo que las humanas lo miraran con interés, y eso lo excitaba aún más. Muchos de ellos estaban sin afeitar, con barba de meses, al revés que él, perfectamente rasurado y depilado. Sin duda su marciana se había tomado muchas molestias. ¿A dónde lo llevaría? ¿Lo vendería, o era un regalo para algún otro alienígena?

Aunque ella lo iba guiando, tirando suavemente de las correas que le había atado al collar, le chocó que ella fuera mucho más baja de lo que le había parecido cuando la veía en el hospital. Su cama sí que tenía que haber estado más baja de lo que él había presumido: le calculaba a aquella marciana unos ochenta centímetros de altura, como máximo. Era más bien delgada, y aunque le faltaba punto de comparación, le dio la impresión de que pesaría unos veinte kilos. La cabeza no tenía pelo, aunque sí que tenía dos ojos como los nuestros, y azules como el cielo. El color de su piel era blanco marfil. Sus orejas eran redondas, sus piernas, largas con relación al cuerpo, digamos que eran el 60% de su altura, y sus manos venían armadas con siete dedos largos y finos, pero bastante fuertes, a juzgar por los tirones que le daba de vez en cuando, cuando se distraía mirando lo que había a su alrededor. Su cabeza era más bien redonda, pero su cara era más bien triangular. Sus pies iban enfundados en una especie de zuecos del mismo material que el collar de él, muy silenciosos; y en general la figura de aquel ser distaba algo de ser antropomórfica, pues carecía de cintura. Era más bien cilíndrica desde la cintura hasta los hombros, que formaban un ángulo de 60º con el cuello, que era más largo que el de los humanos. Le era difícil decidir si llevaba alguna vestidura, o si era su piel lo que estaba viendo directamente.

Entraron en una habitación donde había una especie de planetario inmóvil. Ella encendió la luz y se volvió hacia él. Lo contempló a placer, y le dio la impresión de que le sonreía. No obstante, su boca carecía de labios, y era extremadamente pequeña. La abrió de pronto y le habló en un idioma que él no conocía, pero sin embargo se le fueron formando en su mente imágenes de lo que le pareció que ella le estaba diciendo. Mientras lo hacía, tomó su hombría con los dedos. Su tacto era suave, pero firme. Le subió su órgano y le mostró la punta: en la parte frontal derecha del glande tenía una cruz triple pequeña marcada a fuego. Tocando esa marca, ella le dijo: Xint y se señaló a sí misma con la otra mano. Le agradó ver sus siete dedos, finos y largos, y de toque tan suave, como si fueran de seda, una seda fría, pero agradable. Le indicó con la mirada y con el pensamiento que se arrodillase ante ella, y luego le empujó suavemente hacia atrás para que se sentase sobre sus propios talones, con los pies estirados hacia atrás, de modo que sintió sus 80 kilos de peso repartidos sobre el empeine de sus dos pies. Nunca había adoptado esa postura en toda su vida. Entonces él se dio cuenta de que ella vestía algo de un material desconocido, muy fino. Nada probaba que se tratase de una hembra, nada físico, pero él sentía que sí, que lo era. Se lo había dicho en el pensamiento, lo sentía, ni más ni menos.

Luego le mostró, con la ayuda de un espejo, un tatuaje de color verde obscuro que tenía en la cara externa de su muslo derecho. Había una serie de signos que ella le pronunció en voz alta con su tono de soprano: Yiiku, señalándole a él con su otra mano.

Él se señaló a sí mismo y dijo: Yiiku, y luego señalándola a ella, dijo:

Entonces añadió:

Pero ella le corrigió:

Él replicó: Xinti Yiiku.

Eso significaba, al parecer, que él se llamaba Yiiku que ella era su dueña y que se llamaba Xint: Yiiku de Xint, o literalmente De Xint Yiiku. La idea que le vino de ella al decir esa frase era de protección: ahora él estaba bajo su protección, y nada malo le iba a pasar a él. Toda la tecnología y los avances de los alienígenas estaban a su disposición, porque ella era su dueña y así lo deseaba.

Ella notó que él la comprendía, y le sonrió a la vez que le  tomaba del pelo, y le obligó a asentir con la cabeza mientras decía tres veces: Xinti Yiiku.

Luego añadió: ¿Yiikun? Y él asintió con la cabeza. Ella le sonrió otra vez y le dio un cachete. Luego se le subió en los hombros y tiró hacia arriba de las dos correas que le había atado a su collar. Él se puso de pie inmediatamente, y enseguida aprendió que ella lo guiaría con la fuerza del pensamiento. Le pellizcaba  en la cara si se equivocaba en la dirección en que  quería ir, y le azotaba en las espalda o en los glúteos con el extremo de las bridas cuando quería ir más deprisa. Cuando deseaba que fuera más despacio, tiraba suavemente de las correas, estrangulándole un poco. Comprendió Yiiku enseguida que Xint podría estrangularlo en cualquier momento, incluso matarlo si quería, pues las correas que usaba como bridas rodeaban el collar totalmente. Lo había tomado por un collar de cuero, pero en realidad era de un material que se encogía mediante la presión de las bridas.

De todas formas, Xint enseguida vio que él la obedecería, pues el control mental que ejercía sobre él era total. Ya había él superado la primera fase de la doma, y ahora estaba con la segunda. Seguramente pasaría las demás.

Lo llevó hasta una especie de cafetería, donde le hizo agacharse para que ella desmontase junto a una mesa. Allí estaba otro marciano, verde, en el que reconoció a su captor. Este era de color verde intenso, lo que llamamos vulgarmente verde botella. Era algo más alto, y tenía pelo negro y muy denso, que le llegaba hasta los hombros.  Era más robusto que Xint, pero de una altura similar. Si ella pesaba 20 kilos, él pesaría un treinta por ciento más.  Ella ató la brida de él a una de las patas de la mesa a la que se había sentado acompañada por el captor de él, mientras observaba que otra humana que tenía un tanga rojo por toda vestimenta traía una bebida, que entregó a Xint. Daba la impresión de que no era la primera vez que lo hacía, pues la alienígena esbozó una sonrisa, que la chica devolvió. Luego se sentó en silencio en el suelo, entre el verde y él. La muchacha tendría diecisiete o dieciocho años, al parecer era pelirroja y muy pecosa, de senos grandes y parecía haber aceptado su cautividad como lo más natural del mundo. Se la veía fuerte de espaldas, sin llegar a ser musculosa. Xint le tiró a él suavemente de donde le había hecho la marca para mostrarla a su amigo, y dijo: Xinti Yiiku. El marciano descubrió el pubis de su chica, donde se veía un símbolo similar al que mostraba él en su hombría, y dijo Zacki Centa, de donde él dedujo que la chica se llamaba Centa y su dueño era Zack.

Él dijo: Zacki Centa, Xinti Yiiku. Entonces Zack empujó a su chica contra Yiiku, a la vez que Xint le empujaba a él contra ella. Él se acercó a ella y le puso un brazo por encima. La chica le sonrió. Él le tocó el pecho y le sonrió. Ella se echó hacia atrás y separó las piernas. Pero él la obligó a cerrarlas otra vez al quitarle el tanga rojo. Luego se las separó de nuevo y la tomó mientras ella daba un gritito. A él le sorprendió ver que estaba con una virgen. Pero continuó con su movimiento y la poseyó allí en el suelo. Descargó copiosamente dentro de ella, lo que la hizo gritar de pasión en el estertor final de él. Ojalá, pensó, esto te haya preñado.

Todos los humanos que había allí, unos quince o veinte en total, habían seguido el incidente con interés, al revés que los alienígenas, que no habían dejado de hablar entre ellos de sus cosas. Le pareció que su dueña le sonreía. Había una corriente de comprensión entre ama y esclavo, y ahora a él le parecía que comprendía todo lo que ella quería decirle, aunque no comprendía las palabras que le decía. Sí, comprendía el mensaje, aunque no el soporte. Le había dicho que quería que preñase a Centa. Los dos marcianos se fueron y los dejaron a ellos dos solos allí, desnudos y atados a una pata de la mesa cada uno, rodeados de otros humanos, unos más vestidos que otros, pero ninguno desnudo del todo, que estaban de rodillas o sentados en el suelo junto  sus dueños respectivos, que tenían en la mano la correa que llegaba al cuello del humano correspondiente, aunque algunos de ellos estaban atados a las argollas de la pared o a la pata de la mesa de su amo. Las hembras humanas los miraban muy serias, con cara de susto, como imaginándose en el lugar de Centa, donde con toda seguridad estarían pronto. ¿Cómo habían llegado allí?, se preguntó Yiiku.

Pero mentía. Sí se acordaba. Fue con aquella mujer rubia de ojos grises, aunque es posible que lo hubiese hecho antes y no se acordase ahora…

Le dio un beso de lengua y la poseyó otra vez. Los humanos volvieron a mirar, divertidos los hombres, preocupadas, las mujeres. Eso le hizo pensar a él que estaban aún muy cortados por sus costumbres y tradiciones, y que sus amos pasaban de eso. Allí había hombres y mujeres de todas las edades. Algunos hablaban entre ellos, pero nadie se propasaba, y los alienígenas no les hacían el menor caso.

Cuando volvieron sus amos se los encontraron fornicando por tercera vez. Cada uno tiró de su posesión con fuerza, y los separaron, haciendo que parte del esperma cayera sobre el vientre de la chica y en el suelo. Zack se deslizó sobre ella y lo sorbió sobre su vientre y el del suelo. Luego le mordió el vientre, lo que hizo a Centa quejarse un poco, aunque luego sonrió a su dueño.

Xint lo puso en pie y se metió la manguera del hombre en la boca y chupó con fuerza. Él chilló de dolor, hasta que ella lo soltó y le sonrió, satisfecha.

Cuando se disponían a marcharse, uno de los marcianos de la mesa de al lado le dijo algo a Xint, que le contestó una cosa que ninguno de los humanos comprendió, pero el alienígena desató a su humana y la tiró al suelo entre Centa y Yiiku. La chica, una rubia no muy agraciada y algo gordita, estaba aterrada. Pero a una orden de su amo se subió la falda y se quitó las bragas y luego miró a su amo, que le tendió su extremidad pidiendo algo. Ella se las dio, y viendo que él seguía con su extremidad tendida hacia ella, se quitó la falda y se la dio también. Yiiku comprendió lo que su ama esperaba de él, así que se acercó a ella y le metió las manos por debajo del jersey, de la camisa y del sujetador, y le apretó los senos, haciéndola chillar. Parecía que nunca le habían hecho eso. La empujó hacia atrás y cuando estuvo acostada se tendió sobre ella e invadió su feminidad con su manguera. Esta chica no era virgen, pero estaba seca. Tuvo un poco de dificultad, pero al fin consiguió regarla. Ella hacía gestos de estar sufriendo mucho, pero cuando él terminó ella se le acercó y le dio un beso en la boca y le dijo: Danke sehr, de lo que él dedujo que era alemana y le daba las gracias. Quizá pensaba, como él, que si estaba embarazada la dejarían vivir más tiempo.

Cada marciano se montó en su montura y salieron del edificio una vez que la yegua Centa se puso el tanga.

Iban caminando más bien despacio, y mientras los marcianos hablaban de sus cosas, él le preguntó a su congénere:

En ese momento sus dueños les ordenaron parar y agacharse para desmontar. Entraron en un edificio, dejándolos atados a un poste que había a la entrada. Aprovecharon para ayuntarse otra vez, aunque él ya había aprendido a no quitarle el tanga, sino apartarlo hacia un lado. Pero tuvieron que abortar la operación porque aparecieron a los cinco minutos.

Los centauros traían a dos mujeres y a un hombre. Los ataron junto a ellos dos, excepto a la mayor de las mujeres, que aparentaba unos 45 años. Era más grande que Centa, pero tenía el pelo corto y lleno de canas. Entonces Yiiku se fijó en que las mujeres ni se pintaban ni se maquillaban ya. Ni, por supuesto, se peinaban, al menos en la peluquería.

Zack soltó las bridas de Yiiky del poste, y luego empujó a la mujer que no estaba atada contra él.

Yiiku obedeció. Sentía respeto por aquella mujer venerable, a la que veía elegante aún en su desnudez, con esa dignidad que tienen las mujeres que han sido algo en la vida, aunque se hayan venido a menos. Pero ahora no era más que una esclava, una perra que aguardaba que la montase un perro. Se aproximó a ella y la besó en la boca, dándole un beso con lengua. La mujer no correspondió, pero él le tocó el sexo y notó que estaba húmedo. De pie, se agachó un poco, y estirándose hacia arriba la penetró de un solo movimiento brusco, que le arrancó un grito. Tras varios minutos ella comenzó a reaccionar y lo abrazó. Tras breves momentos descargó él dentro de ella.

Se fijó en su pelo corto, canoso, aunque tenía pocas arrugas.

Sin que sus amos se lo ordenaran, Yiiku agarró a aquella mujer por el pelo y la obligó a agacharse y ponerse a cuatro patas sobre el suelo de la calle, volviéndola a tomar, pero desde atrás, como si fuera una perra callejera de verdad. Si bien nada le habían dicho los amos, lo animaban con grititos, felicitándole por su iniciativa. Esta vez tardó más, un largo cuarto de hora, mientras la mujer lloraba. Cuando acabaron, él la tomó del pelo y la obligó a girarse para darle otro beso con lengua mientras la retenía junto a sí oprimiéndole los senos con gran fuerza.

Comiéndose las lágrimas, ella lo miró con desdén mientras se masajeaba sus doloridos pechos.

Zack le hizo una seña a Centa, que se quitó el tanga de nuevo y adoptó también la posición del perrito, a cuatro patas. A una seña de Xint, su dueña, la tomó de nuevo como si fuera otra perra callejera. Estaba muy reciente lo de Shask, por lo que Yiiku tardó más de veinte minutos, pero por fin regó el interior de Centa también.

Cuando acabaron, Zack le tiró el tanga de nuevo a Centa, que se lo puso enseguida, pero el bikini de Shask lo tiró a una papelera que había en una farola, llena de desperdicios. Luego tomó una de las correas del collar de su esclava y lo pasó por el interior del de Yiiku, y entregó la otra correa a Xint.

Aquella muchacha lo tenía muy asumido, mucho más que su madre o que Yiiku.

Yiiku tuvo un impulso, y la abrazó.

Zack se llevó al hombre y a su hija adentro, pero antes de irse los hen vieron cómo ambos extraterrestres se chupaban mutuamente la boca. Eso debía ser una versión alienígena de un beso de despedida.

En cuanto llegaron a casa de Xint, esta les dio de comer una especie de pienso frío que sabía muy mal, pero que les llenó la barriga. Luego hicieron sus necesidades y  se ducharon los tres juntos.

Luego Xint les sugirió que se ayuntasen de nuevo. Primero tuvo que regar a Shask y luego a Centa.

Cuando Xint se fue, él preguntó:

Eso tomó a Yiiku por sorpresa:

Aquello enamoró a Yiiku. Le tocó el corazón. Le tomó la mano, y se la besó: sí, efectivamente, su primera impresión fue la buena. Era toda una señora.

Ella sonrió, estaba sonriendo cuando él la besó. Se diría que estaba feliz. Él la acarició y dos horas más tarde, tras un sinnúmero de caricias, tras retozar interminablemente por el suelo del pajar donde dormirían aquella noche y muchas más, la llevó al orgasmo, casi inmediatamente tras el cual él tuvo el suyo. Efectivamente, no tenía nada que ver con los coitos callejeros anteriores.

Cuando acabaron, la madre se giró hacia su hija y le dijo:

Él tomó algo más de aquel pienso orgánico del que su ama le había dado un saco pequeño para que pasaran la noche, y luego se duchó con su nueva pareja, Shask. Ella lo había dicho: la habían casado con él hasta que lo divorciaran con la misma facilidad y sin preguntarles nada a ninguno de los dos. Pero así eran las cosas.

Tras la ducha, Shask se tumbó sobre la paja, pues necesitaba dormir: habían sido muchas emociones durante el día.

Yiiku cogió a Centa de la mano y se la llevó a  dar un paseo. La casa de Xint tenía un amplio patio de quinientos por trescientos metros, y pasearon por allí durante casi dos horas, hasta que se hizo de noche. Es curioso, se dijo el hombre, hace unos meses si hubiera estado con una de estas dos, habría estado impaciente por hacerle el amor, mientras que ahora lo estoy retrasando. Será la confianza de saber que lo vamos a hacer…

Al volver al pajar se dieron cuenta de que Shask no estaba donde la dejaron, sino algo más lejos. Se ve que se movía mucho cuando dormía.

Él se acercó a la bella durmiente y le dio un cachete en el culo.

Ella lo miró sin comprender, pero entonces vio a su pequeña, y recordó.

Yiiku le dio un largo beso a la madre, con lengua profunda, y luego se fue a darle otro igual a su hija, mientras le acariciaba su generoso pecho hasta casi hacerle daño, pero ella no chillaba de dolor, sino que gemía de placer. Su respiración se hacía más profunda cada vez. Ella se corrió antes que su madre, a los cincuenta minutos. Él continuó, sin embargo, pues no podría preñarla si no había eyaculación. Finalmente llegó a su orgasmo, y entonces sucedió algo muy raro: las dos llegaron al orgasmo simultáneamente con él.

Ellas le sonrieron.

En ese momento apareció Xint en el dintel de la puerta principal de la casa. Lanzó un silbido y los tres se callaron, escuchando atentos. Les llegó la imagen de Yiiku. Él se dirigió hacia donde su ama se encontraba, seguido de ellas dos, pero enseguida se dieron la vuelta y se volvieron al pajar, sumisas.

Él estuvo el resto de la tarde dedicado a tareas domésticas: barrió la casa, luego la fregó, lavó los platos y le hizo la colada a su ama, tras lo cual le planchó la ropa.

Ella estaba sentada en un sillón mientras él hacía todo eso desnudo. Se diría que a ella le encantaba la vista. Le interrumpió dos veces para extraerle el néctar de su hombría. Le dio algo de pienso para compensarle. Le habló de su mundo y de por qué habían invadido suyo, el de los hombres. Su mundo, Xentec, en la estrella Yía, que en La Tierra se conoce como Próxima Alfa-Centauro, se volvió inestable, y ante el riesgo de morir su raza, decidieron buscar un nuevo hogar. Por eso enviaron una avanzadilla a este planeta, y cuando vieron las condiciones del mismo, lo manipulables que son sus habitantes, y sobre todo lo que estaban haciendo con el mundo, decidieron tomar el control. Primero controlaron los gobiernos, y luego cuando vino el éxodo masivo, a todo el pueblo. Sí, era cierto: los terráqueos son comestibles para ellos, que no tienen dientes ni los necesitan: pueden empequeñecer su boca hasta el diámetro de un alfiler, y perforar la carcasa de cualquier animal terráqueo, de los que hay mucha más variedad que en Xentec, luego inyectan sus jugos gástricos dentro del cuerpo, que van disolviendo el interior de su víctima, y luego es cosa de reabsorber en su cuerpo el total: el disolvente y lo disuelto en el mismo. En realidad ellos no comen animales: se los beben. Pero hay dos excepciones: el esperma y la leche materna de los hen. Les encanta por igual a los machos y a las hembras centauros. No es un componente sexual: es simplemente una golosina para ellos, y además muy nutritivo. Se lo beben directamente, sin inyectar nada a los hen previamente.

Xint le capturó la manguera de su hombría y se la succionó. Acabó extenuado, pero a los diez minutos ya estaba recuperado.

En un momento estaban las dos mujeres en la casa.

A Yiiku le sorprendió comprobar que esa idea le excitaba. Observó a las dos mujeres y vio que tenían el ritmo de la respiración alterada. ¡Somos sus verdaderos esclavos!, pensó.

Se quedaron allí bastante tiempo con su ama. Le preguntaron muchas cosas, entre ellas el significado de sus nombres.

Xint hizo una breve pausa, como si estuviera haciendo la cuenta, y al cabo de unos segundos dijo:

Viendo las expresiones de sus mascotas, y notando lo que sentían, Xint dejó de contarles, terminando con este apunte final:

Aquella noche Yiiku soñó con la rubia de ojos grises tristes. Soñó que estaba de nuevo en aquel hospital y ella se le subió encima otra vez.

Al cabo de siete meses ambas mujeres parieron con una diferencia de cinco días, y no quisieron mirar a su bebé ni un minuto más de lo que Xint es obligó. Él estaba allí, junto con su ama.

Primero Centa se sintió mal, y se acostó en el suelo, en el césped junto a la casa de su ama, y abrió las piernas. Tras unas horas empujando, por fin dilató lo suficiente y entre Yiiku y su ama le extrajeron el niño de dentro. Luego su ama lavó a la recién parida cuidadosamente y le untó un líquido para protegerle de las bacterias. La mujer que había tomado por partera porque había sido avisada con urgencia permaneció a una distancia prudente, y tras el parto se quedó con ellos hasta que Centa comenzó a amamantar a su bebé. Tras comprobar la calidad de la leche de la joven, Xint le entregó el bebé y ella, descubriéndose un pecho, le dio de mamar, mientras se lo llevaba.

Al día siguiente le trajeron un bebé de color a Centa para que lo amamantara. Cada cinco o seis días le traían otro y se llevaban el que tuviera. Se lo había advertido su ama, y ya estaba acostumbrada a la idea desde antes de que empezara esa nueva tarea suya.

Cinco días más tarde le tocó el turno a Shask, sólo que en lugar de horas fueron diez minutos escasos por cada niño, pues tuvo gemelos: un niño y una niña. Otra humana, esta sí estaba desnuda del todo, se hizo cargo de los niños, que se llevó colgados de ambos pechos en cuanto Shask comenzó a lactar. Pero le trajeron otros dos niños para que desarrollara su producción de leche, que ya no dejaría de tener en el resto de su vida. Por fin Xint tenía dos humanas lecheras. Como le había dicho su dueña, los niños se los cambiaban con frecuencia de días, si bien no sabía de dónde los traían, ni dónde estaban sus madres.

Para que le fuera menos duro, su ama le trajo a Keiko, una joven japonesa muy guapa a la que Yiiku tenía que distinguir con sus favores, porque su nueva misión era preñarla. Dos meses después, cuando era evidente que lo había conseguido, apareció un hon negro, del centro de África, muy alto y fuerte, que se dedicó a fornicar a la madre y a la hija, a Shask y a Centa, hasta que al cabo de un mes ambas estaban en estado de buena esperanza. Pero alguien había venido ya en ese estado: Gra, la joven hija de Bru, el negro africano, que había venido con su padre. A la semana de estar con ellos, la joven Gra parió un hermoso bebé moreno, que se llevaron al poco tiempo. Pasada la cuarentena, Yiiku tuvo el nuevo encargo de embarazarla otra vez, cosa que consiguió en algo más de un mes. Para entonces también estaban preñadas de nuevo Centa y su madre, del padre de Gra. En cuando se supo, los africanos se fueron, pero se llevaron a Centa con ellos. Keiko permaneció algunos meses más con Yiiku, y cuando se la devolvió a su antiguo país, Xint trajo a Glo, la hija mayor de Shask para que sirviera de pareja temporal al hon, y a Rosario, una brasileña muy explosiva que se había dedicado a la pintura hasta que los intrusos acabaron con todo eso.

Glo contó a su madre lo que había ocurrido desde que se había ido ella de casa. Había estado ella sola en aquella casa con su amo, porque a su padre se lo llevaron a otro sitio y ya no volvió a verlo. Su amo no era malo. Le gustaba conversar con ella, y le contaba muchas cosas de su planeta. También le contó que a su padre lo había cambiado a un centauro de Sudamérica por dos jovencitas que su amigo le enviaría a él cuando hubiesen parido lo que el ex de Shask había sembrado en ellas. En cuanto llegaron, Zack le había enviado a Xint a la propia Glo para compensarla por haberle privado de Centa, que le había cambiado a un africano por una bantú muy fuerte y joven, Gra, que ya conocía Shask. Su dueño quería que Bru le hiciera más hijos a Centa, pues el hijo que le había hecho le había gustado mucho. Eso le dio a Xint la idea de repetir con Shask y Yiiku, pues antes de Bru ella había tenido mellizos, aunque el africano le había hecho a la mujer blanca una preciosa niña color marrón claro a la que llamaron Lap, sonriente. Xint decidió dejarla con su madre y el hombre para experimentar qué ocurriría cuando ella creciese y fuese fecundada por el amigo de su madre. Porque les dijo que seguirían juntos ya que le interesaba más cantidad que la calidad, y quería saber si el prolífico era el hon o la hun, si bien la cruzaría con otros machos, por lo cual en los siguientes diez años le dio doce hijos de Yiiku: tres camadas de gemelos y dos de trillizos, y siete de otros hon que trajo a su casa, y cuatro de otros lugares a los que la envió para probar el grado de nostalgia que sentían el uno por el otro.

Glo era cuatro años mayor que su hermana, por lo que tenía 22 en el momento en que Yiiku la montó la primera vez. La dejó preñada en un mes, pero Xint les dejó disfrutar a los tres, de modo que Glo también aprendió a hacer el amor, además de a follar como una perra, viendo cómo lo hacía su madre, y aunque ella también había tenido su experiencia antes de la invasión, pues lo que ella conocía era sexo sin muchas más pretensiones. Eso hizo que Glo se enamorara también de Yiiku, aunque en el nuevo régimen del mundo ella sabía que el amor era más platónico que otra cosa, si bien tenía interludios de amor carnal, si tenía suerte y sus amos estaban contentos con lo que producían los dos juntos. Eso produjo una inversión de valores, y ya los hijos no eran la consecuencia del amor, sino la causa, en casos como el de Yiiku con Shask y su hija Glo, y Rosario, la brasileña, hasta que, unos años más tarde, la enviaron a su tierra y ya no la volvieron a ver.

Lo curioso es que los hijos de la primogénita de Shask también eran mellizos o trillizos, de lo que dedujo la alienígena que se trataba de algo de compatibilidad de genes. Por eso empezó a madurar la idea de recuperar a Centa, que le faltaba hacía ya varios años. No querían los centauros que los humanos desarrollasen sentimientos de afecto entre ellos..., pero estaba claro que ella sí que los tenía por los terráqueos. ¿Era una mala centaura, o es que ellos hacían simlemente lo que les venía en gana? La verdad es que los centauros no entendían de países ni culturas, y aparentemente estaban todos muy bien conjuntados entre sí y con el planeta. Tenían sus razones para hacer lo que hacían pero nunca se lo explicaron a los terrícolas, y seguramente estos nunca las comprenderían.

Xint estaba encantada, pues con tres hembras lecheras ella tenía más que suficiente para su alimentación y para invitar a sus amigos. Todos los días las hacía pasar, a una cada tres horas, por su casa, y les palpaba los senos mientras les aplicaba la boca al pezón, y sorbía hasta que quedaba satisfecha. Con el tiempo se desarrolló un lazo de afecto entre la alienígena y las esclavas, sobre todo con la mayor de ellas, Shask, sin la cual ella ya no sabría estar. De vez en cuando Xint invitaba a cinco o seis centauros a su casa a lo que sería el equivalente de una fiesta para los humanos, y a lo largo de la misma las mujeres y el hombre se paseaban entre los alienígenas con bandejas con bebidas y pequeños bocadillos extraños, cuya procedencia no quisieron saber ellos, los humanos. Pero a la hora del postre todos recibieron su ración de leche humana directamente de los pechos de las mujeres, y también algunos afortunados, a los que Xint apreciaba más que a los demás, tuvieron acceso a la manguera de Yiiku, al que dejaban extenuado, si bien la alteración genética que Xint y sus especialistas habían operado en el cuerpo del macho le capacitaba ahora para reponerse en muy poco tiempo.

Un buen día les dijo Xint que iba a dar una fiesta especial, durante la cual les iba a dar una sorpresa. Cuando ya había empezado, vieron que Xint se ausentaba unos minutos, mientras ellas servían su golosina preferida a los invitados. Luego la anfitriona les hizo pasar a una habitación especial, algo más pequeña, donde había una mesa con una sábana por encima, que ocultaba lo que parecían platos de comida.

Cuando el hon se acercó a la mesa, su ama tiró de la sábana y esta cayó al suelo. Lo que se descubrió allí dejó indiferentes a los centauros, pero los humanos dieron un salto de alegría: ante sus ojos estaba una sonriente Centa, acostada, que los miraba con dulzura.

Xint les explicó a los centauros que iban a ver una demostración de cómo se ayuntaban las mascotas, cosa novedosa para muchos de ellos, pues no tenían. Los vegetarianos presentes se miraron, y luego se encogieron de hombros.

El macho no defraudó a su dueña: se subió a la mesa y tomó a Centa en la posición del misionero. Ella le rodeó con las piernas, y les imprimió un movimiento circular alrededor de los glúteos del hombre. Este aprovechó para musitar palabras de afecto directamente en la oreja de la madre de varios de sus hijos:

Aquello había sido el fin de fiesta. Después los centauros tuvieron una breve charla entre ellos, y se despidieron de la anfitriona hasta una próxima vez.

Más tarde, en su pajar, los humanos le preguntaron a la retornada por su experiencia africana. Su pareja más frecuente allí había sido Bru, al que acabó conociendo muy bien. Él no soportaba no saber de su hija, y eso lo volvía muy agresivo, lo que ella notaba en el acto sexual, muy enérgico y malhumorado. Al final su amo se lo tuvo que comer para que dejara de darle problemas.

Cuando Yiiku y Centa tuvieron un momento de intimidad, él le pidió más detalles de su estancia en África, sobre todo por los demás compañeros sexuales que le habían asignado.

Ella calló un momento, como si dudase si confesarle algo desagradable...

Shask estaba muy contenta al tener a sus hijas con ella, y saber de su hijo, que estaba bien. No le gustó mucho saber que tenía, o había tenido, un nieto doble fruto de una relación incestuosa entre los hermanos, pero todos sabían que lo más probable era que ya no lo tuviera… Sólo le faltaba saber de su ex marido, con el que pasó tantos años felices. Pero Xint le contó a Yiiku que Zack se lo había cambiado a un amigo suyo de Sudamérica, donde le había hecho 20 hijos a otras tantas mujeres de su amigo y de otros visitantes, porque era un semental muy bien considerado en aquel entorno. Visto el interés de Shask, Xint decidió visitarle en Sudamérica con su esclava más vieja para que su antiguo amor le hiciera otro hijo.

Pero la maternidad era algo que ya no existía en aquel mundo tan cambiado. Ni la paternidad. Se trataba de despensa, o en cualquier caso, los humanos habían aprendido a que eso no les importase. Xint era una buena ama, pero entre los alienígenas se prestaban los esclavos, y a veces estaban algunos meses sin verse, aunque es cierto que tanto Shask como Yiiku eran propiedad de Xint, pues ambos llevaban en el lateral de su pierna derecha el certificado de propiedad que así lo atestiguaba, y si no vivían exactamente juntos, sí dormían en el mismo lugar casi todas las noches del año, y con el tiempo se hicieron amigos y se tenían un cariño que sólo es posible entre gente de la misma condición. Por eso con el tiempo Shask tuvo los veinte hijos que se temía al principio que iba a parir, y superó esa cifra en nueve, pues el climaterio no le acababa de llegar.

16 Una visita particular. English Esperanto

Cuando Shask y Glo parieron a su decimoquinto y primer hijo respectivamente, Xint se las llevó junto con Yiiku a una visita muy instructiva a una granja, dejando a a cargo de Centa y Rosario los cachorros que usualmente cuidaban las cuatro.

Sí, efectivamente, los centauros tenían granjas de carne por todo el planeta, como las de ganado bovino y porcino que los humanos habían tenido antes, aunque no eran exactamente iguales. Los centauros eran varios millones, aunque no tantos como los terrícolas, y habían organizado la distribución y conservación del alimento más abundante del planeta, aunque, justo era reconocerlo, también había centauros vegetarianos. Sin embargo, ellos eran los peores enemigos de los hen, porque decían que no se deberían gastar tantos recursos naturales en su preservación, y abogaban por su erradicación total. En cambio los carnívoros, que eran mayoría, defendían la cosecha de humanos.

El hecho de que Zack no las hubiera llevado a una granja, como a tantas otras, les dijo Xint, se debía a que le habían caído muy bien, y él deseó que fueran sus animales de compañía, no animales de cría, cuya vida sería más aburrida y sobre todo más corta. Pero a él le gustan los cambios, y por eso se las regaló a Xint, sabiendo que ella las iba a tratar bien.

Lo que vieron allí les horrorizó, pero también les hizo pensar que habían tenido mucha suerte, dentro de su desgracia: allí había sólo hembras, aunque no tenían un pie clavado al suelo, sino que estaban unidas por una pierna a un cepo unido una cadena enganchada a una argolla en la pared. Desde que las destetaban les ponían el cepo, que le cambiaban a medida que iban creciendo. En cuanto ya eran fértiles, alrededor de los doce años, las fecundaban artificialmente, y en cuanto parían las ordeñaban tres veces al día durante el resto de su vida, que se medía en partos. Cuando habían tenido de 20 a 30 crías solían sacrificarlas, y acababan vendidas en latas de conserva para consumo de los centauros, aunque a veces algunos de ellos venían, les dijo el guía, a la granja y elegían a una que les gustaba para comérsela allí mismo, en un comedero adjunto a la granja, después de haberla comprado. Era una buena experiencia que se tenía en familia, les dijo.

Mientras estaban haciendo la visita asistieron a la maniobra de fecundación de seis de aquellas mujeres. Se encontraban en el suelo, donde podían estar acostadas o sentadas. Cuando la cinta transportadora les traía el pienso, se acercaban a ella y comían mientras querían, pues la cinta no se paraba mientras una sola de ellas estuviera comiendo. Se diría que no querían los centauros que les faltara de nada. Cuando la otra cinta transportadora se ponía en movimiento, hacían encima de ellas sus necesidades, que desaparecían en un momento. Junto a cada argolla había una ducha y agua abundante para que su higiene fuera buena. También podían beber sin límite, y orinaban en el sumidero de la ducha. Entró un centauro con una jeringuilla enorme, de un par de litros de capacidad, que acababa en un tubo de un centímetro de diámetro, aunque no tenía aguja. A su señal las seis mujeres se pusieron en la posición cuadrúpeda, o sea, de rodillas y apoyadas con las palmas de las manos en el suelo. El centauro les enchufó la jeringa en la vagina y les introdujo, una a  una, una cantidad determinada del líquido que llevaba dentro, que era esperma humano rebajado con agua destilada. Cuando las seis estuvieron regadas de esa manera, se tumbaron en el suelo boca abajo, permaneciendo así media hora, al término de la cual se estimaba que el procedimiento había terminado.

Yiiku se había quedado mirando a una mujer que no participaba en dicha ceremonia. Era bonita, y aunque estaba rapada y nunca antes la había visto desnuda, reconoció en ella a una de sus clientas habituales. Ella le debió de reconocer también, porque le miró, avergonzada, muy roja por la vergüenza de que le viera así, a la vez que se preguntaba por qué aquellas dos hembras y él no estaban amarrados a una argolla, como ella.

Xint habló con el centauro que se ocupaba de la granja, que finalmente le abrió el cepo que aprisionaba el pie de esa muchacha, ante su asombro.

Mientras el hombre tomaba a su antigua clienta por la mano y se la llevaba fuera, el centauro le puso el cepo a Shask y la propia Xint le puso otro a Glo. Eso las tomó por sorpresa, y no pudieron decir nada, aunque se asustaron mucho. Xint no les dijo nada, y entonces ambas empezaron a llorar y a suplicarle que las liberaran. Xint le dijo algo al centauro, que se fue y volvió con su herramienta cargada. Tomó a Shask por el pelo y la tiró al suelo boca abajo, y le puso un pie sobre la cintura para que no se moviera mientras le descargaba dentro la mitad de la jeringuilla, lo que le hizo que el líquido le rebozase la vagina y parte del líquido se derramara  por el suelo. Xint impidió a Shask incorporarse poniéndole un pie sobre la cabeza  mientras el otro centauro repetía la operación con Glo, a la que siguió inmovilizando hasta que les ordenaron a ambas que no se moviesen durante media hora, cosa que no se atrevieron a hacer.

Durante esa media hora estuvieron llorando, y se habían resignado al cambio de su suerte: su ama se las había cambiado a aquel hombre por la chica que Yiiku había elegido. Por eso le había hecho salir a él. Pero al término de esa media hora Xint les quitó el cepo y les dijo que se levantaran.

Xint las miró y sonrió al recordar uno de los tabúes de aquella especie tan primitiva.

La muchacha se acercó a su madre y la besó en la boca. Shask estaba atónita, no se explicaba lo que estaba pasando, por lo que su hija le dijo mientras le abría la boca con las manos:

La mujer se acercó, a sabiendas de que no iba a ser agradable. La centaura empequeñeció su boca hasta el calibre de una aguja, y le horadó el pezón izquierdo. Shask aguantó el dolor con un estoicismo que no sabía que tenía.

Mientras tanto, Yiiku tenía una charla muy interesante con su vieja amiga:

—Vale, —dijo un poco triste. —Yeka. ¿Eso qué significa?

Él le tomó la cara entre sus manos, y la besó profundamente. Luego le abrió las piernas y la tomó de pie. Ella subió los pies y se enroscó en el abdomen de su hombre, y comenzó a gemir, totalmente entregada.

Y se sentaron en el suelo, alrededor de ellos. Retomaron la actividad, que acabaron con un grito de placer de los dos animales en celo.

Xint le exploró la mente, y no le gustó lo que vio. Allí había mucha pasividad. Se dirigió a las otras dos, y vio un montón de imágenes contrapuestas, pero todas movidas. Pero en la de Yeka no vio ni amor ni odio, sino sólo una aceptación. Esta chica le tenía mucho miedo a la granja. Quizá se veía libre de ella y no quería volver más. Pero bueno, quizá valdría.

La rodeó lentamente, dando pasos a su alrededor. La mordió en un seno, luego en el vientre, y por fin le puso las dos manos a lo largo del muslo derecho, y se lo pellizcó. Tenía los dedos muy fuertes. Luego le aplicó su boca y le escribió una serie de caracteres a lo largo del muslo, desde la cadera hasta el tobillo.

Yeka se miró el muslo, y vio que, efectivamente, lo recorría un tatuaje de tinta verde botella desde arriba hasta abajo.

Xint sonrió. Este Yiiku la había convencido, haciendo la doma totalmente innecesaria.

Son buenas perras, se dijo Xint. Creo que me las quedaré para siempre. Pueden enseñarle su oficio a otras nuevas que traiga.

Antes de levantarse, ella le dio una última orden a Yiiku:

Yiiku volvió a entrar en aquel barracón donde había cincuenta mujeres. Ursk le dio un poco de pienso que sabía diferente. Cuando terminó estaba muy cansado, pensando que algo raro debería tener aquel pienso, puesto que había resistido varias horas haciendo su trabajo, y ahora sólo ansiaba tumbarse en el suelo y descansar.

Las mujeres estaban hablando con su ama, animadamente, aunque en realidad esta callaba, escuchando, mientras las otras tres hablaban entre sí casi sin parar. Cuando lo vieron, su ama se levantó y las demás también lo hicieron a un signo de ella. Y enseguida vino un extraño vehículo sin ruedas que, flotando a dos metros del suelo, se los llevó hasta la casa de Xint.

Tal cual esta les había dicho aquel día tuvo su fruto: tras siete meses Sahsk tuvo un mulato, Glo tuvo un niño con rasgos asiáticos, y Yeka, que ya contaba con un frondoso pelo negro que le llegaba a los hombros, tuvo a su tercer hijo, el primero fuera de aquella granja de carne.

17 La muerte de Shask. English Esperanto

Un buen día despertó y no encontró a su querido Yiiku a su lado. Pensó que estaría con Glo, pero esta tampoco estaba. Preocupada, le preguntó a Xint, que la informó de que se los había regalado a Zack y no  los vería más que de visita. En realidad ya no los vería más, como veremos más tarde.

Shask se sintió my mal, a pesar de que Xint le trajo a Step, un moreno de los antiguos Estados Unidos muy joven que le hizo varios mulatos, pero uno detrás de otro. Sin embargo Shask no estaba contenta, y cada año su dueña la hizo tener un embarazo de un hombre diferente cada vez, dos de ellos de su antiguo marido, que la encontró muy vieja. El encuentro no fue lo que ella había pensado porque él era en realidad un extraño que había estado con cientos de mujeres, al igual que ella había estado con decenas de hombres de los que había parido hijos que no eran de él. 

Ella por quien suspiraba era por Yiiku, al cual no volvería a ver. Centa también la dejó cuando murió de parto debido a una enfermedad que contrajo en el último mes de embarazo. Se salvó al niño, pero no a la madre. Por eso la tuvieron que incinerar. Era algo poco frecuente, pues los centauros habían acabado con la enfermedad en el planeta en la práctica, pero de vez en cuando aparecía una nueva de esas raras y para cuando ya la habían controlado había habido varias bajas, como en el caso de Centa.

Xint nunca se desprendió de Shask, a pesar de que los demás esclavos iban y venían. Le había cogido cariño y así se lo confesó en una ocasión. Le hacía pasar muchas veces a su casa, y se pasaba horas hablando con ella, y acariciándola, como se acaricia a un perrito. Los centauros no tienen vello corporal, y por eso Shask le parecía un animal muy bello, porque tenía muy poco. De hecho la depiló en una ocasión, y la tenía siempre sin la poca pelusilla que había llegado a tener en el pubis alguna vez.

Por eso, en nombre de ese afecto que le tenía, Shask se atrevió a pedirle un día a su dueña que se la bebiera, pues no quería acabar como su hija. Estaba segura de que seguiría viva en su ama, ahora que ya no le podía dar más hijos, pues hacía ya más de un año que no le venía la regla, y quería correr la misma suerte que muchos de sus otros veintiséis hijos, los que Xint se había bebido.

Le dio un beso en la boca, la acarició, y se imaginó lo que sería hacer el amor con una humana. Pero no sintió nada especial, sólo afecto.

Xint la tuvo tres días sin comer nada, dándole sólo agua. Cuando llegó el momento, le cogió una mano entre las suyas: cinco dedos entre siete más largos que los rodeaban. Se la llevó a su dormitorio, donde ningún otro esclavo había entrado nunca. Allí la tendió en su cama de espaldas, y le mordió con delicadeza a la altura del ombligo. Le vació el vientre en primer lugar, bajo la sonrisa de la esclava, que no sentía dolor alguno, sino un inmenso placer. La fue sorbiendo poquito a poco, y en lugar de minutos, tardó horas en sorberla del todo. Xint disfrutó mucho de esa comida que se le ofrecía como ofrenda última, y Shask se le metió a su devoradora dentro del todo con la sonrisa en los labios. Lo último en que pensó  fue en la primera vez que Yiiku le hizo el amor en el pajar. La centaura tuvo que estar durmiendo durante varios días para poder asimilar todo el alimento que había tomado. Luego, una vez condensada y asimilada la materia extraída de Shask, se levantó, hizo ejercicio físico, se fue a dar un largo paseo, y volvió a su normalidad.

18 Fin número 2. English Esperanto

Si no le ha gustado este fin de la historia, olvídese del capítulo anterior, y vaya de Una visita particular a Suave amanecer directamente.

19 Suave amanecer. English Esperanto

Y entonces le sucedió a Yiiku algo muy desagradable: cayó profundamente dormido y despertó al cabo de varias horas en un lugar diferente. Le costó mucho trabajo despertar, como si estuviera saliendo de un sopor muy extraño. Empezó a oír el tic tac de un despertador.

Él abrió los ojos como platos, y lo que vio delante no se lo creía: allí estaba la rubia de ojos grises, la mujer con la que había soñado dos o tres veces, hacía tanto tiempo…, tanto que ya ni se acordaba. ¿Estaba teniendo otra vez aquella pesadilla?

La rubia se puso muy contenta y llamó al médico, que vino a casa a pesar de que era de madrugada.

Le explicó lo que había sucedido: había tenido un accidente serio con el coche. Al principio temieron que se iba a quedar tetrapléjico, luego no se le entendía lo que decía. Había estado en el hospital un año, hasta que se le había autorizado a irse a su casa a morirse en paz. Pero no se moría, así que le alimentaban con un tubo que le metían hasta el esófago hasta que consiguió sorber automáticamente lo que le ponían a través de una pajita. Comprobaron que su actividad cerebral era muy alta, mucho más que si estuviera despierto. ¿En qué pensaba, con qué soñaba?

Al día siguiente fue al hospital a ver al doctor. Al doblar una esquina, se dio de bruces con una persona que no esperaba ver:

Ante él estaba su supuesta ama, la enfermera que le había cuidado durante más de un año. Que decía que se llamaba Cinta y no tenía ninguna trompetilla, ni succionaba gente, ni esperma siquiera. Y tenía una dentadura magnífica. En su delirio él había visto escafandras cuando ellos sólo se habían puesto mascarillas para no contagiarle ninguna bacteria. Y los marcianos verdes eran guardias civiles, los que le habían salvado la vida. Y los marcianos blancos eran enfermeros y médicos embutidos en sus uniformes de trabajo, así como los del quirófano, los otros marcianos verdes.

Cinta era muy simpática, una enfermera recién salida de la universidad, con 23 años y una gran ilusión por hacer bien su trabajo.

Ella no se lo podía creer. Álvaro le contó su sueño. Era demasiado detallado para haber sido un sueño…, pero parecía cosa de locos.

Ella se sentía, obviamente, atraída por él. No creía que él usara lo que le confesó para hacerle salir con él, pero ella quería hacerlo. Y finalmente lo hicieron. No sólo le hizo la felación, sino que hicieron el amor, y con el tiempo Cinta, la supuesta marciana, la Xint de sus sueños, parió una hija para él. Cuando la vio en su cunita por fin dejó de creer que todo aquello había sido real. Sin embargo, la llamó Shask. Amparo tuvo gemelas, a las que llamó Vicenta y Gloria.

Ella sonrió y le besó la mano.

Pero no, él no se divorció de Amparo. Ni tampoco dejó de ver regularmente a su marciana y a su hija. La una jamás supo de la otra, y él fue un buen padre. Para ambas familias.

20 Fin número 3. English Esperanto

Este es el final definitivo. Espero que le haya gustado esta historia, que plantea la posibilidad de que las condiciones extraordinarias para el desarrollo de la vida que posee nuestro planeta despierte la codicia de otros seres inteligentes cuyo planeta esté en peligro de extinción, justificándose en el poco cuidado con que lo tratamos. Avisados quedamos...

Murcia, a 21 de noviembre
de 2014, a las 09:44
Publicado en Obra Completa
como El Libro del año 2020
el 5 de mayo de 2020
a las 12:49 horas.


Bibliografía. English Esperanto

Se encontrará siempre la lista actualizada de mis obras en mi página web, Obra completa. No obstante, os recuerdo las narraciones que hemos compartido aquí:
  1. Un cuento infantil, o El soldado y la bruja: tiene dos partes, una para niños y la segunda para adultos. Escribí el cuento para celebrar el Día Internacional del Niño, el 2 de abril de 2012.
  2. El pecado del talibán: un creyente ferviente propicia una lapidación y luego lo lamenta el resto de su vida. No obstante, Dios es compasivo y puede corregir eso..., pero no sin costo.
  3. Amén: Fantasía sobre lo que ocurre después de la muerte.
  4. La psicóloga: el protagonista conoce a una mujer que nadie más puede ver, junto a un árbol en el parque. Cree que se ha vuelto loco, y por eso visita a la psicóloga mejor de de su ciudad, que le soprende de varias maneras. Escribí este cuento en febrero de 2015 en inglés, y luego lo traduje al español y al Esperanto. Si lo prefieres leer en alguno de esos idiomas puedes pulsar los enlaces correspondientes.
  5. Abuelo y nieto: Se me ocurrió la idea central de este libro cuando nació mi nieto, y por eso se lo dedico a él. No obstante, no hay nada biográfico en este relato. Es un libro muy breve, de apenas cuarenta páginas en tamaño A5, y el argumento trata de la literatura como puente que une al abuelo y al nieto. En opinión de los lectores el cuento es divertido, y nadie se ha quejado del tiempo que le han dedicado a leerlo. Como mis otros relatos, se puede leer gratuitamente y sin resumir en su versión esperanta. La publiqué en esta web el 15 de agosto de 2016.
  6. El año que fui mujer . Un anciano se convierte en mujer joven. Es mi primera novela escrita originalmente en inglés Ahora se puede leer en Esperanto. Publicada en versión digital en Amazon en inglés, y luego en español. Pero aquí se puede leer en Esperanto.
  7. La Cronista, o Los amos del tiempo: un maestro nacional jubilado decide dar la vuelta al mundo. En Chennai (también llamada Madrás), India, encuentra a una muchacha extraña: una viajera del tiempo que le explica su mundo. Durante más de 400 páginas compartimos las aventuras de Indalecio y Vanessa en el pasado y el futuro. hasta que finalmente asistimos a la transgresión de la materia, que da lugar a la trilogía: Transgresión, de la que este libro es el primer volumen, al que siguen Tricronía y Los desterrados, en que los protagonistas adoptan papeles menos importantes, y aparecen nuevos protagonistas, para nuestra diversión.
  8. El libro de las crónicas angélicas y las anécdotas diabólicas. Veintiún cuentos en que ángeles o demonios adoptan papeles de diversa imporancia. Tres de los cuentos son de mis compañeros Ann Lake, Gema Gimeno y Jack Crane. Este libro fue El Libro del año hasta el 31 de diciembre de 2018.
  9. La Federación. Historia del futuro desde un punto de vista extraordinario. Traducido y publicado en 2019.
  10. Umú, la hetaira de ébano. Una niña escapa de una realidad horrible para caer en otra algo menos horrible... Traducido y publicado en 2019.
  11. Cuando los marcianos conquistaron La Tierra. Se trata de este libro: Un hombre se despierta de un coma, y se encuentra con que en su ausencia su planeta patrio ha cambiado de amo... A lo largo de alrdedor de cien páginas se describe su nueva realidad, si bien este libro ofrece tres finales diferentes, para que el lector elija el que más le guste. :-) Terminado de publicar el 5 de mayo de 2020.
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