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Jesús Ángel. English Esperanto


El libro del año.

Desde 2016 publico en este sitio uno de mis libros en mis tres idiomas, español, inglés y Esperanto, independientemente de cual de ellas es la versión original. En principio iba a ser El libro del mes, pero el trabajo de traducción se hizo más duro y largo de lo que había anticipado, y con objeto de no hacer esperar a mis lectores, decidí compartir uno al año. Desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre se puede leer de modo gratuito, a medida que puedo ir poniendo los capítulos, uno detrás de otro, y al completar el libro, lo dejo en su totalidad hasta el último día del año, pasando a repetir la actividad con otro libro el primero del año siguiente. Hasta ahora hemos leído juntos diez de mis libros, y este es el décimo primero. Espero que lo disfruten ustedes.

Se puede acceder de una versión a la otra pinchando en las banderas que acompañan a cada uno de los epígrafes mayores del texto.

Cuando los marcianos conquistaron La Tierra.Ahora estamos leyendo Cuando los marcianos conquistaron La Tierra, que publiqué en Amazon en 2014.

Iré publicando capítulo a capítulo la novela en mis tres idiomas: español, inglés y Esperanto, y a su terminación la dejaré para lectura gratuita en esta web hasta el 31 de diciembre de 2020, fecha en que dejará de estar disponible en los dos primeros de estos tres idiomas, aunque siempre estará disponible en Amazon.

Este libro me lo sugirió la lectura de La guerra de los mundos, de H. G. Wells. Al terminar de leer esta obra maestra, me pregunté: ¿qué habría pasado si los marcianos hubieran ganado aquella guerra? ¿Habríamos desaparecido? Quizá no. Este libro responde a esa pregunta de dos maneras diferentes. Espero que disfruten leyendo, a pesar del matiz algo pesimista...
Cuando los marcianos conquistaron La Tierra,
por Jesús Ángel

El índice es como sigue: English Esperanto

    Presentación.
    Primera parte.
    1. La captura.
    2. Corazón de ternera.
    3. Eros y Tánatos.
    4. Alimento exquisito.
    5. ¿Semental?
    6. Rendición incondicional.
    7. La guerra que acabó con todas las guerras.
    8. El banquete.
    9. Una nueva vida para la humanidad.
    10. Espectáculos.
    11. Una marciana aprovechada.
    12. El precio de la esclavitud.
    13. La rubia de ojos tristes.
    Segunda parte.
    1. Libertad condicional.
    2. Una visita particular.
    3. La muerte de Shask.
    4. Fin 1º. (Primer final).
    5. Y de nuevo, la pesadilla. (Segundo final).
    Bibliografía.
© 2015 Jesús Ángel. Prohibida la reproducción total o parcial de este texto sin la autorización previa y escrita del autor.
Depósito legal V-88-2015


Presentación. EnglishEsperanto

El libro que tienes en tus manos, lector, es una fantasía, puede que una fábula, sobre la humanidad como especie animal, ni más ni menos. Las escenas descritas te pueden ser desagradables, o al menos impactantes. Por eso recomiendo esta lectura para mayores de treinta años con una formación moral y científica sólidas, pues es muy posible que no comprendan el sentido alegórico de esta narración, y se sientan ofendidos por los eventos descritos en las páginas que siguen a continuación.

A igual que en el otro libro en el que participé, La redención de Ecolgenia, este libro plantea que el ser humano ya no es el Rey de la Creación, pues aquí no se contempla ni la creación ni la monarquía celeste, sino que partimos de un planteamiento totalmente darwiniano, y tampoco sabemos, como en aquella obra, quiénes son los buenos y quiénes los malos en la confronta­ción de la humanidad con una especie superior. Al revés que allí, si embargo, no es este un canto optimista sobre nuestro futuro, pero sí sigue siendo un motivo para plantearnos y replantearnos qué estamos haciendo con nuestro planeta, y qué nos puede hacer nuestro planeta a nosotros..., o quienes se hagan cargo de ambos.

Este libro tiene dos finales, para que el lector elija el que más le guste. Uno acabo en el capítulo Epílogo. El otro ha de leerse desde el capítulo siguiente, 15, pero saltándose el 14.

Dicho todo esto, amable lector o lectora, te deseo una feliz lectura.

1 La captura. English Esperanto

El hombre miró, atónito, lo que ocurría ante él. Un hombrecillo verde le rompía el coche desde arriba. Usó un objeto de metal para romper del todo el parabrisas sin que él pudiera hacer nada, sólo estar allí mirando como un imbécil. El hombrecillo verde tiró de una palanca y él cayó hacia arriba, de golpe sobre el techo del coche. No entendía nada. El hombrecillo verde lo sacó a tirones de su coche y lo tumbó en el suelo. Allí lo cogieron otros dos hombrecillos blancos y lo encerraron en una caja blanca. Enseguida empezaron a mover la caja y a hacer un ruido infernal, mientras él oía a aquellos extraterrestres aullando en un idioma que él no reconocía. Estaba tan atónito que no podia hacer nada, pues estaba aterrado. ¿Lo estaban cocinando en aquella especie de microondas gigante? ¿Iba a volver a ver a su familia? ¿Dónde estaba su esposa? ¿La habían cogido también aquellos antropófagos? Nunca, nunca, había pasado tanto miedo.

De repente se abrió la caja aulladora y dos enmascarados lo sacaron de ella y lo ataron a una cama con ruedas y se lo llevaron corriendo hasta un sitio frío, obscuro, donde había más hombrecillos verdes enmascarados y con gafas, o puede que escafandras. Le pincharon con cosas y le hicieron unas extrañas maniobras mientras le decían palabras que él no comprendía. Le empezó a doler mucho la cabeza y perdió el conocimiento mientras pensaba: “Me están matando..., me muero”.

Cuando volvió en sí tenía un tubo metido en la nariz, y le estaban metiendo un líquido en un brazo que le dolía mucho. Estaba acostado en un sitio duro, desnudo, junto a personas que no conocía y que hablaban una jerga que él no podía comprender. Intentó hablar, pero una rubia guapa con cara de estar muy asustada le tomó una mano y le hizo un ademán de que se callara. ¿Quién era aquella mujer triste? ¿Se la iban a comer antes que a él? No le habló pero había estado llorando.

Cuando cerró los ojos se sintió algo mejor. ¿Qué estaban haciendo aquellos cabrones? ¿Lo estaban engordando como a los cerdos o a los patos para hacer paté con su hígado o jamón con sus muslos? ¿Quién se comería sus criadillas?

2 Corazón de ternera. English Esperanto

Se sorprendió al sentirse excitado por el pensamiento de que se le comiesen las criadillas. ¿Quién las tendría en su boca? ¿Sería un marciano o una marciana? ¿Las cocinarían primero, o se las comerían crudas? ¿Se las cortarían en vivo o lo matarían primero? ¿O se las comerían en vivo, sin cortárselas antes siquiera? No entendía nada, pero el pensamiento le excitaba. Que se comieran todo su cuerpo a bocados también le excitaba. Ahora comprendía, por fin, lo que sentirían los terneros y las vacas que había visto en aquella visita que había hecho, muchos años atrás, a una granja de carne. Aquellos seres cornúpetas le miraron con indiferencia, sin dar importancia a lo que a él le había impresionado tanto: la vista de una de las patas de cada uno de aquellos animales clavada al suelo. Se las desclavarían, le había dicho el guía, para llevarlos al matadero. Pobrecitos. ¿Qué delito cometieron naciendo para que tras una vida anodina, sin ver jamás la luz del sol, los condenasen a muerte y en lugar de un entierro digno se los comieran gente de otra especie y no dejasen ni los huesos, que en el mejor de los casos acabarían en el cubo de la basura, y en el peor transformados en mierda de perro? El perro, ese ser inferior que quizá los marcianos no se comieran porque era más parecido a ellos.

Pero él, representante de la especie superior del planeta, había sido desnudado y agujereado por un lugar a través del cual le inyectaban algo día y noche.

Periódicamente perdía la noción del tiempo..., suponía que lo dejaban inconsciente para que no se rebelase o hiciese algo que contrariase los designios de aquella raza de hombrecillos verdes y blancos enmascarados que ocultaban su rostro tras escafandras o gafas enormes y gorros ridículos. Pero no tenían nada que temer de él: un hombre desnudo y agujereado por varias partes no representaba peligro alguno para aquellos alienígenas. Muy disto sería si no estuviese drogado y tuviera una metralleta en sus manos. Una como la que usaba en el ejército en su juventud, cuando había hecho el Servicio Militar Obligatorio.

3 Eros y Tánatos. English Esperanto

¿Por qué le metían aquellos líquidos en su cuerpo? ¿Sería para dar mejor sabor a su carne? El pensamiento de que otro ser vivo se lo iba a comer le produjo una erección. Ahora recordaba el dicho de que estaba para comérsela cuando se refería a una mujer guapa o atractiva. A besos, claro, pero la boca que besa también come. Él se sentía bien. Nunca lo había pensado antes, y de haberlo hecho le habría invadido una sensación de disgusto y de asco, pero cayó en la cuenta de que todos los días moría mucha gente en el planeta, o bien por guerras, o por algún otro tipo de violencia, de hambre, y también por accidentes, enfermedad o edad. Y todos esos cuerpos se quemaban o se dejaban pudrir bajo tierra, según las costumbres locales, lo que era un gran desperdicio de alimento en un mundo donde se pasaba tanta hambre. Salvo los muertos por enfermedad, los demás podrían contribuir con su material a la alimentación de otros seres vivos, aunque fuesen de otra especie. Ese pensamiento era horrible hasta entonces, porque el ser humano era el que estaba al final de la cadena alimenticia: él se comía otros animales, pero a él no se lo comía nadie, y por eso era la especie más inútil de todas, pues después de terminar su vida, su organismo se perdía en polvo o ceniza. Lo curioso es que estos pensamientos ahora ya no le producían asco o disgusto, sino una especie de complacencia y excitación sexual. ¿Masoquismo? Es posible. Pero desde que no se sabía libre e independiente su concepto de la vida había cambiado mucho. Desde que tenía al fantasma de la muerte presente en su vida parecía que la libido se había adueñado de su alma: Eros y Tánatos, los dioses de la sexualidad y la muerte, se habían enseñoreado de su interior a partes iguales, como si el primero le aconsejase hacer algo para vencer al segundo por medio de su descendencia, aunque en aquel habitáculo no había nadie más que él y una marciana que periódicamente le visitaba. Pensaba que era del sexo femenino porque su voz era aún más aflautada que la de otros marcianos que habían ido por allí, porque era más bajita y porque parecía que le sonreía de vez en cuando.

Estaba en estas disquisiciones cuando una alienígena pequeña y blanca, entró en el habitáculo donde lo tenían prisionero y le quitó el paño con que lo cubrían para que no se enfriara y comenzó a lavarlo. Él creía que era la que ya conocía, aunque no estaba seguro porque no distinguía bien todavía a una de otra marciana. Cuando ella vio su erección miró a todas partes, y al sentirse sola, le friccionó su miembro con una herramienta especial hasta que le extrajo una muestra suficientemente abundante de semen. De hecho captó toda la eyaculación que produjo, y luego continuó oprimiendo y frotando hasta que él volvió a perder el conocimiento.

4 Alimento exquisito. English Esperanto

Cuando lo volvió a recuperar estaba limpio y seco. Se sintió a gusto, pleno. Había merecido la pena perder el seso. Quizá aquella marciana, o lo que fuera, lo encontraría interesante para quedárselo como mascota. ¿Qué tendría que hacer para ello? ¿Tendría que comprárselo a su captor, aquel hombrecillo verde que lo había sacado de su coche rompiéndolo de aquella forma tan poco ceremoniosa?

Comprobó que la marciana antes de irse le había metido un tubo de plástico por el centro de su hombría, y otro más grueso por el extremo inferior de su tubo digestivo. Ahora estaba perforado por cuatro lugares: el ano, el pene, un brazo y la nariz, pues por cada uno de esos lugares le entraba un tubo en su cuerpo. No, los alienígenas ansiaban su carne, y la estaban preparando para que fuera de primera calidad. En el fondo se sentía halagado. Quizá también consumieran su sangre. ¿Además harían con él lo que el hombre había hecho siempre con los cocodrilos? ¿Las marcianas lucirían un bolso realizado con su piel? ¿O zapatos? Se imaginaba su cuerpo sobreviviéndole a él en forma de flautas de hueso, perlas fabricadas con el marfil de sus dientes tallados y engarzados en adornos para las alienígenas, su sangre frita degustada por paladares exquisitos de la nueva especie dominante en el planeta, salchichas hechas con sus partes menos consistentes, sus cartílagos fritos y sus uñas quizá convertidas en púas para rascar diversos instrumentos musicales, o para rascar la piel alienígena, o quizá para fabricar consoladores para aquellas marcianas que ya hubiesen probado su erección; o aún seguiría caminando como piel de zapatos alienígenas, y guardaría los secretos de las marcianas convertido en bolso. Él recordaba cuánto le había gustado la carne de ave, en modo especial la molleja, o sea la zona del ano, pues eran unos músculos mucho más fuertes de lo normal, y era un reto para sus dientes. Ahora se preguntaba si los marcianos devorarían los suyos. Se los imaginaba comiéndose su ano, o el resto de sus tripas debidamente limpias y desinfectadas, como hacían ellos con los callos madrileños que tanto le habían gustado desde siempre.

5 ¿Semental? English Esperanto

Pero quizá aquella alienígena había informado a sus superiores de que el prisionero era apto para la fecundación y lo destinaran a fecundar a las hembras de su especie en una granja de carne. Sí, siempre había sido muy prolífico en la producción de semen. En una ocasión le habían hecho un análisis del mismo y le dijeron que era mucho más fértil que la mayoría de los machos de su especie. Con una gota podía fecundar a varias mujeres. Él esperaba que no le sacaran el semen mediante aparatos mecánicos y se lo inyectaran a las hembras diluido en agua, sino que le hicieran cubrirlas por medios naturales. Así serían más fértiles. Pero como especie domesticada de ellos que era, harían con él lo que ellos quisieran, y no lo que a él le gustaría.

6 Rendición incondicional. English Esperanto

Descubrió que ese pensamiento le excitaba. Toda su vida había sido competitivo, siempre trabajando, buscando la forma de ganar dinero para dar de comer a su familia y a los hijos que vinieran, bloqueado por el miedo al paro, a no cubrir las necesidades alimenticias de los suyos, siempre estresado y haciendo cosas que repugnaban a su conciencia, como estar agresivo con otras personas, engañar, mentir, chantajear, forzar a otros a hacer cosas que no querían, porque todo valía para no perder su trabajo Ahora sentía que aquellos seres venidos de otro planeta, de otra galaxia quizá, iban a cuidar de él. Lo estaban alimentando, le extraían lo que ya no le hacía falta, lo estaban engordando, y no lo vestían porque a los animales no se les viste. Quizá le indultaran para que sirviera de diversión o de compañía a algunos de aquellos seres superiores que estuviesen solitarios, como tantos humanos se habían sentido cuando eran ellos la especie dominante en el planeta. Los humanos a veces adoptaban un pavo o un conejo como animal de compañía, y en ese caso no se lo comían en Navidad o en una paella. La guerra que

7 La guerra que acabó con todas las guerras . English Esperanto

Navidad… Ahora que el hombre no era la especie dominante ya no habría más navidades. Ya se habían acabado la Navidad, los Reyes Magos, Papá Noel, la educación obligatoria, los países y las culturas, y también las guerras. Estaba bien, le gustaba la idea: el ser humano es tan destructivo que para acabar con la guerra se tuvo que acabar con la humanidad, al menos como especie dominante en el planeta. Ahora este pertenecía a unos seres que les habían dado a los hombres tantas explicaciones como ellos le habían dado antes a las gallinas o a los gusanos de seda. No se había fijado mucho en cómo eran estos seres alienígenas, pues la verdad es que lo habían sedado, engordado por días, suponía que sin hacerle mucho caso. El mismo que él había hecho a sus gusanos de seda cuando, siendo un niño, sus padres le permitieron tenerlos en una caja de cartón. Él les traía hojas de morera todos los días para que comieran. Hasta que un día no encontró hojas de morera y las trajo de ficus. Las metió en la caja de los gusanos de seda y se sentó a contemplarlos. Pero no les gustaban las de ficus y no se las comieron, sino que se murieron de hambre.

¿Se moriría él también porque su dueño o su dueña no supiera cuidarlo? Ese pensamiento le atormentó durante horas. Pero luego se encogió de hombros: ya no era dueño de su destino. Ahora lo era el alienígena que se hiciera cargo de él. Especuló con la idea de que nada le garantizaba que los alienígenas procedieran como los humanos: ¿existía el dinero alienígena? Bien, si existía, ¿lo comprarían a él, o lo subastarían?

Pensando esto, y entre sueños, vio cómo entraban en su habitáculo varios de aquellos seres embozados de ambos colores, blancos y verdes. Le descubrieron de nuevo, alzando la tela que lo tapaba, y lo tocaron por todas partes. Una de aquellas criaturas le quitó las sonda del pene, lo que le hizo sentir una sensación cosquilleante que le provocó una nueva erección. Pensaba que le iban a tocar su erección de nuevo, pero no ocurrió eso. Mientras le tocaban el pecho con una ventosa eyaculó espontáneamente. Aquellos seres hicieron un ruido intenso y encerraron su órgano en una especie de probeta larga y curva con la que recogieron toda la cantidad que pudieron. Luego pusieron el recipiente a contraluz y se vio que había llenado la cuarta parte de un vaso. Llamaron a su marciana para que le limpiara bien y le cambiase la tela sobre la que yacía y entonces le volvieron a introducir la sonda con mucha dificultad, porque no perdía la erección. Después le volvieron a poner por encima aquella tela tan áspera y se fueron. Le debían haber inyectado algo porque cayó de nuevo en un sueño profundo.

Cuando despertó estaba junto a él de nuevo aquella mujer rubia de ojos tristes. Él se alegró de que no se la hubieran comido todavía. Quizá la habían elegido para reproducirse. ¿Cómo llamarían aquellas criaturas a la cría de humanos destinadas a su mesa, a sus restaurantes o a sus frigoríficos particulares, microondas u hornos de otros tipos? Suponiendo que no se los comieran crudos, como los humanos se comen, o se comían, las ostras… ¿Ganado? ¿Los nuevos amos tendrían ganados o rebaños de humanos, o bien los cultivarían en granjas como la de vacas que había visto él hacía años?

8 El banquete. English Esperanto

Se volvió a imaginar a sí mismo desnudo sobre una mesa rodeado por cuatro o seis de aquellas criaturas, que le mordían por todas partes, dando así cuenta de su plato favorito, el ser humano. Seguramente serían tan civilizados para darle algún medicamento que no le permitiera sentir dolor, aunque quizá los gritos que esto le hicieran dar les daría mayor placer gastronómico, o bien si no era así, quizá las medicinas que le evitarían el dolor estropearían el sabor de su carne… ¿Serían sádicos sus captores? Quizá. O quizá no. Lo tenían sedado, pero eso podría ser porque no querían que escapase o porque no quisiera que sufriera. Así, pues, ¿ellos dejarían crecer a todos los humanos hasta su edad de madurez como se había hecho hasta entonces con las vacas, o seleccionarían a un grupo pequeño de niños para comérselos antes, como habían hecho los humanos con las terneras y los lechones?

Él tenía muy claro que lo estaban engordando, y eso no tenía más que una explicación: lo estaban reservando para su San Martín, o como ellos lo llamaran, la fecha en que se mataba el cerdo y se lo comían entre todos los vecinos, amigos o familiares, que se reunían a ese efecto. Ya había abandonado la esperanza de que lo destinaran a semental, pues le habían sacado ya dos muestras abundantes de semen con las que podrían preñar a veinte hembras humanas si se usaban las dosis adecuadas rebajadas con agua.

En ese momento sintió envidia de las mujeres. ¿Por qué no había sido él mujer? Ahora la preñarían con un fragmento del semen de un desconocido como él era en ese momento y hasta que no pariera no la sacrificarían. Con un poco de suerte les podría dar gemelos y la usarían hasta el final de su vida fértil, que podría ser hasta los cincuenta años de edad. Él tenía 25 ahora. Eso le garantizaría de 15 a 25 años más de vida. En ese tiempo podían ocurrir muchas cosas, hasta que los humanos recuperasen el control del planeta. Quizá los alienígenas se morirían ellos solos, como habían ocurrido en la famosa novela de aquel inglés, Wells. Pero no, él no era hembra, sino macho. Por eso lo matarían para comérselo, o se lo comerían vivo con o sin anestesia. Y aquello le dio mucho miedo, y se echó a llorar. Recordó que en su cultura los hombres no lloraban. Eso era de niños y de mujeres. Pero él ahora quería ser mujer. Y que la preñaran. Cuantas más veces, mejor. No sería ya una maternidad como hasta ahora, pues sería consciente de que estaba fabricando carne para la mesa de los nuevos amos del planeta. Pero garantizaba su supervivencia hasta que perdiera a capacidad de procrear. Sería como una vaca o una cerda. ¿Cómo las agruparían? ¿O no lo harían?

También se preguntaba si a los alienígenas les gustaría la leche de humana, como a estos les gustaba la de vaca. ¿La encontrarían nutritiva, equilibrada, vitaminada? Ojalá. Así se asegurarían las hembras de su especie la supervivencia unos años más, aunque no recordaba si las hembras podían seguir dando leche una vez alcanzado el climaterio… En cualquier caso, ¿cuántos litros de leche podría dar una hembra humana al día? Había vacas que eran capaces de dar hasta sesenta litros de leche diaria, pero una vaca pesa por término medio quinientos kilos. Si una mujer pesa entre cincuenta y 80 kilos y la producción está en relación, eso daría siete u ocho litros diarios. Quizá les diesen una dieta especial para que no dejasen de dar leche durante toda su vida, desde su primera preñez, y quizá llegasen a los quince o veinte litros diarios. ¿Las ordeñarían con aparatos, a mano, directamente beberían de sus tetas, o les permitirían a ellas mismas que se ordeñaran? Pobrecitas. Eso haría que les doliese mucho el pecho. Quizá se les deformasen y se convirtiesen en ubres propiamente dichas, como las de las vacas, o algo intermedio. Eso las haría menos atractivas, pero ya no tendrían que competir para ser preñadas, pues los nuevos amos las harían quedarse preñadas o bien con un semental, o bien por medios mecánicos, como se hace con las vacas en las granjas modernas, sin que nadie tuviese que elegirlas, ni ellas promocionarse, ya que son los amos los que deciden quién se preña y de quién.

Sí, el porvenir no era muy halagüeño para las hembras. Pero mejor eso que la muerte, ¿no?

9 Una nueva vida para la humanidad. English Esperanto

Y sin embargo…, ¿qué clase de vida era esa? ¿Estarían al aire libre, en el campo, o en granjas cubiertas como las vacas?

No se podía imaginar a doscientas mujeres juntas en un espacio cerrado, aunque teniendo en cuenta la diferencia de tamaño con las vacas, seguramente en esos establos cabrían más de mil con un pie clavado al suelo para que no se pudieran marchar, con una cinta transportadora delante de ellas en movimiento que continuamente les trajese comida y otra por detrás que se llevase sus excrementos. Bueno, las sentarían sobre sillas con un agujero en medio y le pondrían alimentos a la vista a la altura suficiente para que los pudieran coger con las manos y llevárselos a la boca. Si no las consideraban seres inteligentes no les pondrían cubiertos. Además, se podrían hacer daño entre ellas. Fantaseó un rato el hombre con el menú que les pondrían. ¿Sería apetitoso? Bueno, eso a los alienígenas les importaría lo mismo que a él le importaba si a su perro le gustaba el pienso aquel que le daba, el que compraba por sacos porque era más barato y que una vez probó y encontró horrible. Es que el gusto de los perros es diferente, le dijeron. Pero cuando le daba los huesos que sobraban de la comida, el perro se olvidaba del pienso, por lo que no debería estar tan bueno.

Tampoco creía que el pienso que le daban a las vacas fuese muy apetitoso, y sin embargo se lo daban. No era el bienestar y la felicidad de las vacas lo que les interesaba a los humanos, así que ¿por qué les iba a preocupar a los marcianos el bienestar o felicidad de las hembras humanas? De todas formas, con gusto se cambiaría él por cualquiera de ellas que pudiera parir, y así servir para algo más que para servir de alimento a los nuevos dueños del planeta. Sí, una mujer a los trece años ya podría, en teoría, dar a luz, y podría hacerlo hasta los cincuenta. Eso supondría poder tener, teóricamente, cuarenta y siete hijos. Podría morir de parto, cierto, y en ese caso los alienígenas se la podrían comer entera, pero no viva. Dependía de cuántos marcianos hubiera en la tierra, y cuántos humanos se quisieran comer. Podían ser un bocatto di cardinale, una exquisitez para sólo algunos afortunados, o un alimento básico, como lo había sido el pollo para el hombre. Eran muchos interrogantes los que se planteaba nuestro héroe, pero allí, en su cubículo, sin que le permitiesen moverse, no podía hacer otra cosa que elucubrar, pensar, imaginar, y a ratos disfrutar de algo de sexo. Había aprendido a llegar al orgasmo con la fuerza de su mero pensamiento, lo cual durante su vida previa había pensado que era una hazaña irrealizable. Pero dicen que la necesidad es la madre de la posibilidad.

10 Espectáculos. English Esperanto

Los antiguos romanos disfrutaban de pan y espectáculos gratis. El hombre ahora, sobre todo del sexo macho, podía ser ahora el protagonista tanto de la despensa como de la diversión de los nuevos amos... Sí, pensó de pronto que si los alienígenas tenían instintos competitivos o les gustaba apostar, los machos sí que tendrían una oportunidad de vivir algo más: la competitividad, el deporte, o la lucha. Seguramente les daría igual quién corriera más rápido o más lejos, pues eso no les había evitado que los capturaran. Pero podían ponerlos a boxear o a pelear. Esa idea también lo excitó de pronto, sin saber por qué. Él había sido pacífico durante toda su vida, pero la posibilidad de luchar por su vida le excitaba incluso sexualmente. ¿Lucharía contra un hombre, o contra una mujer? Lo que le disparaba las endorfinas ahora no era nada de tipo sexual en sí mismo, tocar carne de hembra, sino la cercanía de la muerte y la posibilidad de esquivarla aunque fuera momentáneamente era lo que le disparaba la libido: Eros y Tánatos otra vez, siempre iban unidos: el sexo y la muerte. Matar para no morir, y que el público se comiese al perdedor o que se lo subastase allí mismo, como en la lonja se subastaba el pescado. Los luchadores no sabrían tan bien como el ganado humano criado para la cazuela, al igual que el toro bravo no sabía tan bien como la ternera, pero los alienígenas aficionados a la lucha se lo comerían a gusto, saboreando los nervios, músculos tendones de la bestia que alguna vez mató a alguno de su congéneres, o al menos lo intentó, para vivir u poco más con permiso de sus amos.

Se imaginó a su vecina Rosa. Seguramente no valdría para la buena mesa, pues era muy delgada, aunque puede que con ella pudieran hacer una buena sopa o un cocido con sus huesos. Sin embargo ella había tenido ya un hijo antes de la invasión, por lo que podría encontrarse con una prórroga que él no tendría si a ella la elegían para parir más carne.

11 Una marciana aprovechada. English Esperanto

Seguía excitado por este tren de pensamientos cuando la marciana que lo limpiaba y lo cuidaba apareció de nuevo. Esta vez lo lavó con agua tibia. Eso le excitó aún más, y ella lo notó a simple vista. Miró a su alrededor buscando un recipiente en el que recoger el esperma, pero al no encontrarlo y comprobar que estaba sola, le tomó el miembro y lo introdujo por debajo de su mascarilla. Fue un acto reflejo, un impulso, sin pensarlo antes. Lo acababa de lavar y cambiarle las telas, y no estaba dispuesta a tener que volver a hacerlo de nuevo. Por eso le sorbió el sexo con aquella boca tan suave, pero con una fuerza que sorprendió al hombre, y no paró de hacerlo hasta que absorbió toda la descarga, y no fiándose del todo, aún siguió chupando hasta que él, agotado por el esfuerzo, perdió de nuevo el conocimiento, o se quedó dormido.

Cuando volvió en sí, ella ya no estaba, él estaba limpio y su miembro estaba totalmente flácido, aunque le dolía en un punto de la derecha del glande. Un punto minúsculo. ¿Le había puesto una inyección allí? Era posible.. Pensó en luchas, en la muerte, en hembras humanas desnudas, pero su miembro seguía flácido. Se imaginó que para la marciana habría sido como un sorbete de limón, algo agradable de esta pieza que habían cobrado y que pronto deleitaría el sentido del gusto de algún congénere suyo, y por eso quizá ella quisiera probar el manjar que cuidaba con tanto esmero.

¿Quién sería esa marciana? ¿Sería ya su dueña, o era una empleada de la casa o institución desde le engordaban para semejante San Martin?

Se concentró en su dolor y comprobó que no le dolía en un punto determinado, como había creído al principio, pues la supuesta medicación no le había hecho mucho efecto porque se le estaba hinchando el miembro, y el dolor ya no se concentraba en un punto, sino en una zona que se iba haciendo algo mayor a medida que se excitaba y se hacía mayor de tamaño. ¡Aquella perra marciana le había mordido! ¿Se habría llevado entre los dientes un pedazo de su hombría? Bueno, de su machez... Quiso tocarse para comprobarlo, pero sus manos, sus brazos, sus piernas, sus pies, no le obedecían. Estaba demasiado bien atado para eso, o bien le habían dado algún fármaco para quitarle el dominio de sus extremidades. O bien, pensó con horror, le habían roto alguna vértebra para evitarlo. Recordaba que en determinados accidentes uno se quedaba tetrapléjico si se rompía la columna vertebral. Pero él hizo un esfuerzo sensorial y sintió que estaba entero: no, su columna no se había roto. Sentía su pecho subir y bajar, acorde con su respiración. Notó que la podía controlar respirando más rápido o más lento, incluso retuvo la respiración too lo que pudo, varios minutos sin respirar en absoluto, hasta que notó los impacientes latidos de su corazón, otro músculo que podía controlar también, aunque indirectamente.. Finalmente volvió a respirar, pero estrepitosamente, y enseguida oyó por un altavoz la de aquella marciana que le había mordido cuando dormía. Intentó decir algo, pero no pudo por causa de aquellos tubos que tenía enchufados a su nariz y a su boca. Poco tiempo después entró ella en su cubículo y lo observó. Le dijo algo y le descubrió. Le tocó la entrepierna y le puso algo en su herida, algo que escocía. Luego le tocó el resto de su aparato genital y a pesar de que lo hacía a través del tejido plástico con que cubría sus extremidades, se notó más excitado. Ella lo acarició y lo miró. A pesar del dolor, o quizá precisamente debido al mismo, su excitación aumentó. Entonces aquella marciana, quizá movida por la piedad, o quizá por la gula, le aplicó su órgano succionador de nuevo y chupó con una fuerza tremenda, tanto que le dolió mucho más que antes, aunque esta vez no llegó a perder el conocimiento. Notó que toda su fuerza le salía por su hombría, y cuando ya no le quedaba nada más, sintió que ella lo lamía con suavidad. Y le pareció que le daba un beso suave y largo. Le recorrió la herida con la punta de lo que sería su lengua y comprendió, para su tranquilidad, que era sólo un rasguño. Luego lo miró de una forma en que a él le pareció que le sonreía y le reconoció el cuerpo con aquella extremidad enguantada desde lo que había succionado hasta el cuello, haciéndole una caricia que él disfrutó y que le hizo ronronear como si fuese su gato, el gato de la alienígena. Entonces ella lo cubrió con aquella tela tan basta y le dijo algo en aquella lengua tan silbante que usaban los alienígenas, pero con mucha suavidad. Luego le dio un golpecito en el vientre como el que se le da a un perrito al que se quiere, y se fue.

Ahora el hombre comenzó a acariciar la esperanza de que la marciana se lo pudiera quedar como mascota, ya que parecía que sí que le gustaba. En ese caso ¿por qué lo seguía engordando? Aunque en realidad lo estaba cuidando..., bueno, él no sabía con seguridad. Lo que estuvieran haciendo con él sus dueños estaría bien.

12 El precio de la esclavitud. English Esperanto

Sus dueños. Hacía tan solo unos días se habría odiado por decir esas palabras, e incluso habría despreciado a quienes se las dijeran. ¿Tiene amo quien había luchado toda su vida por ser libre, independiente, el que había discutido con todos sus jefes e incluso se había ido de más de un trabajo porque no le gustaba que le mandaran?

Y sin embargo la vida era tan bonita, era tan bello vivir que habría hecho lo que fuera por vivir más tiempo. Sí, haría todo lo que sus dueños le insinuaran para seguir vivo. Se imaginó luchando a muerte con quien fuera para tener la posibilidad de vivir un poco más. Haría los actos más repugnantes con tal de prolongar su vida algo más. Sí, asumiría que el planeta Tierra ya no les pertenecía a los de su raza, la humana, seguramente sus nuevos dueños la llamarían de otra manera. Toda la vida había oído lo de el precio de la liberad, el famoso grito de libertad o muerte. Pero cuando lo único que te ofrecen es la muerte, quizá puedas comprar tu vida con tu libertad. Renunciando a lo que quieres hacer, porque lo que más quieres es seguir vivo. Y si para eso tienes que dejar de cuestionar todo y someterte, ese es el precio que pagas para ser esclavo, el precio de tu esclavitud. Otra cosa es que alguien la quisiera. De momento no sabía qué hacía allí, en aquel habitáculo. A los caballos a veces se les domesticaba manteniéndoles encerrados en un recinto muy pequeño y dosificándoles luego el grado de libertad, siempre con un jinete encima. Quizá el método de los alienígenas fuese algo parecido. O quizá lo estuviesen engordando, sin más, para sacrificarlo y comérselo, como él se había temido desde el primer momento.

No le habían puesto ropa porque a los animales no se les viste, nunca se les había vestido y no iban a empezar a hacerlo los alienígenas ahora. Quizá aquella marciana a la que tanto le gustaba le pondría un peto de lana como aquellos que la gente les ponía a sus perritos en invierno.

Pero él no podría ser el perrito de esa marciana porque ella era más pequeña que él. Podría ser su caballo. La llevaría en su grupa, o a hombros, a donde ella le dijera.

Se rio de pronto: el ya había elegido a su dueña, pero eran los dueños los que elegían, no sus mascotas. Si usaban dinero, el marciano que lo poseyera tendría que comprarlo o pujar por él. Si no usaban dinero, tendría que pedirlo o hacer que los demás le reconocieran su propiedad sobre él. Ella no lo había capturado: había sido aquel otro marciano verde que había visto cuando lo sacó de su coche a tirones. Se lo tendría que pedir o comprar.

O quizá ya lo había hecho. No le constaba. Los perros, los loros, los gatos..,. No saben que cambian de dueño cuando su amo los vende o los regala: dejan de verlo y comienzan a ver al nuevo dueño o dueña. Este les puede conservar su nombre o ponerles otro nuevo. ¿Le pondría su dueño un collar con su nombre? ¿O sería un cascabel?

Por otra parte, a los caballos y sobre todo a las reses se les marca el nombre o el símbolo de su dueño a fuego en una parte de su cuerpo. ¿Le harían eso a él? ¿Sería eso lo que su dueña le había hecho y por eso le dolía?

Pero no..., no podía comprender por qué no se podía mover en absoluto y sin embargo lo podía sentir todo. Si no podia mover sus extremidades ni su cuello, ¿por qué podía sentir el tacto de la marciana, su caricia (aunque para ella fuera una bebida golosa), sobre todo cuando le acarició el vientre y el pecho? ¿Por qué se excitaba tanto?

Y así, elucubrando con estas disquisiciones, se quedó dormido como un niño.

13 La rubia de ojos tristes. English Esperanto

(Continuará)

Bibliografía. English Esperanto

Se encontrará siempre la lista actualizada de mis obras en mi página web, Obra completa. No obstante, os recuerdo las narraciones que hemos compartido aquí:
  1. Un cuento infantil, o El soldado y la bruja: tiene dos partes, una para niños y la segunda para adultos. Escribí el cuento para celebrar el Día Internacional del Niño, el 2 de abril de 2012. También creé las versiones esperanta e inglesa de mi narración más corta
  2. El pecado del talibán: un creyente ferviente propicia una lapidación y luego lo lamenta el resto de su vida. No obstante, Dios es compasivo y puede corregir eso..., pero no sin costo.
  3. Amén: Fantasía sobre lo que ocurre después de la muerte.
  4. La psicóloga: el protagonista conoce a una mujer que nadie más puede ver, junto a un árbol en el parque. Cree que se ha vuelto loco, y por eso visita a la psicóloga mejor de de su ciudad, que le soprende de varias maneras. Escribí este cuento en febrero de 2015 en inglés, y luego lo traduje al español y al Esperanto. Si lo prefieres leer en alguno de esos idiomas puedes pulsar los enlaces correspondientes.
  5. Abuelo y nieto: Se me ocurrió la idea central de este libro cuando nació mi nieto, y por eso se lo dico a él. No obstante, no hay nada biográfico en este relato. Es un libro muy breve, de apenas cuarenta páginas en tamaño A5, y el argumento trata de la literatura como puente que une al abuelo y al nieto. En opinión de los lectores el cuento es divertido, y nadie se ha quejado del tiempo que le han dedicado a leerlo. Como mis otros relatos, se puede leer gratuitamente y sin resumir en su versión esperanta.La publiqué en esta web el 15 de agosto de 2016.
  6. El año que fui mujer . Un anciano se convierte en mujer joven. Es mi primera novela escrita originalmente en inglés Ahora se puede leer en Esperanto. Publicada en versión digital en Amazon en inglés, y luego en español. Pero aquí se puede leer en Esperanto.
  7. La Cronista, o Los amos del tiempo: un maestro nacional jubilado decide dar la vuelta al mundo. En Chennai (también llamada Madrás), India, encuentra a una muchacha extraña: una viajera del tiempo que le explica su mundo. Durante más de 400 páginas compartimos las aventuras de Indalecio y Vanessa en el pasado y el futuro. hasta que finalmente asistimos a la transgresión de la materia, que da lugar a la trilogía: Transgresión, de la que este libro es el primer volumen, al que siguen Tricronía y Los desterrados, en que los protagonistas adoptan papeles menos importantes, y aparecen nuevos protagonistas, para nuestra diversión.
  8. El libro de las crónicas angélicas y las anécdotas diabólicas. Veintiún cuentos en que ángeles o demonios adoptan papeles de diversa imporancia. Tres de los cuentos son de mis compañeros Ann Lake, Gema Gimeno y Jack Crane. Este libro fue El Libro del año hasta el 31 de diciembre de 2018.
  9. La Federación. Historia del futuro desde un punto de vista extraordinario.
  10. Umú, la hetaira de ébano. Una niña escapa de una realidad horrible para caer en otra algo menos horrible...




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