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Cuéntotelo.Jesús Ángel.

El proxeneta feliz.

Este es el tercer volumen de la Trilogía de la prostitución, iniciada con El putero y continuada con Umú, la hetaira de ébano, que ya está publicada en su versión inglesa (Oumou, the Ebony Hetaera), sin que tengamos aún fecha de publicación en español. La tercera parte está en progreso, y aparecerá en versión bilingüe, si bien tampoco tenemos fecha de entrega. Hemos escrito sólo dos capítulos, siendo uno de ellos la introducción. Os presentamos el fragmento final de la misma, haciendo la salvedad de que tampoco esta será la portada definitiva.



Introducción

[...] El papel del proxeneta, en cambio, no está tan bien visto como el de las putas. Ellas, al fin y al cabo, cumplen con una labor social importante, y los machos de todos los estamentos sociales, desde el del gobierno hasta el último mendigo de cada país, han pasado por sus manos. Por eso a pesar de todas las leyes que las han perseguido desde que el mundo es mundo, nadie ha conseguido erradicar este oficio, que no en vano es el más antiguo del mundo. Pero ¿el proxeneta…, qué? ¿Qué pinta en este negocio? ¿Es su papel importante, inexcusable, necesario?

Consideremos antes que nada el nombre tan curioso de nuestra profesión, proxeneta, de una forma más culta, para saber de qué estamos hablando. Nuestro Diccionario de la Real Academia Española, usualmente conocidodo como DRAE, da esta definición: proxeneta: (Del lat. proxenēta, y este del gr. προξενητής): 1. com. Persona que obtiene beneficios de la prostitución de otra persona. Un cero para los académicos de lo de la lengua: no se han enterado de nada. Es posible que tampoco se hayan ido de putas nunca. Pobrecillos.

Más sugerente es la del diccionario Wordreference, que encontramos en internet: proxeneta: com. Persona que induce a la prostitución y vive de las ganancias de una prostituta. 'proxeneta' aparece también en las siguientes entradas: cabrón - cafiche - proxenetismo.

Pero aunque algo más jocosa, esta definición no es exacta. Me gusta más lo que dice el diccionario Suda: es una palabra que consta de dos: pro y xenos, que significan respectivamente delante y extranjero. O sea, que es el que va delante de los extranjeros, y su significado primero fue corredor de mercadería antes de que se considerase al anfitrión que tenía como una de sus funciones ayudar a los recién llegados a la ciudad a encontrar damas. Dicho diccionario menciona que la palabra clave es próksenos, que tiene tres significados: 1 el extranjero que acaba de llegar a  una ciudad, 2 el que tiene como misión acoger a los extranjeros que acaban de llegar a la ciudad, y 3 patrón o protector. Todo esto en griego clásico, claro, porque en el moderno proksenos significa cónsul, proksenió es la mediación para casarse (alcahuetería, supongo), y proksenitis es el que media para que dos se casen, el alcahuete. O sea, que la Celestina fue una ilustre predecesora de los que vivimos de esta profesión.

Reconozco que a mí la parte que más me gusta de mi profesión es la de la tercera acepción, la de protector, porque mis chicas lo pasarían muy mal si yo no las protegiera.

Sí, qué vamos a hacerle: vivimos en un mundo cruel, falócrata y machista, por muchos barnices zapateriles y modernos que le queramos poner a la cosa: cuando a una mujer le dan una bofetada le viene muy bien tener a un hombre que se parta la cara por ella. Pero no es sólo de la violencia física de lo que hay que proteger a las chicas, sino sobre todo de sí mismas. ¿Qué hacer cuando tienen una crisis  de autoestima? ¿Qué hacer cuando se sienten inferiores a las mujeres decentes  que viven con sus parejas, sean maridos o no, o con sus hijos, o con sus padres? Naturalmente, he visto a chicas que llevan una doble vida, que son virtuosas trabajadoras de día y putas por la noche.., esas mujeres que cuando te crees que te las has ligado te dicen de pronto que Son cien euros y la cama la pones tú; o esas decentes amas de casa, esposas intachables que a ciertas horas del día, cuando se supone que están haciendo sus labores, se visten adecuadamente y van a ver a sus clientes a domicilio y les hacen ver lo que sus parejas habituales no consiguen…, por un precio justo. Esas en teoría no necesitan protección, pues las protege el anonimato y su otra vida, pero en realidad algo no les marcha bien dentro, y o bien se lo acaban dejando, a pesar de sus enormes ganancias, o se buscan a un elemento como yo, que les da la necesaria paz interior y autoestima, como ningún psicólogo o confesor conseguiría, dado que lo primero que les dicen esos profesionales del alma es que se lo dejen. Yo no. Yo les digo que no se lo dejen, que el mundo es una mierda, y que gracias a mujeres como ellas no es todavía peor. Que su labor social es encomiable y sacrificada.., y además está libre de impuestos. Se ríen mucho conmigo mis chicas, sí, pero lo que más les gusta es que siempre tengo razón. No porque yo sea dios, que si lo soy aún no me he enterado, sino porque me pienso mucho las cosas que digo, y siempre estoy pronto a cambiar de opinión, si los argumentos que me dicen me convencen.



Espero que te hayan gustado este fragmento.  Está escrito en un tono más festivo que los dos volúmenes anteriores en la trilogía, pero de todas formas con un gran respeto para las personas implicadas en este mundo. Es, al igual que los otros dos, un libro para pensar, no para disfrutar. Si te interesa, podrás comprar este libro dentro de unos meses. Para entonces espero que me hagas llegar tus impresiones sobre el mismo a mi email o a mi blog.


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