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Portada de Fábrica de cuentos: Los cuentos fantásticos.Jesús Ángel.

Fábrica de cuentos, quinto volumen: Cuentos fantásticos.

En esta quinta parte de nuestra antología del cuento en diez volúmenes nos sumergimos en el mundo de la fantasía con doce cuentos de doce autores diferentes. Viviremos los mundos de las hadas, de los sueños y de la magia que hay en cada uno de los actos que vemos cada día y que descubriríamos con sólo mirarlos de un modo diferente, como hacen nuestros autores. Porque la fantasía está en cada uno de nosotros, al igual que la felicidad y la bondad. Sólo tenemos que buscarla y sacarla de dentro, como hacen estos escritores, cada uno a su aire.

Este es el el índice:


Índice
Introducción.
  1. ¿Tienen alas las hadas?
    1. Mi muerte.
    2. Andrés.
    3. Esencia de hada.
  2. Los Elementos.
  3. Reparación.
  4. Alas de lección.
  5. Magia y amor.
  6. Lily.
  7. Las sandalias de San Pedro:
    1. Colonia Subacuática.
    2. Colonia de Superficie.
    3. Colonia Aérea.
  8. Ecos del Canto Primigenio.
  9. Aroma letal.
  10. El día que Paloma ascendió.
  11. Para el pequeño Ricardo.
  12. Elegidos.


¿Tienen alas las hadas?
por Jesús Ángel

Hadas con alas, hadas sin alas, pero siempre hadas. Las hadas son mujeres hechas de aire que a duras penas las puedes ver. Son la antítesis de las brujas, que son gordas, sebáceas, repugnantes, con granos en la nariz y aliento fétido. Las hadas huelen a rosas, a veces a violetas, y raramente a menta.

Una de estas con olor a menta, ojos verdes y pelo blanco me visitó el mes pasado. Me dijo que todo me iba a ir bien desde ahora, porque ella ya se ocupaba de mí. Y entonces me desperté. Lástima. Era tan bonito que tenía que ser un sueño.

Lo malo es que yo soy un hombre obtuso, tenaz y orgulloso. De esos que nunca hacen promesas, pero que si alguna vez se les ocurre hacer alguna, son capaces de parar el mundo e invertir su marcha para que se cumpla lo prometido. Porque lo prometido es deuda y un hombre paga las deudas. Por eso espero lo mismo de los demás: a un hombre se le pagan las deudas. Así que ese sueño se me debía. Y la busqué por todas partes. Por arriba y por abajo. Indagué y me dijeron que el País de las Hadas estaba lejos, muy lejos, pero nadie sabía en qué dirección estaba. Yo le pregunté a Google Maps, y me dijo que estaba lejos, pero cuando estaba calculando la distancia se me colgó el ordenador y me quedé sin enterarme a qué distancia estaba. Eso me mosqueó mucho.

La noche siguiente me visitó de nuevo. No le vi las alas, pero debía tenerlas, porque la vi posarse en el centro de mi habitación. Creía que dormía, y se me acercó y me besó en la frente.

—Para que no tengas malos pensamientos—, me dijo.

Respiró dos veces, me tiró un poco de su polvo mágico soplando desde su mano y se fue de nuevo volando.

Pero ella ya no respondió. Sólo el ulular del viento, puede que en mi imaginación, el viento y nada más.

Me toqué la frente: estaba caliente. Y yo me sentí diferente. Mi hada tenía alas amarillas..., o no las tenía, pero volaba. Mi hada tenía medio metro de altura, pero era muy bonita. De pelo rubio platino (o sea, blanco brillante) con mechas grises. Y un traje vaporoso que no dejaba ver nada.

Y ya no soñé con ella hasta seis días más tarde.

Intrigado, me bajé de la cama y me dirigí a ella, aunque me sorprendió ver que mi cuerpo se quedaba allí, tumbado en el lecho, durmiendo plácidamente, con un suave ronquido, yo que no ronco nunca, mientras sonreía de felicidad. Me volví hacia mi hada, que no tenía alas a la vista, pero sí una sonrisa mágica mientras acoplaba su tamaño al mío, mis humildes ciento sesenta centímetros de estatura. De eso sí que me di cuenta.

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